Del 7 al 18 de noviembre se realizará en Marruecos la Cumbre Climática 2016 COP22. El año pasado, en París ya hubo un compromiso importante: que la temperatura media del planeta no suba por encima de los 2º C en 2100.

¿Quién dijo que todo cambio es bueno? El cambio climático global es un ejemplo de ello. A veces cansa un tema de tanto que se lo aborda. Poca gente debe quedar en nuestra sociedad que no se haya enterado aún del calentamiento de nuestra atmósfera y las posibles modificaciones en el clima.
El pasado 12 de diciembre de 2015 se aprobó en la capital francesa el Acuerdo de París para combatir el cambio climático, un compromiso internacional que viene a continuar el anterior Protocolo de Kyoto. Al comienzo hubo mucha resistencia, sobre todo de empresas y políticos para aceptar que el cambio para peor estaba empezando. Luego, más y más estudios científicos reforzaron la idea de que nuestra atmósfera estaba recibiendo una creciente dosis de energía térmica que, retenida por efecto invernadero, violentaba la máquina del clima. A medida que las dudas se disipaban, los países comenzaron a preocuparse y luego de preocuparse pasaron a poner manos en el asunto.

De Kioto a París
El primer intento serio y de alcance mundial sobre el cambio climático fue el Protocolo de Kioto, un acuerdo internacional que buscaba reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Este acuerdo pertenece a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), suscrita en 1992 dentro de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro.
Los resultados del Protocolo fueron relativos y anduvieron a los tumbos. Se requirió otro acuerdo, que se suscribió el año pasado, precisamente el 12 de diciembre de 2015. Ese día, en la conferencia del clima de París, 195 naciones y la Unión Europea se comprometieron a detener el aumento de la temperatura del planeta muy por debajo de los 2º C, como también ayudar económicamente a los países más vulnerables al calentamiento global.
El 4 de noviembre de 2016 entraría en vigor el Acuerdo de París, que a la hora de escribir estas líneas todavía no ha sucedido. Con él se consiguió un acuerdo de mínima y un objetivo claro: que la temperatura media del planeta no suba por encima de los 2º C en 2100. El Acuerdo de París establece dos condiciones necesarias para su cumplimiento: que sea firmado por 50 países y que estos representen, al menos, el 50 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Contrarreloj esto se logró a comienzos de octubre. Fue clave la ratificación de este acuerdo por parte de Estados Unidos y China y, por supuesto, los países de la Unión Europea y Japón.

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El 7 de noviembre
Marruecos espera o muchos esperamos a Marruecos. Del 7 al 18 de noviembre se realizará en la ciudad de Marrakech la Cumbre Climática 2016 COP22. No es un evento cualquiera: es la reunión más importante que existe a la hora de luchar contra el cambio climático. Además de las Cumbres, por todos lados se levantan alertas y se trabaja sobre el tema. En 2006 se estrenó un documental polémico dirigido por Davis Guggenheim en el que el ex candidato a presidente de los Estados Unidos, Al Gore, recorría el país y el mundo alertando sobre el cambio climático a través de una serie de conferencias. Entonces se despertó el debate, las críticas, los apoyos ingeniosos como el de Lisa Simpson de Los Simpson y observaciones desconfiadas, como que el documental era un recorte de verdades a media, que creaba miedo o que Al Gore estaba buscando popularidad para una nueva campaña política, cosa que nunca ocurrió. Pero finalmente ese film dio en el blanco: luego de ganar el premio Oscar en 2007, resultó ser otro gran impulso para que el público general se pusiera a pensar sobre el tema.

Una verdad incómoda
En los créditos finales del documental de Al Gore se nos invita a tomar acciones concretas y posibles. Si bien el texto se dirige a espectadores de cine de clase media estadounidense, lo reproducimos completo, sin modificaciones:
“Puedes reducir tus emisiones de carbono a cero. Compra aparatos eficientes, y lámparas que ahorren. Cambia tu termostato y gasta menos energía para calentar y refrigerar; protege tu casa, aumenta el aislamiento, evalúa tu consumo.
Recicla.
Si puedes compra un auto híbrido; cuando puedas camina o viaja en bicicleta. Cuando puedas usa el transporte público.
Diles a tus padres que no arruinen el mundo en el que vas a vivir. Si eres padre, únete a tus hijos para salvar su mundo futuro.
Cambia a fuentes renovables de energía. Llama a tu compañía de luz, a ver si ofrece energía verde. Si te dicen que no, pregunta por qué. Vota por quienes prometan atacar esta crisis. Escríbele al Congreso. Si no te hacen caso, postúlate para el Congreso.
Planta árboles, muchos árboles.
Habla en tu comunidad. Llama a programas de radio y escribe a periódicos. Insiste que Estados Unidos de América congele sus emisiones de CO2.
Únete a esfuerzos internacionales para detener el calentamiento global. Reduce nuestra dependencia del petróleo extranjero. Ayuda a los granjeros a sembrar cultivos de alcohol. Eleva los niveles de kilometraje requeridos, exige menores emisiones de los automóviles.
Si crees en rezar, reza para que las personas encuentren la fortaleza para cambiar.
En las palabras del viejo proverbio africano, cuando reces, mueve los pies. Alienta a todos tus conocidos a ver esta película. Aprende todo lo que puedas sobre la crisis del clima. Luego pon tus conocimientos en acción”.

Compromiso con el futuro
El recordado divulgador de la ciencia, Carl Sagan, observando una fotografía de la Tierra tomada desde seis mil millones de kilómetros por la sonda Voyager, en la que nuestro planeta se veía como un pequeño punto azul, hizo una profunda y aguda reflexión acerca de la fragilidad de nuestro hogar:
“Consideremos nuevamente este punto. Eso es aquí, es nuestro hogar. Eso somos nosotros. En él están todos los que amamos, todo los que conoces, todos de quienes has oído hablar y todos los seres humanos, quienes fueran que hayan vivido sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilizaciones, cada rey y cada campesino, cada joven pareja de enamorados, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí: en una mota de polvo suspendida en un rayo de Sol.
“Nuestro planeta es una mota solitaria en la inmensa oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro cercano, al cual nuestra especie pudiera migrar. ¿Visitar? Sí. Establecerse, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos”.

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