En nuestro país circulan unos 12,5 millones de vehículos. De ese total, un poco más de 1,5 millones residen en la Capital Federal pero en la vía pública porteña hay apenas 350.000 lugares disponibles para estacionar. Por qué ese déficit no es compensado por cocheras privadas y cómo se podría solucionar. El caso de Italia como ejemplo.

Por el Arq. Enrique Viola
ehviola1@gmail.com

En un mundo feliz, tal como lo ideara Aldous Huxley en su novela, no habría más autos y sí peatones, ciclovías y metrobuses. Sería todo calma, con flores, aves y perfume de pasto recién cortado. Lamentablemente, la realidad de la Ciudad de Buenos Aires es otra. En la reunión con los vecinos el 29 de noviembre del año pasado, el vicejefe de Gobierno, Diego Santilli, expresó que “la Ciudad de Buenos Aires tiene 350.000 lugares para estacionar en la vía pública”.
Si nos atenemos a los datos publicados por Estadística y Censos del Gobierno porteño, el parque automotor propio de la Ciudad alcanza a 1.506.692 autos a diciembre de 2017, con lo cual el déficit llega a 1.156.692 lugares para estacionar. Evidentemente, esto no es absorbido por cocheras privadas.
De acuerdo con una estimación oficial, “en la Ciudad faltan alrededor de 500.000 espacios para estacionar autos”. Sin embargo, también según datos gubernamentales, en toda la Capital Federal hay instalados 23.400 contenedores, lo que significa un igual número de lugares menos para ubicar los autos. A esto hay que sumar los 100 kilómetros de bicisendas/ciclovías que existen, que quitan otros 20.000 espacios. En consecuencia, al día de hoy hay un total de 43.400 lugares suprimidos para estacionar.
Para colmo, como se indicó en una nota de La Nación, “en numerosos barrios porteños abundan espacios reservados por los propios vecinos en las puertas de sus casas, de modo de poder ingresar los automóviles en los garajes sin tener que realizar muchas maniobras. En algunas viviendas, incluso donde no hay garajes, las franjas amarillas en los cordones y la colocación de objetos sobre la acera también delatan la “negativa” del dueño del inmueble a que haya vehículos estacionados junto a su vereda”.

¿Por qué el déficit no es absorbido por cocheras privadas?

-Los automovilistas porteños comenzaron el año con sucesivos aumentos en el costo para mantener y usar sus vehículos: nafta, seguros, parquímetros, peajes y, justamente, garajes, que varían su tarifa según la zona y el local.

-Insuficiente cantidad de cocheras exigidas por el Código de Planeamiento Urbano en edificios nuevos.

-Alto valor del suelo y elevado costo de construcción de subsuelos para tal fin.

-Casi todas las calles porteñas tienen prohibido el estacionamiento sobre la mano izquierda.

-Se obliga a dejar libre de estacionar a las cuatro ochavas (ocho lugares) en calles de única mano, cuando son necesarias sólo dos (no hay que mirar hacia los dos sentidos).

Debo expresar que, detrás de este caos, resulta evidente que el Gobierno porteño se beneficia con la situación en su afán recaudatorio. Así queda demostrado en los números de Estadística y Censos. En el año 2008 se aplicaron 2.320.781 multas de tránsito, cifra que fue creciendo hasta llegar a 4.841.250 en 2015. O sea que en ocho años se duplicaron, sin haberse incrementado en la misma proporción el parque automotor.
Si el fin no fuera recaudar, se adoptarían medidas como por ejemplo ocurre en Italia. Allí el parque automotor es cuantioso y, en el caso de tener que estacionar en la ciudad de Roma, hay muchos sitios donde en vez de ticket de parking se utiliza el reloj para aparcar, con el que no se paga nada pero hay un límite de tiempo de tres horas. El reloj lo venden en supermercados, sólo cuesta dos euros y también se puede utilizar en varios países de la Comunidad Económica Europea (CEE), como Bélgica y Suiza.
Hay ejemplos más cercanos en donde se toman medidas envidiables para mitigar este problema y dar soluciones al ciudadano. Por ejemplo en Vicente López, a fines del año pasado, inauguraron un nuevo sector para 86 coches en Malaver y Solís y en el Vial Costero -desde Laprida hasta Yrigoyen– se ha creado un espacio extra con 800 lugares gratuitos.
Para finalizar, deseo recalcar que no estoy en contra de las bicisendas/ciclovías ni metrobuses, sino que brego porque la ecuación sea armoniosa. Es decir que ninguna de las iniciativas vaya en desmedro de las demás. Respecto a la inquina de cierta gente hacia los autos, deben tener en cuenta que también son utilizados por personas que no saben o no pueden andar en bicicleta, patines o rollers; los que no tienen medios de transporte públicos cercanos; los que trabajan con su auto (taxis, remises, médicos, enfermeros); y los discapacitados, enfermos crónicos y adultos mayores.
En nuestro país circulan hoy unos 12,5 millones de vehículos, de los cuales un poco más de 1,5 millones residen en la Capital Federal. Por lo tanto, las ciudades no deben dejar de pensar en función del auto para evitar que se produzca un caos.

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