Formado en las inferiores, Osvaldo “Toro” Morelli jugó en el Calamar durante la década del 70 y fue partícipe del equipo que ascendió en 1976. Hace casi veinte años dirige con éxito en Ecuador, pero dice estar preparado para volver al fútbol argentino. Confía en el DT Omar Labruna y afirma: “A Platense lo llevo en mi corazón”.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

-Osvaldo, antes que nada, contá un poco de tu infancia y de cómo llegaste al fútbol…
-Nací en el año 52 en Villa María, Córdoba. Luego nos fuimos a Mendoza y más tarde directamente a Las Parejas, en la provincia de Santa Fe. Así fue que a los 15 años tuve la suerte de conocer a un muchacho hincha de Platense que trabajaba en el ferrocarril, que por aquel entonces llegaban a todo el país. Me llevó para que me prueben y quedé.

-¿O sea que viniste y te quedaste, así de una?
-Sí, me fui directo a vivir en la pensión del club. Era el año 1969 y entré en la sexta división. Pero al año siguiente ya jugué en Primera, porque como había huelga de jugadores profesionales los de inferiores pasamos al plantel superior. Cuando se solucionó el conflicto, por el año 70/71, ya quedé en Primera.

-¡Mamita! Qué años difíciles para Platense…
-Fueron duros. Se perdió la categoría y la cancha, pero ahí se empezó a gestar el nuevo estadio, con la directiva de Alfredo Ginanni y Carlos Schaffer. Ellos con tiempo lograron construir la cancha en Vicente López y pudimos empezar a tener nuestro fortín. Pero desde el año 71 hasta el 76, que ascendimos, Platense jugó en la B, con años durísimos, siempre en canchas neutrales, como la de Atlanta. Pero por suerte tengo el orgullo de ser haber sido parte de la vuelta a Primera.

-¿Qué recordás de aquel equipo de Juan Manuel Guerra?
-Antes de Guerra habíamos tenido infinidad de técnicos, como Osvaldo Panzutto. Pero llegó él y armó un equipo con jugadores del club, como mi caso, el Cholo Pavón, Motoneta Ulrich y Eduardo De Virgilio, que era un chico casi ni tenido en cuenta que apareció en el arco con una campaña muy aceptable. Además jugaba Rivero, que lo había traído Pilla, Juárez, el Mudo Gianetti… En la mitad estaba yo, Carlos Gómez, Osvaldo Pérez -que manejaba los hilos- y arriba Orlando, Pavón y Ulrich.

-Repasando las crónicas de la época, jugaba casi siempre el mismo equipo. Hoy en día sería imposible…
-Exactamente, antes se podía. Yo estuve en Platense doce años consecutivos, sin contar las inferiores. Era muy raro cambiar de equipo.

-Para los que no te vimos dentro de una cancha, ¿con qué jugador de la actualidad te sentirías reflejado?
-Y, no sé… Era un jugador de mucho temperamento, lucha y recuperación de pelota. No hacía muchos goles, dos por año más o menos, porque el cinco antes llegaba poco al área. Más que nada con algún zapatazo de afuera del área que uno agarraba de rebote y la podía clavar. En mi época jugaba Mostaza Merlo, así que más o menos me identifico con ese estilo: corredor y metedor.

 -¿Por eso el apodo de “Toro”?
-Claro. El apodo llegó porque antes jugaba el Toro Crocci, con quien siempre teníamos chispazos en la mitad de la cancha.

-¿Cómo viviste aquellos partidos finales antes de lograr el ascenso en 1976?
-Éramos un equipo sin estrellas, que tuvimos que jugar partidos en cancha de San Lorenzo contra Almagro y con otros equipos armados para ascender. Hasta que en la última fecha jugábamos con Villa Dálmine en Vélez y Almagro con Lanús, que tenía todas las chances porque nos llevaba un punto. Pero por suerte se dio el cruce de resultados: Almagro le ganó a Lanús y nosotros 1 a 0 a Dálmine. Lo recuerdo tanto… Era una noche muy fría de julio, creo que el 13. La tribuna de Platense estaba repleta.

