El vecino de Villa Urquiza y ex combatiente de Malvinas fue el guionista de “Entre dos mundos”, un cortometraje que tiene como objetivo concientizar sobre los suicidios de posguerra. Protagonizada por Coco Sily, la obra participará de alrededor de 30 festivales, pero el entrevistado denuncia que el Ministerio de Cultura no quiere emitirla.

Por Pablo Riggio
priggio@periodicoelbarrio.com.ar

El 13 de abril de 1982 Ramón Garcés arribó a Comodoro Rivadavia para participar de la Guerra de Malvinas, una experiencia que cambiaría su vida para siempre. Y es literal. Tal como le dijo en aquella ocasión un comandante, “sos carne de cañón”, el vecino de Villa Urquiza murió en combate según los papeles oficiales que manejaban las Fuerzas Armadas. No fue así, pero estuvo muy cerca. Por ese error debió cambiar su nombre durante el conflicto bélico con Inglaterra y “nació” Christian Garcés. Todavía lo lleva, con orgullo.
A sus 53 años, Ramón / Christian Garcés, al igual que tantos otros veteranos de guerra, lucha contra las consecuencias de haber sido parte de la cruel masacre en Malvinas. El estrés postraumático producto de la situación extrema que les tocó vivir es un flagelo silencioso que afecta a casi todos. Se podría decir que es inevitable. El problema es que muchos no logran hacerle frente y se calcula que alrededor de 500 ex combatientes se suicidaron. Con el objetivo de ayudar a sus compañeros, el vecino se encargó de llevar adelante un proyecto que se coronó con el cortometraje Entre dos mundos, una película de posguerra, rodada en parte en Villa Urquiza.
El cortometraje de 12 minutos, dirigido por Diego Lapiz y producido por el mánager de famosos Jorge Zonzini, refleja la vida de un ex combatiente interpretado por Coco Sily, quien sufre de depresión y es ignorado por su hermano (Carlos Videla). Una discusión entre ellos refleja la problemática social que afecta a los veteranos de guerra. Va a competir en 30 festivales internacionales de cine, uno de ellos en Londres.

-¿Por qué ahora, 34 años después de la Guerra, decidiste llevar a cabo este proyecto?
-En realidad empecé a hablar de mi participación en Malvinas recién hace nueve años. Al principio participaba de charlas en escuelas para llevar un mensaje de paz. Pero se puso difícil, porque uno siempre se entera que algún compañero se ha suicidado; en el interior profundo del país hay muchos casos y no nos enteramos. Tuve propuestas para hacer películas sobre mi vida, porque fue bastante intensa, pero decidí hacer este corto para concientizar sobre esta problemática: los suicidios de posguerra. Fue muy difícil llevar adelante esto. Yo escribí el guión, tuve la idea y la registré.

-¿Cómo viviste esta primera experiencia cinematográfica, con el plus de haber sido rodada en tu barrio?
-El Coco Sily me sorprendió para bien. Zonzini armó un equipo de trabajo que casualmente se reunió por primera vez en este bar donde estamos sentados, en Bucarelli y Monroe. Una de las locaciones fue en el espacio de arte El Cultural, de Altolaguirre. La actriz principal es la profesora de teatro del lugar, Pamela Marmissolle, y se lo menciona al barrio. Iba a ser un poco más extenso, queríamos rodar en la Plaza Echeverría, en Monroe y llegar hasta la calle Combatientes de Malvinas. Pero como va a competir en festivales internacionales, debe tener una cierta cantidad de minutos y no pudimos incluir todo.

-¿Sufriste en carne propia los problemas de salud de posguerra?
-Generalmente son los mismos para todos, aunque a algunos se les profundiza. Al comienzo es como una paranoia, pérdida de sueño y sueños recurrentes que tienen que ver con lo bélico. Siempre uno está atento a los aviones: yo estaba en Artillería Antiaérea, entonces hacía una mirada periférica cada vez que veía un avión. Después lo vas intentando superar, pero muchos no pudieron. Hasta el día de hoy existe algo que a todos nos molesta, a pesar de que van a salvar vidas: las sirenas de los bomberos. Es un “flashback” de cuando sonaba la sirena de alerta roja, porque te iban a atacar. Además también te recuerda a las ambulancias o a la policía de la época de la dictadura…

-Pero hay muchos ex combatientes que lamentablemente no lo pudieron superar.
-Sí, hubo alrededor de 500 suicidios. Y un montón de muertos más por las consecuencias de la guerra: tumores, problemas en el páncreas, hígado, corazón y muchas otras enfermedades.

-Salió en algunos medios que hubo censura con tu cortometraje, justo después del acuerdo del Gobierno Nacional con Gran Bretaña por la explotación de hidrocarburos en las Islas…
-Así es. En un primer momento hablé con el Director del Museo Malvinas, Federico Lorenz, que sabe mucho sobre la guerra. Le expliqué lo que estaba haciendo y me dijo que le pareció interesante para proyectarlo en su museo, donde yo no sólo participé de su inauguración sino también de la apertura de la sala de cine. Sin embargo, después me enteré de que no quería pasarla, nos empezó a ignorar.

