Existen numerosas intersecciones de calles y avenidas que necesitan con urgencia la colocación de semáforos. Este escenario, riesgoso para peatones y conductores, se puede apreciar en Villa Urquiza, Saavedra y Villa Pueyrredon. Con un parque automotor en aumento, es sorprendente la desprotección de estas esquinas.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar
Twitter: @scalandra

Al no poder regularse por sí mismo en su relación con el entorno, el ser humano necesita, en muchos aspectos de su vida ciudadana, que las autoridades ordenen y encarrilen su accionar. Los accidentes de tránsito, por ejemplo, pueden prevenirse. Para que no queden librados al azar, hay que respetar las normas y señales de tránsito, no conducir alcoholizado y acatar todas las indicaciones de la Policía. Pero las reglas explícitas e implícitas vigentes parecen no querer cumplirse, aprovechando que, como “nadie controla”, vale todo. Esto es así hasta que suceden graves accidentes que pueden lesionar o incluso terminar con la vida de personas inocentes.
Avanzar por la banquina en las rutas, violar la luz roja, doblar a la izquierda cuando el semáforo no lo permite, no respetar la senda peatonal ni dejar libres las rampas para discapacitados son solo algunas de las múltiples infracciones y atropellos hacia el peatón que se pueden encontrar a lo largo y a lo ancho de todo el país. Para peor, existen numerosas intersecciones de calles y avenidas que son un peligro tanto para los conductores como para los peatones.

Peligro a la vuelta de la esquina
Muchas esquinas ya demostraron que, por la gran cantidad de accidentes que protagonizaron, necesitan al menos la colocación de paliativos, como los reductores de velocidad. Esta medida es fundamental en aquellas calles que reciben una importante cantidad de vehículos provenientes de autopistas o avenidas que recorren la Ciudad. El tránsito que circula sólo dentro de la Capital Federal no es el mismo, por ejemplo, que el que proviene de Autopistas del Sol, Acceso Oeste, la Autopista 25 de Mayo, Dellepiane o la Illia.
Allí sí se desarrollan altas velocidades en comparación con las de las calles y, cuando los conductores ingresan a la Ciudad, conservan esa aceleración. Esto se nota en la forma en que encaran las bocacalles y cruces de calles: parecen llevarse puesto al que circula con un cambio menos, haciendo luces y tocando bocina desaforadamente. Toda la zona de Saavedra recibe mucho de ese tránsito proveniente de la AUSOL y de la Av. General Paz, dos arterias en las que se circula a gran velocidad.

“Másperos” se necesitan
Muchos, quizás, se hayan sorprendido al leer la palabra máspero, porque desconocen su significado. Sin embargo, seguramente ya se habrán dado cuenta a qué se refiere. Término derivado del latín “aporteñado” y del lunfardo rioplatense masperus, dícese del aparato automático instalado en algunas esquinas de las grandes ciudades que sirve para organizar el tránsito y permitir cruzar a los peatones de manera correcta y ordenada. Dejando de lado la etimología de la palabra -y pidiendo las disculpas correspondientes a Luis Alposta, maestro del lunfardismo – procedemos a tratar esta problemática seriamente.
Es muy cierto que no se pueden colocar semáforos en todas las esquinas de la Ciudad, porque es técnica y económicamente inviable. Pero en donde se reiteran accidentes, debería ser una medida imprescindible. Y estas soluciones favorecerían a todos: automóviles, colectivos, camiones y peatones.

Simple y económica solución para cuando no se colocan semáforos en esquinas peligrosas: reductor y grandes carteles de “Pare” y “Cruce peligroso”.

El peatón, la prioridad
Pareciera que el transeúnte está seguro solamente en calles peatonales, donde tiene la exclusividad de circulación junto con las bicicletas, porque en general no se le brinda ni la mínima protección. El caso más extremo se da cuando dos vehículos colisionan en una esquina y, tras subirse a la vereda, terminan lastimando y hasta matando al indefenso caminante. También rompen los frentes de locales y edificios, con el costo que esto implica.
Hay esquinas que son endémicas en este tema y que seguirán coleccionando marcas en sus cordones, paredes y vidrieras. Es por esto que, si los ciudadanos no saben cuidarse entre sí, el Estado es el que debe brindar las herramientas necesarias para que no se pierdan inútilmente más vidas humanas. Como señalamos anteriormente, con la simple colocación de semáforos se podrían evitar nuevas tragedias.

De menor a mayor
Si bien no existe ninguna esquina que, de por sí, no sea riesgosa, también es cierto que, aunque haya semáforos funcionando correctamente, los accidentes ocurren igual. A continuación, detallaremos los distintos grados de gravedad que presentan las esquinas sin semáforos, teniendo en cuenta si se trata de calles o avenidas, y aportaremos algunos ejemplos concretos que se dan en nuestros barrios.

Calle y calle: riesgo bajo
Se aplica a los casos en que dos calles con sentido único de circulación y de ancho normal se cruzan. Si bien los vehículos no levantan grandes velocidades, cuando el asfalto está bien parejo los conductores se tientan de no frenar cuando llegan a la intersección. Este escenario se puede apreciar en Tomas Le Bretón y Pacheco, en Villa Urquiza.
Con instalar un reductor de velocidad o un cartel visible de “Pare” o “Cruce Peligroso”, se evitarían así frenadas abruptas y choques. Si hiláramos más fino aún, también sería beneficioso un semáforo parpadeando en amarillo para advertir a los automovilistas que deben detener su marcha y avanzar una vez que lo permita la situación.

