Vecino de Saavedra, es el doble más popular de Bruce Willis pero no se considera un fanático del protagonista de “Duro de Matar”. Dice que al principio le costó aceptar el parecido: temía caer en un personaje bizarro y prefería hacer su carrera como actor. Su admiración por el Flaco Spinetta y la insólita anécdota con Matthew Perry.

Por Tomás Labrit
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La historia comienza así: “A los 20 años, en un boliche, estaba tranquilo fumando un pucho cuando una chica le dijo a mi amigo que yo era igual a Bruce Willis. Le pregunté quién era, porque realmente no lo conocía- recuerda Pablo Perillo (48), en diálogo con El Barrio-. Recién había salido la primera de Duro de matar y yo, sin saberlo, estaba vestido igual a él, con la misma remera y el mismo corte de pelo”.

-¿Nunca habías notado el parecido?
-No, nunca. Me di cuenta cuando vi El último boy scout. Ahí me sentí reflejado y dije ‘¡soy igual!’. Pero no es que yo lo imitaba, fue algo natural: me tocó ser parecido a Bruce Willis. Casi me agarro a trompadas porque me miraban y se reían por el parecido. Con el tiempo se fue acentuando, pero yo me negaba porque quería hacer lo mío. A cada casting que iba me decían que era igual y me ofrecían trabajar de doble. ¡Pero yo quería ser Pablo!

-O sea que, al principio, no lo tomaste como una ventaja.
-No, yo quería hacer mi laburo y ser actor. No es que me colgué de alguien para robar. Pero, por más que me tiñera el pelo o me pusiera un gorro o un bigote, no podía sacarme el parecido. Veía que a otros dobles los boludeaban y no me gustaba eso. Lo mío era más serio; siempre cuidé mucho mi imagen y nunca me expuse demasiado. Cuando veo la bizarreada, me borro.

Su vida cambiaría para siempre en 2002 cuando, alentado por amigos y conocidos, mandó varias fotos para un concurso del canal TNT que buscaba dobles de las estrellas de Hollywood. Al poco tiempo lo llamaron para avisarle que había sido seleccionado. “Pensé que me estaban gastando, pero después me di cuenta de que no era joda”, reconoce. Como premio, ganó un viaje a los premios Awards de Los Ángeles en los que, como una estrella más, se paseó en limusina, desfiló por la alfombra roja y se codeó con figuras de la talla de Denzel Washington y Sting.
Pero eso no fue todo: en la fiesta que se realizó luego de la ceremonia de premiación lo confundió con Bruce Willis el actor Matthew Perry, con quien había protagonizado Mi vecino, el asesino dos años atrás. “Ahí me dije ‘estoy al horno’. Ya era inevitable el parecido”, recuerda resignado.

bruce-perilloLuego de esa inolvidable experiencia, empezó a ser contratado para eventos y comerciales en diferentes países de Latinoamérica y el mundo. La prueba de fuego fue al año siguiente, en Panamá, donde fue invitado especialmente para la inauguración de una discoteca. “Fue gente de Costa Rica y Colombia pensando que iba a ir al verdadero Bruce. Un quilombo armé… Me hablaban en inglés y tenía a los patovicas al lado mío en el VIP. Cobraba para estar sentado y saludar a la gente: empecé a ver que estaba bueno”, cuenta Pablo, mientras toma un café en un bar de la Av. Cabildo, a metros de su departamento en Saavedra.

-Tu caso es muy particular: a diferencia de otros imitadores, no forzaste tus rasgos físicos para lograr el personaje.
-Lo mío es natural, no me disfrazo. Hay gente que se cree lo que no es, pero yo tengo bien en claro quién soy yo. Mi personaje arranca cuando me visto como Bruce para ir a un evento o para hacer un acting. Después soy una persona parecida a Bruce Willis, no lo puedo evitar, no puedo sacarme la careta. No me gusta la gente que se pone de todo para parecerse a alguien. Respeto su laburo, los aplaudo, pero yo no lo hago. Prefiero no tener un peso, pero cuidar mi imagen. Siempre le tuve miedo al ridículo.

Su asombroso parecido lo llevó a formar parte de Cheyenne Enterprises, la productora de cine y televisión que Bruce Willis fundó junto a Arnold Rifkin. Hasta logró contactarse con el actor y su familia y ahora se entusiasma con la posibilidad de integrar el rodaje de Duro de Matar 6.

-Imagino que, por el parecido, te habrás hecho fanático de Bruce…
-Me gusta lo que hace y me encantaría trabajar con él, pero siempre digo lo mismo: no soy fanático de nadie. Al único que admiraba era a Spinetta. Fuimos amigos e íbamos a la cancha de River con él y sus hijos. Igual al Flaco no le gustaba que fueran fanáticos de él, sino de su obra y su poesía. Y yo aprendí de eso. Si salís a la calle creyendo que sos Bruce Willis, estás muerto.

-Por tu trabajo te toca viajar mucho. ¿Te gusta el ritmo de vida que llevás?
-Me encanta, amo lo que estoy haciendo. Siempre laburé de lo que me gusta.

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