-El gol del triunfo vino por una jugada que arrancaste vos…
-Sí, recupero una pelota y luego me hacen infracción. De ahí viene el centro y Pilla, que era un negro bien espigado, pudo conectar y convertir. Al poco rato se supo que Almagro ganaba. Se escucharon los gritos de la tribuna y nos hablábamos entre nosotros, pero teníamos que tener más cuidado que nunca. Había euforia, locura, nerviosismo, ansiedad… Hasta que llegó el pitazo final: ¡qué lindos minutos vivimos cuando terminó! La tribuna parecía que se caía encima.

-Qué fuerte debe haber sido…
-Sí, y más para los que vivíamos en la sede del club, que era nuestra casa. Éramos hijos del club… Por eso siempre estoy pendiente de las campañas y de todo, porque amo a Platense. Todavía no tuve la suerte de dirigirlo, pero lo llevo en mi corazón.

-¿Y después de la gloria? ¿Hasta cuándo jugaste?
-Seguí en Platense, con la suerte de que después vino el Polaco Cap, un gran maestro. Estuve hasta el 81, cuando Guerra me llevó a mí y a Gianetti a Lanús, donde también ascendimos, pero de la C a la B. Ahí tuve problemas en la rodilla y decidí dejar, porque antes te operabas y quedabas rengo y yo no quería eso. Me retiré con 33 años, pero con el convencimiento de estar ligado al club. Así que empecé con Enrique Topini, un grande, laburando en las inferiores varios años, donde estaban el Chacho Coudet y Trezeguet. Hice el curso de técnico y luego me llevó Roberto Perfumo a Gimnasia. Más tarde fui asistente en Primera del Gato Daniele, con quién laburé en Atlanta, Aldosivi y Douglas Haig de Pergamino.

-¿Cómo llegaste a Ecuador?
-En el 98 vinimos con Daniele a Deportivo Quito y al año siguiente arranqué solo. Por suerte desde ese momento y hasta ahora nunca me faltó trabajo, ya sea por buenas campañas o por ascensos conseguidos. Ecuador es un país chico, con 12 equipos en la A y 12 en la B, y gracias a Dios me pude hacer un nombre como DT.

-¿Actualmente a qué equipo dirigís?
-Hoy por hoy estoy evaluando un par de ofertas; el torneo todavía no empezó. El año pasado dirigí al Colón, de la ciudad de Porto Viejo.

-¿Estás solo o con la familia?
-Tengo a mis hijos y nietos allá en Buenos Aires. Vine acá divorciado y rehíce mi vida, pero nunca pierdo las ganas de volver a mi país. A fin de año estuve y la gente de Juan Carlos Simiele me contactó por si llegaban a ganar las elecciones en Platense. Pero quedó en la nada porque no se dio.

-Ojalá que al cuerpo técnico actual le vaya bárbaro y Platense ascienda. Pero, si en algún momento se da la oportunidad, ¿dejarías todo en Ecuador y volverías al país para dirigir al Calamar? Por la locura del fútbol argentino, te podés quedar sin trabajo después de cinco o seis partidos…
-Los que hemos vivido en el fútbol, ya sea como jugadores o DT, sabemos que en algún aspecto lamentablemente es así. Pero uno siempre está preparado para regresar cuando lo llamen. Sé que en el fútbol se busca gente más joven últimamente, pero por ahí en coordinación o gerencia deportiva puedo tener una oportunidad.

-¿Seguís a Platense a la distancia?
-Sí, Internet te conecta con todo. Sigo todos los partidos y estoy al tanto de los cambios.

-¿Qué te genera lo que vivió el club en este último tiempo?
-Y… es muy feo todo. Los últimos años se formaron equipos con una ilusión bárbara y al final no pasó nada. Nunca pensé que Platense podía llegar a esta categoría, porque siempre ha jugado más en la A que en el ascenso. Hace poco fui a ver un partido contra Estudiantes y en la tribuna había mucha gente muy grande, con poca renovación, porque las campañas no ayudan. El club necesita un cambio de categoría urgente. Ahora veo cómo cambió el equipo con la llegada de Omar Labruna, un tipo de perfil bajo y que le transmitió a los jugadores una idea. Con el “profe” anterior Platense no jugaba a nada, era muy feo ver sus partidos, pero ahora el equipo reaccionó. Ojalá que lleguen refuerzos y se pueda dar el ascenso. El hincha tiene que seguir amando esos colores, porque Platense es un grande de verdad. A veces me pongo la camiseta y me preguntan de quién es: yo les digo que es del equipo más grande de Buenos Aires.

Comentarios

Comentarios

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2017/02/Morelli-1-150x150.jpg