Calle y avenida de mano única: riesgo intermedio
Cruzar avenidas en las que el tránsito es intenso y aparte avanza a alta velocidad porque abrió el semáforo en la cuadra anterior, es en ocasiones una misión larga y tediosa, no sólo para el peatón sino también para los vehículos.
Lo usual es que la solidaridad y el respeto hacia el que tiene que atravesar de un lado hacia el otro brillen por su ausencia. Sólo impera la ley del más fuerte y del que avanza primero. Los ejemplos para este caso abundan: Olazábal en sus cruces con Donado y Altolaguirre, en Villa Urquiza, y Crisólogo Larralde esquinas Conde y Melián, en Saavedra. Esta última trascendió en los medios el mes pasado luego de que un colectivo de la línea 130 colisionara violentamente con un camión elevador de cemento.
La esquina de Holmberg y Olazábal se enmarcaba en este grupo de riesgo, pero gracias al crecimiento del Barrio Parque Donado Holmberg a raíz de la construcción de nuevos núcleos habitacionales, el Gobierno de la Ciudad instaló un semáforo en ese lugar y finalizaron los accidentes. Sería positivo que este accionar se repitiera en zonas que no están de moda, pero que siguen careciendo de semáforos.

Calle y avenida de doble mano con tránsito pesado: riesgo alto
Cuando el que avanza por una calle de mano única debe atravesar una avenida de doble sentido de circulación, por la que además transitan varias líneas de colectivos y camiones de gran porte, si no lo hace con precaución y de manera decidida puede quedar varado en el medio de forma muy peligrosa.
Los que vienen por la avenida, en vez de frenar y dejar que el otro vehículo termine de pasar, aceleran más y parecen castigarlo por haber querido avanzar sin su consentimiento previo. Esto se observa en Donado y Avenida de los Incas, en Villa Ortúzar, y Gabriela Mistral y Avenida de los Constituyentes, en Villa Pueyrredon. Dos ejemplos temerarios.

Por la falta de semáforos se ponen en riesgo vidas humanas: un colectivo colisionó con un camión en Larralde y Melián.

Giros a la izquierda prohibidos: Riesgo permanente
Los conductores y el mismo tránsito, por defecto, muchas veces transforman las reglas de circulación a su conveniencia, pese a estar expresamente prohibido. Como hecha la ley, hecha la trampa, los semáforos son atravesados en rojo para girar a la izquierda en lugares prohibidos, porque a los conductores les resulta más cómodo hacer estas infracciones que acatar las reglas. Por su irresponsabilidad, también pueden provocar accidentes y lesionar a peatones.
Un lugar clásico con infracciones de este tipo es la esquina de Bucarelli y Roosevelt, en Villa Urquiza. Los vehículos que circulan por la avenida hacia Triunvirato doblan a la izquierda por Bucarelli con semáforo rojo, todo impunemente, para evitar tener que ir hasta Díaz Colodrero y retomar luego por Cullen. Esto es consecuencia de no haber doblado antes en Andonaegui, después tomar Emilio Civit y finalmente seguir por Bucarelli hacia el norte.
Lo mismo sucede en Nahuel Huapí, en su cruce con Donado (sentido Villa Urquiza): al no existir allí un giro a la izquierda para poder tomar directamente el sapito de Donado, muchos conductores, haciéndose los distraídos, giran raudamente cuando no viene nadie de frente. Esto a pesar de que es sabido que, como señala la Ley de Tránsito, con semáforo en calle de doble circulación está prohibido girar a la izquierda si no hay flecha habilitada para tal fin.
En este último caso, será cuestión de que las autoridades revean la colocación de un giro a la izquierda, en la medida en que no atasque la circulación Y sino que un policía esté presente para multar a los conductores que realizan esas maniobras indebidas a plena luz del sol.

 Semáforos: bienvenidos sean
Hay muchos cruces que no pueden seguir pasando inadvertidos por las autoridades ante los múltiples reclamos de los vecinos por los accidentes que suceden a diario. No es excusa que no haya presupuesto ni partidas asignadas para tal fin, porque en las arcas municipales entra mucho dinero proveniente de los impuestos que todos pagamos. Todo lo que se invierta para mejorar la seguridad en materia de tránsito no tiene precio.
Así como con los Metrobus se comprobó en los hechos lo que los discursos oficiales decían -que se reducirían los tiempos de traslado y se ordenaría el tránsito- también hay que destacar que la colocación de semáforos disminuye el riesgo de accidentes.

Si colocar semáforos implica una gran erogación de dinero y una gran planificación de tránsito, los carteles de “Pare” y “Cruce peligroso” son obligatorios.

Bulevar Mendoza: estacionamiento en doble fila
En los últimos meses, con motivo de las obras por la instalación de cloacas, la calle Mendoza, entre Bauness y Triunvirato, se transformó en zona bombardeada. La tierra, los pozos y los adoquines, sumados a los operarios y las maquinarias, hicieron imposible circular por allí con auto.
Pero lo peor llegó una vez que se fueron cerrando las aperturas, cuando algunos desaprensivos conductores -desesperados por no encontrar lugares donde estacionar- no tuvieron mejor idea que dejar sus vehículos allí en doble fila, uno de cada mano, no solo a la derecha, sino también por la izquierda. Esta actitud impide que los vecinos residentes, que tienen cocheras en sus propiedades, puedan entrar o salir libremente, al no contar con el mínimo radio para girar.
Esta nueva e irresponsable viveza criolla perjudica a muchos vecinos, que ya no saben a quién más recurrir para evitar esta conducta. Realizaron denuncias hasta en la Policía de la Ciudad, pero no les pudieron dar respuesta alguna. ¿A quién tienen que acudir para aplicar la ley y que todo vuelva a la normalidad? También se presentaron denuncias ante el Gobierno de la Ciudad y hasta han contactado a los medios para hacerse oír. Es necesario que esto se solucione lo antes posible.

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