El Gobierno de la Ciudad presentará un proyecto para reformar las reglas de edificación. A pesar de que realizaron algunas modificaciones, la normativa vigente se encuentra desactualizada. Respetar el paisaje y la armonía de nuestros barrios debe ser una prioridad. La ciudad colombiana de Medellín sería un buen modelo a seguir.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Si bien el título con el que anunciamos el tema puede parecer extremista, la idea es precisamente poner en alerta a los vecinos de nuestros barrios sobre un posible cambio del Código de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, luego de que el Ejecutivo porteño anunciara que presentará en la Legislatura un proyecto para reformar la normativa vigente.
Esta idea no pasa desapercibida para quienes seguimos de cerca, prácticamente a lo largo de una década, la actuación de nuestras autoridades. Como el cambio de reglas para la construcción seguramente inquietará a los vecinos de cada barrio, es importante hacer un análisis minucioso y consensuado del asunto. La experiencia a nivel nacional con el tema de las tarifas fue pésima y no queremos que sucedan experiencias similares en la ciudad.
No hay dudas de que es imprescindible un cambio del Código actual, ya que le ha hecho mucho daño a Buenos Aires. Recordemos que el vigente fue puesto en marcha en 1977, aunque resultaba obsoleto incluso para la época porque sentaba sus bases en normativas de los años 60 y en propuestas urbanas ya perimidas. A pesar de algunas reformas, como las de 2000 y 2008, el Código sigue sin dar respuestas a las necesidades de los porteños. Los errores, incoherencias y puntos cuestionables del Código vigente muestran la necesidad de un cambio e incorporar las nuevas políticas urbanísticas de tipo ambiental, que deben estar minuciosamente analizadas por especialistas y ciudadanos.
Recordemos que la normativa que hoy rige es la misma que se planteó y se llevó a cabo como parte del plan de autopistas, que fue una verdadera sangría urbana. A la fecha, las consecuencias de este proyecto del año 68, reflotado durante el último gobierno militar, ha dejado heridas abiertas y muchos barrios devastados por la piqueta del brigadier Osvaldo Cacciatore.
Tampoco dio resultado la idea de los edificios de perímetro libre: generaron unos pocos jardines y dejaron al desnudo las grandes medianeras. Esta normativa produce un choque entre aquellas torres y las edificaciones originarias sobre la línea municipal. Además, la perforación de la manzana tradicional no trajo beneficios y promovió medianeras expuestas, principalmente en las esquinas, además de la proliferación de torres.
Por otro lado, las grandes construcciones han provocado la pérdida de proporciones entre el peatón y el edificio. La escala entre el hombre, el árbol y la arquitectura ya desapareció de casi todos los barrios porteños y alteró el paisaje urbano. Un ejemplo es la torre que ocupa la sede central del Banco Galicia, que emerge por detrás de la línea de edificación de la calle Rivadavia, con una altura desproporcionada y rompiendo con el perfil de la Plaza de Mayo.
Según señalaron nuestras autoridades, en líneas generales se mantendrá la estructura del Plan Urbano Ambiental (PUA), que se viene desarrollando desde hace varios años pero que aún falta integrar con nuevos modelos ambientales y más espacios verdes. No obstante, esto se contradice con el rutilante imperio del cemento que impuso el PRO en toda la ciudad desde los inicios del gobierno de Mauricio Macri. Según el Observatorio del Derecho a la Ciudad, desde el 2007 hasta la fecha se vendieron 200 manzanas en toda la Capital Federal.

Caso exitoso en Medellín
Los planes urbanos son proyectados según la necesidad de cada ciudad, por eso no sirve copiar un ejemplo exitoso, ya que las situaciones son invariablemente distintas. Sin embargo, estos ejemplos permiten mostrarnos que con caminos distintos se pueden obtener a buenos resultados. No siempre tienen que ver con cuestiones económicas, sino con el ingenio para evitar grandes costos. Es que generalmente, cuando pensamos en un plan urbano célebre, imaginamos ciudades del primer mundo donde creemos que, como el dinero abunda, se pueden dar soluciones concretas a todos los problemas de la ciudad.
En estos días, la ciudad colombiana de Medellín ganó el Premio Curry Stone a la metrópoli donde se aplicaron las mejores medidas urbanísticas. Con poca plata, pero con una buena campaña, coordinación y visión de futuro, los expertos aseguraron el éxito en la segunda ciudad más importante del país. Buscando respuestas tecnológicas a las necesidades de su población, Medellín se encuentra dentro de las ciudades con mayor innovación gracias al impulso de soluciones culturales y educativas, que irradian una cultura ambiciosa y pujante de su población. Los principales objetivos del plan fueron disminuir la desigualdad y la violencia de la ciudad a través de intervenciones sociales y oportunidades de desarrollo, además de la creación de un procedimiento de comunicación y participación ciudadana.

