Juan Kronfuss fue un destacado arquitecto e ingeniero oriundo de Budapest que llegó a nuestro país a principios del siglo XX y dejó un importante número de obras, principalmente en las ciudades de Córdoba y Buenos Aires. Cerca del límite de Villa Urquiza y Villa Ortúzar, en Freire 1735, encontramos una construcción de su autoría.

Por el Arq. Jorge Luchetti
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Entre fines del siglo XIX y principios del XX, un gran número de profesionales de la construcción llegó a nuestro país en busca de trabajo. Arquitectos, ingenieros y constructores de toda Europa se encargarían de dar a la Argentina una imagen de Nación pujante y consolidada a través de los edificios. Es así que el legado que aún subsiste, principalmente en ciudades como Buenos Aires, Rosario y Córdoba, muestra ese carácter europeo que prácticamente ningún país latinoamericano tiene.
En sus inicios, la mayor influencia estuvo dada por la arquitectura que conocemos como italianizante (academicismo italiano), aunque después se impuso la moda de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, también denominada “Beaux Arts de París” (academicismo francés), de allí el carácter afrancesado que conserva la ciudad. Ya en la primera década del siglo XX, empezaron a surgir nuevas tendencias opositoras llamadas antiacadémicas, que hicieron virar el rumbo de muchos profesionales que hasta ese momento seguían los cánones de la arquitectura francesa.
La camada de arquitectos que llegó al país por aquellos años principalmente fue de origen francés, italiano, inglés y alemán; todos dejaron una producción arquitectónica muy singular para nuestra ciudad. Pero no fueron los únicos porque -aunque en menor escala- también arribaron suizos, austríacos e incluso húngaros.
Por caso, en alguna oportunidad hemos hablado de los hermanos Kalnay, Andrés y Jorge, oriundos de Hungría, que impregnaron su influencia modernista en Buenos Aires en obras como la Cervecería Munich y el edificio del ex diario Crítica. También en Villa Urquiza dejaron su marca, donde construyeron un conjunto muy particular de cinco departamentos en el encuentro de las calles Bauness, Tomás Le Bretón y Triunvirato. Cuatro de ellos se conservan en buen estado, mientras que el restante fue totalmente modificado, rompiendo con la armonía urbana y el equilibrio edilicio que tenía ese recodo barrial.

En los años 30 los hermanos Andrés y Jorge Kalnay, oriundos de Hungría como Kronfuss, construyeron un conjunto de cinco chalets en el predio delimitado por las calles Le Bretón, Bauness y Triunvirato.

Un húngaro suelto en Córdoba
Contemporáneo y también coterráneo de los hermanos Kalnay, en 1900 llegó al puerto de Buenos Aires Juan Kronfuss, nacido en Budapest en 1872, a quien se lo conoce como el primer arquitecto húngaro de la Argentina. Se había formado en el Politécnico de Budapest, para luego perfeccionarse en la Real Facultad de Ciencias Técnicas de Munich, donde se le otorgó el título de Ingeniero. Ese mismo año, 1897, también adquirió con méritos el título de arquitecto y, como si fuera poco, estudió pintura, grabado y escultura, lo que muestra su verdadera vocación artística.
Kronfuss se formó dentro del cisma académico, en la Alemania de finales del siglo XIX, pero luego recibió el influjo del antiacademicismo que se venía gestando en toda Europa. Dejó en el viejo continente un gran número de importantes obras, como el hotel Astoria en San Petersburgo, Rusia, el hotel Imperial en Karlsbad, Alemania, y la sinagoga de Bamberg, en ese mismo país, entre otras.
En 1915 se instaló en la ciudad de Córdoba, donde se dedicó a la docencia y además trabajó como arquitecto en las obras públicas de la provincia, incluso llegando a obtener el cargo de Director General del Municipio en ese rubro. Por otra parte llevó a cabo, a través de croquis, acuarelas y dibujos, un intenso análisis y relevamiento de la arquitectura colonial, no sólo de la provincia de Córdoba sino también de provincias como Buenos Aires, Salta y Jujuy.
Considerado el mayor recopilador de la arquitectura colonial en nuestro país, además realizó varios escritos sobre monumentos funerarios, creando un catálogo en el año 1927 sobre ese tema. En cuanto a su producción arquitectónica en Córdoba, vale destacar el singular trabajo de estilo colonial realizado en el casco de estancia El Cortijo, en la ciudad de Jesús María, donde también edificó con los mismos lineamientos estilísticos la capilla Nuestra Señora de la Misericordia, ubicada dentro del Hospital Vicente Agüero.
Además del proyecto para el Museo de Ciencias Naturales Emilio Caraffa, cabe destacar su labor en el Primer Barrio Obrero (1925) y el Hospital de Clínicas de Córdoba (1919). Finalmente, previo a alejarse de este mundo en 1944, recibió un importante reconocimiento por parte de la Sociedad Central de Arquitectos, que lo nombró socio vitalicio y honorario.

Una de las obras más importantes que realizó Kronfuss fue el Hotel de Inmigrantes, ubicado en las inmediaciones del puerto, que se terminó de construir en 1911.

Su legado en Buenos Aires
Más allá del gran legado que dejó en Córdoba, en su paso por la ciudad de Buenos Aires también ha quedado su sello arquitectónico. Una de las obras más relevantes que realizó fue el Hotel de Inmigrantes, que surgió ante la necesidad de alojar a un sinnúmero de extranjeros que arribaron al país en busca de una oportunidad en la vida. El edificio, ubicado en las inmediaciones del puerto, se terminó de construir en 1911, con tres plantas proyectadas de manera higienista. Constaba de una blancura de tipo hospitalario, dada por los azulejos blancos que cubrían las paredes interiores, además de que estaba preparado para una fácil limpieza.
El pabellón ocupaba prácticamente una cuadra de largo, con poco menos de 30 metros de ancho. En el terreno también había un importante desembarcadero, una sucursal del Banco Nación y un hospital exclusivo para los inmigrantes, que tenían un tiempo estipulado para ocupar el hotel: una vez que conseguían trabajo, pasaban a alojarse en algún conventillo o vivienda de la ciudad.
Otra de las obras relevantes de Kronfuss es el Edificio Staudt (1914), ubicado en la calle Bernardo de Irigoyen 330. De líneas modernas, se mezcla con elementos clásicos como las pilastras sobre las que se apoyan singulares esculturas. Más entrado el siglo, en 1940, también se destaca el imponente Edificio Lipsia, situado en la esquina de Av. Corrientes y 25 de Mayo.

Belgrano R a la húngara
En el límite entre Villa Urquiza, Villa Ortúzar y Belgrano R se encuentra la residencia de la calle Freire 1735, construida en 1913, que actualmente pasó a ser una sede de la Iglesia Húngara Reformada (foto de portada). El edificio, retirado de la línea municipal, guarda una relación con el entorno y tiene un aire señorial. Se distingue una escalinata de acceso que jerarquiza la planta principal, además de los detalles decorativos del frente, los cuales son austeros. También hay un ventanal de tipo bay window y en el piso superior, un balcón cubierto que embellece al edifico. Prácticamente pegada, una construcción en torre ensombrece el lugar.
En el mismo barrio también construyó las viviendas de las calles Enrique Martínez 1925/31 (1928) y Conesa 1965. Si bien no fue abundante lo que nos ha dejado en nuestra zona, vale la pena destacar su trayectoria y el carácter singular de su obra.

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