En 1998, en medio de una grave crisis del referato argentino, el juez de línea Diego Michelini respaldó las denuncias de Javier Castrilli contra Jorge Romo, presidente del Colegio de Árbitros de la AFA. Veinte años después de los hechos, el vecino de Núñez revela haber sido el autor de la grabación que demostró la existencia de “recomendaciones” para beneficiar a clubes amigos de Julio Grondona.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Estamos en Crisólogo Larralde y Av. del Libertador. El Club Ciudad de Buenos Aires es el punto de encuentro con Diego Michelini, vecino de Núñez y organizador de torneos de fútbol amateur desde hace casi una década. Ex juez de línea, su nombre trascendió hace más de veinte años en medio de uno de los escándalos más grandes del referato argentino. A fines de 1998 Javier Castrilli, uno de los árbitros más famosos de ese momento, acusó a Jorge Romo, presidente del Colegio de Árbitros de la AFA, de presionar a sus colegas para que cuiden los intereses de los clubes amigos de la casa. No hablaba tanto de River y Boca como de Arsenal, Quilmes, Lanús y Deportivo Armenio.
Mientras la mayoría de sus colegas aceptaba la coerción de Romo, por miedo a sufrir represalias o concretamente perder el trabajo, Michelini fue -junto a Jorge Scazziotta– uno de los pocos jueces que bancó al sheriff. Ambos pagarían con sus carreras la osadía de enfrentar a Julio Humberto Grondona. Scazziotta sufrió amenazas de muerte y se fue a vivir a Bariloche, mientras que Michelini resistió dos años y, al entender que no tenía futuro, renunció a fines de 2000.

-Junto a Jorge Scazziotta, también despedido de AFA, fueron los únicos en bancar la denuncia de Castrilli. ¿Sentías que había una bajada de línea?
-Totalmente. Héctor Baldassi redactó el comunicado que le dio a Julio Humberto Grondona en la mano. Grondona entró al aula de las clases teóricas, cuando la Escuela funcionaba ahí, algo que en mis 13 años en AFA nunca había hecho.

-Presintió que la situación era grave.
-Claro, imaginate si el grueso contaba lo que de verdad pasaba. Lo estaban diciendo, pero puertas adentro. Grondona entró con el papel y dijo: “Hasta que no firmen esta desmentida a las declaraciones de Castrilli yo no me voy. Quiero saber quiénes firman y quiénes no”. Se levantó Marcelo Azpiolea y se opuso: “Los asuntos de los árbitros los tenemos que arreglar entre nosotros y no darlas a conocer a la prensa”. Rafael Furchi dijo: “Yo me abstengo de firmar porque me considero amigo personal del denunciante”.

-Los querían agarrar tiernitos y explicarles cómo eran las cosas…
-Grondona, en otras palabras, les dijo: “Si ustedes no firman esto, olvídense de llegar a Primera”. Firmaron 27 de los 29 y llevaron el papel al cuarto piso, a la oficina de prensa. Al día siguiente salió en todos los diarios que los árbitros desmentían a Castrilli.

-Jaque mate.
-Ahí terminó su carrera. A la semana siguiente, cuando estos 27 habían arreglado una reunión en la Asociación Argentina de Árbitros (AAA) para el viernes a las 19.30, fui a una oficina de detectives y el miércoles conseguí que me alquilaran el micrófono. Me fui a la AAA y, debajo de la mesa donde se iban a reunir todos, lo conecté.

-Entonces era cierta la versión de que vos habías sido el autor de esa grabación.
-Es que no me quedaba otra, porque nadie iba a decir ante los medios lo que pasaba. Grabé todo y lo desgrabé en mi casa. Llevé el casete a las radios Continental, Rivadavia y América. Algunos árbitros reconocieron que se sentían presionados y otro no tanto.

-¿Cómo te sentiste cuando ellos firmaron?
-Entendí que se había terminado mi carrera. Yo entré a la AFA creyendo que era un mundo color de rosas. Primero mutó a rojo, luego a bordó y finalmente fundió a negro.

-Decidiste inmolarte…
-Obvio. No iba a seguir ahí adentro en esas condiciones.

Otros tiempos: Michelini (derecha), juez de línea de Baldassi en un Superclásico en el Monumental.

