Belgrano “R” se ve amenazado por la construcción de una empresa multinacional de origen belga. De concretarse, generaría un cambio en el paisaje urbano rompiendo con la armonía edilicia de la zona y provocaría un impacto ambiental negativo. Este tipo de edificaciones va en contra de las normativas vigentes. Preocupación vecinal.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

En más de una oportunidad hemos hecho referencia al poco respeto y a la facilidad con que los porteños rompemos las reglas, subestimando las leyes que nosotros mismos promulgamos. No es una casualidad que esto no suceda cuando viajamos a otros países, incluso cuando cruzamos el charco y llegamos a nuestro vecino Uruguay; ahí cambiamos de actitud porque sabemos que si no respetamos alguna de las normas del país limítrofe, la sanción sería muy dura.
En nuestra ciudad aplicamos el “vale todo”. La mayoría de los ciudadanos no cumple con los horarios para quitar la basura o ignora las rampas para discapacitados y las salidas de garaje. En definitiva, no nos respetamos entre nosotros. Pero esta crítica no es solamente al ciudadano de a pie: el mal ejemplo viene desde arriba, ya que son nuestras autoridades quienes, por omisión o complicidad, no cumplen con las leyes vigentes.
Este preámbulo puede parecer desmesurado y algo pesimista, pero las consecuencias están a la vista. Vivimos en una ciudad desordenada, donde el caos por momentos se hace insoportable. Por otro lado, el ejecutivo porteño muchas veces hace lo del avestruz y esconde la cabeza cuando la cuestión económica se torna interesante para algunos privados. Así se violan las normas del código edilicio, como por ejemplo las alturas permitidas, la ocupación de los espacios públicos o pulmones de manzana, entre otras. Por supuesto que no podemos poner a todos dentro de una misma bolsa. Muchos vecinos de Buenos Aires bregan cada día por lograr una ciudad mejor, principalmente cumpliendo y haciendo cumplir las reglas establecidas.
Todo esto viene a cuento, ya que en estos días nuestro querido barrio de Belgrano “R” se ve amenazado con la construcción de una fábrica, la cual provocaría no sólo un cambio en el paisaje urbano de la zona, rompiendo con la armonía edilicia, sino también un impacto ambiental negativo. Sabemos que en las zonas residenciales no sólo se restringen las construcciones en alto en varios sectores, sino que además se limita el tipo de comercio a habilitar e incluso las superficies a ocupar. Esto no es un mero capricho: se hace imprescindible para los vecinos mantener las costumbres de la vida cotidiana y la fuerte identidad que tiene el lugar.
Alguna vez hablamos de la ciudad jardín, la cual se gestó en la Inglaterra de finales del siglo XIX, creada precisamente para separar las zonas residenciales de los centros urbanos y zonas fabriles, que en muchos casos eran lugares degradados por la contaminación y la especulación inmobiliaria. De allí que en los barrios periféricos se trataba de definir un espacio urbano residencial libre de contaminación, con importantes áreas verdes y altos arbolados. De esta forma la idea de barrio jardín se trasladó a nuestra ciudad, lo que permitió la creación de Barrio Parque (más conocido como Palermo Chico), Belgrano R y otros lugares de la Capital Federal, donde el verde y los cielos despejados son los referentes más importantes.

Un barrio, un vergel
Pasada la mitad del siglo XIX, se empezó a construir el tendido ferroviario que uniría en un principio Buenos Aires con Campana, para luego extenderse hasta la ciudad de Rosario. El recorrido atravesaba el predio que ocupaba el antiguo Circo de las Carreras -primer hipódromo porteño- que pertenecía al pueblo de Belgrano, instalándose en sus inmediaciones la estación del ferrocarril. La llegada del tren dio paso a que se lotearan los terrenos del ex circo y algunas tierras aledañas cedidas por la empresa de gas para el alumbrado público. Esto dio origen a un nuevo barrio, que en sus inicios contaba con unas treinta manzanas.
El nombre de fue determinado por el propio Ferrocarril, ya que en un momento se hizo necesario distinguir las estaciones de los dos consorcios que cruzaban Belgrano: el Ferrocarril de Buenos Aires a Rosario, ocupando las tierras altas del oeste, y el Ferrocarril Central Argentino, que pasaba por la zona baja, bordeando la costa del Río de la Plata. Para diferenciar la nomenclatura de estas dos estaciones se les asignó una letra representativa: es por eso que Belgrano “C” hace referencia a su llegada a Córdoba, mientras que Belgrano “R” debe su letra característica a la ciudad de Rosario. Esta diferenciación ocurrió con otras estaciones de estos ramales, por ejemplo las estaciones San Isidro, San Fernando, Tigre y Bancalari, a las cuales se diferenciaban con las letras “C” y “R” para cada recorrido.
Este sub-barrio se forjó con trabajadores del ferrocarril, muchos de ellos inmigrantes sajones y germanos, que le dieron una forma e identidad particulares. A partir de allí comienza a determinarse el carácter del vecindario. Sus amplias calles, con frondosos árboles, fueron pobladas por numerosas casonas señoriales de estilo europeo, con majestuosos jardines, tomando en cuenta la calidad de vida de sus habitantes. Con el correr de los años, todo ello fue configurando el espíritu de Belgrano “R”, que siempre ostentó características distintivas con respecto a otras zonas de la ciudad.