“Entre dos mundos” tiene a Coco Sily como protagonista.

“Entre dos mundos” tiene a Coco Sily como protagonista.

-¿Por qué?
-Me llegó una carta del Ministerio de Cultura (N. de la R.: Cartera de la que depende el Museo Malvinas) diciendo que este año no se van a proyectar películas de tono bélico. ¡Pero no vieron el corto! No es bélica, habla de las consecuencias de la guerra. Es incomprensible esto. Está convocada a más de 30 festivales, ¿cómo no la van a exhibir? Además la escribió un ex combatiente para ayudar a otros y a sí mismo. Es una vergüenza. Me agarró una furia tremenda. Igualmente respondí bien, con educación y respeto como corresponde. Pero es algo tan necio… Encima la película le iba a quedar al museo para que la pasen en su página web. Ahora, para arreglarla, pusieron una foto mía con un avión Pucará para anunciar un taller literario del que yo no tengo nada que ver. Por suerte pudimos estrenar la película en la UNSAM y también se emitió en Crónica TV, donde siempre están atentos a todo lo que tenga que ver con Malvinas.

Recibido en Administración Pública y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Garcés fue uno de los impulsores del proyecto que derivó en el nombramiento de la calle Combatientes de Malvinas en Villa Urquiza. Además está a cargo de las tratativas para que se coloque una escultura de las islas en la intersección de esa calle con la avenida Olazábal, pero no logra que le den el permiso.
Respecto a la ayuda que deberían recibir los ex combatientes, dice que la Ley 23.109 -que contempla que los atiendan física y psicológicamente- “no se cumple”. Por eso, junto a otro ex combatiente de Villa Urquiza,  logró que se apruebe la Ley 1.636, que comprende también la asistencia a todo el entorno familiar de los veteranos de guerra.

“Carne de cañón”
Cada hombre que luchó en la última guerra de la que participó la Argentina tiene su propia historia. Ramón tiene la suya y cuenta con todos los condimentos para ser digna de una película. Muchos perdieron la vida, pero otros la conservan gracias a él. Juega al vóley desde muy joven -aún hoy lo sigue haciendo y pasó por clubes como el 17 de Agosto, Pinocho, Penacho azul y Círculo Urquiza- y su privilegiado estado físico le permitió esquivar los obstáculos que le presentó el conflicto bélico. Como si su historia no fuese suficiente para llevarla al cine, durante la guerra recibió una carta de apoyo de una joven desconocida. A su regreso, él la fue a buscar. Y hoy es su mujer.

-Un compañero estaba conmigo en el cañón, el día anterior a la rendición en Darwin. Estábamos replegándonos en medio de todas las bombas, imaginate el contexto: frío, nieve, todos mojados, con 15 kilos de peso menos, las bombas que venían de las fragatas, era tremendo. Pasamos por detrás del pueblo y había un lugar con agua estancada y podrida. Yo como estaba bien físicamente, a pesar de la delgadez, salté y me tiré como si fuese en el vóley. Pero me doy vuelta y mi compañero no estaba, se ahogaba en el agua. Volví y lo pude rescatar. Lo abracé para darle calor. En agradecimiento, más adelante, se casó y tuvo un hijo al que le puso Christian, el nombre que tenía en ese momento, y me hizo su padrino.

-¿A qué se debió ese cambio de nombre?
-En Malvinas estaba a cargo de un cañón de 20 milímetros. El 1 de mayo hubo un ataque aéreo y volamos por los aires. Murieron siete de mis compañeros y a mí también me dieron por muerto. Yo volé unos ocho metros y quedé desvanecido, medio sordo de un oído y con un ojo un poco nublado, aunque después mejoré. La saqué barata. Enviaron una lista de muertos a Comodoro Rivadavia y la vieron mis compañeros de la colimba, quienes por suerte no avisaron a mi familia. Por ese error tuve que optar por otro nombre y elegí Christian. Cuando me encontré con ellos no podían creer que estuviese vivo

-Cuando estabas camino a las islas, ¿sentías que los llevaban al suicidio?
-Así nos lo dijo un teniente, muy amable el señor. No nos dio ni las instrucciones, nos enseñó dos días en un pizarrón cómo manejar los camiones antiaéreos. En Puerto Argentino, cuando nos mandaban a Darwin, se acerca y nos dice “ustedes a donde van son carne de cañón”.

-¿Sentías que había posibilidad de dar batalla?
-La verdad que no.

-¿Creés que la sociedad valora a los ex combatientes?
-En general, no. No se toma conciencia y se nos ignoró o nos trataron de “los loquitos de la guerra”. Es cierto que en los últimos años hubo una presencia importante del Estado con la causa Malvinas y eso llevó a que se haga el museo. Donde todavía no quisieron proyectar mi película…

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