El Gobierno de la Ciudad ha puesto en marcha un plan de recuperación de espacios verdes, que incluye a los tres grandes pulmones que posee el barrio: los parques General Paz, Saavedra y Sarmiento. Algunas medidas son cuestionables, como la intervención del lago artificial, la colocación de enrejados y la instalación de bares.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

En la edición del mes pasado reseñamos algunas contradicciones entre los discursos que dio el Jefe de Gobierno de la Ciudad sobre la puesta en valor y recuperación de espacios verdes urbanos y la realidad de lo que se ha hecho al respecto en estos últimos tiempos.
En esta oportunidad, nos referiremos a los tres grandes parques que posee el barrio de Saavedra, afectados por algunos proyectos que son controvertidos. Siempre debemos tener en cuenta que en muchos casos las grandes intervenciones ponen en riesgo la identidad del lugar.
Los parques General Paz, Saavedra y Sarmiento no sólo son los lugares de esparcimiento y recreación más importantes que tienen los vecinos y visitantes del barrio, sino que también actúan como pulmones que permiten la oxigenación de este sector de la ciudad. Los vecinos quieren evitar cualquier medida que provoque la reducción de los espacios verdes, para de esa manera impedir toda alteración que perjudique al barrio. Ya se han comenzado a tomar medidas cuestionables y, más allá de que algunas parecen ser favorables, otras no lo son tanto. Es por eso que se realizaron denuncias al respecto; sin duda, la voz de los vecinos debe ser escuchada.
Empecemos por mencionar que el Gobierno de la Ciudad, en diciembre del año pasado, activó el plan para poner en valor las ocho hectáreas que ocupa el Parque General Paz, ubicado en las inmediaciones del Museo Saavedra. Ante esto los ambientalistas denuncian que la intervención del lago artificial es perjudicial al ecosistema y afirman que el nuevo método de bombeo y reciclado del agua afectará a las aves que conviven allí. El ejecutivo porteño, contrariamente, asegura que esta medida evitará que las aguas puedan estancarse. El método consiste en salidas a través de eyectores y bocas de absorción, generando un reciclado constante, algo muy necesario para evitar que el lago se transforme en un pantano.
La postura oficial, además, manifiesta que se favorecerá a las especies del lugar, impidiendo su contaminación, y evitará la aparición de distintos insectos trasmisores de enfermedades. Para el embellecimiento del parque se han incorporado decks de madera y reposeras, además de los arreglos en el puente que atraviesa el lago.
Ahora bien, sabemos que es importante la puesta en valor del lugar, la recuperación del espejo de agua y cada rincón del parque, pero la transformación tiene que ser de tal forma que no altere la identidad del lugar ni la pérdida de los espacios verdes que tanta falta hacen.

El conflictivo Parque Sarmiento
El Parque Presidente Sarmiento, ubicado en Av. Balbín 4750, ha pasado por diferentes avatares desde sus orígenes. Alguna vez fue designado para el traslado del zoológico porteño, de allí que se lo bautizara con el nombre del prócer Domingo Faustino Sarmiento, creador del Zoo de Buenos Aires.
Después de largos años en que este predio fue tierra de nadie, el último gobierno militar determinó en los 80 que en el parque se creara un polideportivo, que fue concesionado para su uso. Esta mega-obra de infraestructura, con piscinas, un gran lago, canchas de vóley, básquet, fútbol y una importante pista de atletismo, además de parrillas, no tuvo éxito: el principal problema fue su difícil mantenimiento.
No muchos años después de su inauguración, en 1984, las instalaciones comenzaron a deteriorarse y cayeron en el abandono total. Durante prácticamente una década el predio quedó desamparado, arrasado y vandalizado. En varias ocasiones se lo utilizó para albergar conciertos, espectáculos de rock y actividades, que poco tienen que ver con la función deportiva y de recreación para la cual se había proyectado.
Los vecinos aledaños al parque siempre se opusieron a este tipo de eventos y, con su ímpetu de lucha, también pudieron frenar la construcción de un estadio de rugby en la pista de atletismo, que no era más que un negocio para unos pocos. Actualmente, la mayor parte del predio está concesionada, como por ejemplo el driving de golf, lo que va en detrimento del carácter público del lugar.

Así quedó la pista de atletismo luego de la serie entre Argentina e Italia.

A principios de este año, como un capricho político, se terminó cediendo la pista de atletismo para la instalación de un estadio desmontable donde se disputó la Copa Davis el primer fin de semana de febrero. Habiendo otros predios disponibles, como el Buenos Aires Lawn Tenis Club, pareció antojadizo utilizar parte del Parque Sarmiento para tal evento. Algunos vecinos piensan que estas medidas reactivan la zona y no hay duda al respecto, pero el problema es otro: la pérdida de lo público se va acrecentando en la ciudad y cada vez son más los lugares donde el ciudadano tiene que pagar para utilizar los servicios. El estadio fue instalado, a pesar del descontento de muchos vecinos, y en especial de aquellos deportistas que usaban la pista de atletismo para entrenar. También, hay que decirlo, están los que ven el beneficio comercial para los negocios del barrio.

Más y más cemento
Es poco entendible el criterio de la puesta en valor de parques y plazas porteños que está ejecutando el Gobierno de la Ciudad cuando no se toman en cuenta siquiera las alteraciones y afección del valor patrimonial de estos lugares. Pero a esto hay que sumarle algo que es también grave: nos referimos, específicamente, a la pérdida de metros cuadrados de espacios verdes porteños que, como ya mencionamos, este último año fue alarmante. Por ejemplo en la Plaza Castelli, en nuestro querido barrio de Belgrano R, en estos meses se ha agrandado un playón ya existente y se está construyendo otro donde se proyecta una canchita de fútbol-tenis.
Ahora bien, volviendo al eje de la nota, al ver las propuestas oficiales para el Parque Saavedra nos daremos cuenta de que el Gobierno porteño no asimiló la pérdida de 26 hectáreas de áreas verdes que en el último año desaparecieron de la faz porteña. La puesta en valor y remodelación de este pulmón del barrio incluye dos incorporaciones, que sin dudas afectarán al lugar. En primer término, se piensa colocar un enrejado que circunde todo el predio, algo que los vecinos resisten férreamente ya que las rejas, además de afear, pueden actuar como barrera y ser muy perjudiciales a la hora de la llegada de grandes lluvias.
El segundo tema es aquel viejo capricho de colocar bares a toda costa, restándole una gran cantidad de superficies verdes a los parques. Recordemos que los asambleístas del Parque Chacabuco lograron torcer el brazo del jefe comunal y evitaron que se interviniera ese emblemático pulmón verde con una idea similar.
Debemos entender que, tanto para las áreas verdes de Saavedra como para las del resto de la ciudad no se pueden restar más metros cuadrados, por lo que antes de realizar cualquier intervención se debe contemplar esta problemática. Incluso cuando se hable de parquizar otras zonas de la metrópoli, no debe tomarse al azar. No sólo se debe incrementar la superficie verde urbana sino también lograr un equilibrio de estos espacios en cada barrio.

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