teleferico
Para evitar la demolición de casas para la ampliación y apertura de nuevas calles, se recurrió a la construcción de un teleférico que une el cerro con el llano de la ciudad. De esta forma se evita el tráfico, la contaminación y los problemas de expropiación. Otra de las características del plan de integración de los sectores marginales se basó en la implementación de un programa llamado “buena y bonita arquitectura y urbanismo”, en el que los sectores más pobres, a través de la auto-construcción, buscaron una arquitectura digna y agradable. Además se tomaron en cuenta planes culturales, con contenidos educativos y de entretenimiento, con el fin de apartar a niños y jóvenes del flagelo de la droga y del entorno del narcotráfico. A la innovación, que surgió con las bibliotecas parque, las ludotecas y los juegos infantiles, también se agregaron escuelas, centros recreativos y de capacitación en zonas marginales, lo que ayuda a una disminución considerable del delito.

Nuevo Código: ¿espejitos de colores?
Ante todo, cabe aclarar que se hace difícil creer que no haya intereses espurios que estén presionando al Ejecutivo porteño para trasformar el Código en favor de la conveniencia de terceros. Ésta no es una mera suposición: a los hechos me remito. Actitudes como la venta de terrenos del ex Tiro Federal, en nuestro vecino barrio de Núñez, para realizar viviendas vips, sumado al proyecto de torres en el corredor ferroviario de Palermo, sustentan esta presunción. Es por eso que éste y otros tantos asuntos que hoy se están discutiendo nos vuelven desconfiados. Recordemos que la oportunidad de transformar el corredor Donado-Holmberg de la ex AU3 en un espacio realmente verde fue desaprovechada y hoy esas manzanas están ocupadas con más y más construcciones. Por eso el Gobierno de la Ciudad deberá convencernos, con argumentos creíbles, que detrás de esto no hay ideas oscuras.
Pensemos también que entre las propuestas que se plantean está la de eliminar el uso del Factor de Ocupación Total (FOT), o sea dejar de limitar los metros cuadrados a construir. Por ende, entendemos que la edificación se irá para arriba, o para atrás, y si no es así: ¿cuál es el beneficio de eliminarlo? No sabemos lo que sucederá en Villa Urquiza y Coghlan, donde el metro cuadrado de hormigón redunda. En estos últimos años, junto con Caballito y Palermo, fueron los barrios más edificados.
Otro de los puntos de la nueva propuesta, que suena a espejitos de colores, es la revalorización de zonas subdesarrolladas como el entorno de la General Paz, donde se destacan Saavedra y Villa Pueyrredon. Si por revalorizar entendemos crear un polo comercial como el de Puente Saavedra, dejando marginados a sub-barrios como el Mitre, no parece una buena idea. Esperemos que la puesta en valor de algún sector de nuestra Comuna no provoque desplazamiento de la gente ante la presión inmobiliaria, un fenómeno que se conoce como gentrificación. Los cielos abiertos de Saavedra no pueden ser negociados: el barrio debe mantener las alturas vigentes y crecer en armonía, para así mantener el sentido de pertenencia.
Pero aunque las reglas sean coherentes, de nada sirve cambiarlas si luego existe la excepción al Código u otras formas de alterar la letra fría. Nuevamente a las pruebas me remito: así sucedió, por ejemplo, con la casita de la calle Paroissien 3951, donde se falsearon los datos para luego demolerla, mientras nuestras autoridades miraban para otro lado. Además, cuando nos hablan de hacer de Buenos Aires una ciudad policéntrica, como una nueva alternativa para establecer servicios y comercios en todos los barrios, da un poco de escalofrío, ya que resulta difícil imaginar esta situación en zonas residenciales.
Pareciera que, antes de aprobar esta propuesta, hubo sin previo aviso una suerte de ensayo en Belgrano R, donde fue rechazado por los vecinos un proyecto para instalar una fábrica industrial.
Decía el premier ruso Nikita Kruschev: “Los políticos son siempre lo mismo: prometen construir un puente aunque no haya río”.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2016/11/evoque-1-150x150.jpg