Belgrano “R”, en alerta
Tanto Belgrano R como otros barrios han tenido que soportar -principalmente entre las décadas del 70 y 80- arbitrariedades y excepciones al Código de Edificación, que desfiguraron el perfil de Buenos Aires. En muchos ocasiones la invasión de cemento y vidrio, con las nuevas construcciones en altura, desgarraron la impronta original de la ciudad.
Cuando uno sale a caminar por este rincón de Belgrano, que en algún punto se funde con Villa Urquiza, Villa Ortúzar y Coghlan, donde abundan el verde y la teja roja, de repente nos topamos con torres que afectan a la vista y logran desmembrar la linealidad del lugar. Así sucede, por ejemplo, con las altas edificaciones ubicadas en Conde entre La Pampa y Sucre. Además recordemos que, poco después de la aprobación del Código de Edificación en los años 80, se produjo la demolición de una de las tantas casonas características del barrio de Belgrano “R”, situada en la esquina de Melián y Juramento, para dar lugar a un edificio de planta baja y cinco pisos, el cual había obtenido un permiso de excepción del Gobierno municipal, por entonces a cargo del Brigadier Osvaldo Cacciatore.
La construcción, que tenía como finalidad albergar a familias de militares de alto rango, generó un amplio rechazo de los vecinos, quienes presentaron sus quejas correspondientes al propio Intendente, solicitando no dar pie a esta excepción. Sin embargo, los reclamos solamente lograron bajar un poco la altura de la nueva construcción. A partir de esta importante determinación de intervención ciudadana, los vecinos tomaron conciencia del sentido de pertenencia e identidad que tiene el barrio. En octubre de 1981 surgió la Sociedad de Fomento de Belgrano “R”, que al año siguiente elevó a la Municipalidad un proyecto destinado a obtener una regulación específica de planeamiento del barrio.
La presentación había sido ejecutada por arquitectos pertenecientes a la mencionada entidad, quienes realizaron un relevamiento integral del barrio de acuerdo con pautas previamente consensuadas con los vecinos. En definitiva, el proyecto fue puesto a consideración del Intendente Municipal y del Consejo de Planeamiento Urbano. Como resultado, se aprobó una ordenanza de la Ciudad de Buenos Aires por la cual el barrio de Belgrano “R” quedó determinado como Distrito U28. Esto establece, principalmente, importantes prohibiciones, tanto en superficies edificables como en el destino de las construcciones.
Sin embargo, en los últimos días una noticia revolucionó a los vecinos de la zona: hay indicios fehacientes de que una empresa de capitales internacionales intenta construir una fábrica de 2.000 metros cuadrados en Virrey del Pino 4050 (N. de la R.: Dedicada a la elaboración de pan y comida para eventos), pese a que se trata de un barrio residencial con áreas protegidas en las que no se pueden instalar este tipo de emprendimientos. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no obstante, parece haber autorizado a esta firma de origen belga, llamada Le Pain Quotidien (“El pan de cada día”), a realizar la obra basándose en la Ley de Ciudad Productiva, una norma que no puede ser aplicada a los distritos “U”. Las casas linderas se verían afectadas por los ruidos y olores de la fábrica y el barrio por el movimiento de camiones con mercadería, los efluentes y la contaminación.
No permitamos que los poderosos violen nuestra legislación de manera impune. Impidamos la instalación de una fábrica en un barrio protegido. Los beneficios de la comunidad barrial deben estar por sobre los intereses personales.

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