-¿Te sentías un farsante si aceptabas?
-Totalmente. Al fin de semana siguiente de todo el quilombo, me toca ir como juez de línea a la cancha de Barracas con Alejandro Toia, uno de los firmantes. La gente nos gritaba desde el alambrado “traidores, hijos de puta, lo dejaron en bolas a Castrilli”. Y yo, que fui uno de los que estaba a favor de dar a conocer lo que pasaba, me tuve que comer la palabra traidor. Llegué al vestuario y casi lo cago a trompadas a Toia: “Flaco, mirá la que me tengo que comer por vos, que fuiste uno de los que firmaron”.

Fueron semanas casi de novela policial…
-Sí. Entonces le llevo el casete a Néstor Ibarra, uno de los periodistas que más audiencia tenía en Mitre, y tipo nueve de la mañana pongo el programa. En un momento dice que estaba en comunicación con Juan Bava, uno de los profesores de la Escuela.

-¿Qué le dijo a Néstor Ibarra?
-Ibarra le pasa el audio y le dice que va a escuchar a varios de sus dirigidos en una reunión en la que reconocen lo denunciado por Castrilli. Ponen al aire gran parte de la charla. Termina el audio y se hace un silencio. Néstor Ibarra pregunta: “Bava, ¿está ahí? ¿Qué tiene para decirnos al respecto?”. “Vamos a ver quién fue el traidor que grabó esto. Y antes tenemos que ver si son las voces de los árbitros que usted dice”, responde.

-Se encargó de matar al mensajero…
-Claro, y encima lo decía.

-¿Alguno de tus compañeros se sintió traicionado por vos?
-Nadie supo que fui yo.

-¿Te incomodaría si se supiera ahora?
-Algunos ya lo saben, pero después de años. Si lo decía en esa época, me cagaban a piñas. Lo mantuve en reserva por diez años y, a partir de 2010, algunos se empezaron a enterar. Uno de ellos fue Carlos Coradina, que en un chat de Facebook me dijo que fui muy frontal, pero que para estar en el arbitraje hay que tener más cintura.

-Pese a este conflicto, sobreviviste dos años más.
-Sí, pero mal, esperando la nada… Venía haciendo partidos de Primera, de Nacional B, pero después de todo esto pasé a dirigir la séptima de Cañuelas. El arbitraje era lo que más me apasionaba. Después seguí dirigiendo fútbol amateur un montón de tiempo, hasta 2009.

-Supongo que muchos pensaban como vos, pero temían perder el trabajo.
-Obviamente. Muchos de los que firmaron no tenían otro trabajo. Por suerte yo en esa época tenía un muy buen laburo, haciendo publicidad y cine, y no dependía del arbitraje. Pero para otros compañeros era su único ingreso.

-¿Tu etapa en AFA quedó rápidamente atrás?
-Sí. Cuando me retiré juré que no iba a ver futbol nunca más.

-Sabías que era todo una mentira…
-Obvio. A mí me da pena ver a los hinchas quedándose afónicos debajo de la lluvia en una cancha gritando por un equipo. Es todo una mentira eso. Desde el 2000, cuando me retiré, no vi nunca más un partido ni por la tele. Sólo la llevé una vez a mi hija a ver un Boca-Newell’s, en 2003, para que conozca la cancha, porque es hincha.

-¿Tanto te decepcionó el ambiente?
-Sí, fue horrible. Es una decepción tremenda la que tengo con el fútbol profesional. Y eso que yo organizo un torneo de fútbol, pero es amateur; pasa por otro lado la historia. Los pibes me preguntan si vi la final Boca-River y yo no tengo idea.

-¿Tenés la sospecha de que en el grueso de los partidos hay algo que está viciado?
-Lamentablemente, están todas las puertas abiertas para que eso ocurra.

-Así como vos te olvidaste del fútbol, ¿pasó lo mismo al revés?
-Extrañamente, a partir de 2010 empecé a recibir solicitudes de amistad en Facebook de ex compañeros que calculaba que en aquel momento me odiaban. Incluso me mandaron mensajes por privado diciendo que, a pesar de que hace mucho no nos veíamos, bancaban lo que había hecho. De los 30 del curso, debo tener 15 en el Facebook.

-Impacta escuchar a un ex árbitro que diga que no ve más fútbol profesional porque sabe que es una farsa.
-El fútbol que nos mueve de verdad es el que jugás los martes a la noche. Todo lo demás es un negocio. El petróleo, la droga y el fútbol son los tres negocios más importantes a nivel mundial.

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