Cumplió 80 en mayo, mientras hacía una obra en el Teatro San Martín, pero asegura no sentir esa edad. Ahora está terminando de filmar una película, que se estrenará en 2019. En una larga charla, por momentos a corazón abierto, este prestigioso actor y vecino de Villa Urquiza hace un balance de su carrera, analiza con preocupación el presente del país y de sus colegas y lamenta los cambios que sufrió el barrio.

Por Tomás Labrit
tlabrit@periodicoelbarrio.com.ar

-¿En qué momento de la vida lo encontramos?
-Ya tengo 80 años, pero todavía no me hago la idea. Estamos en un momento muy particular del país y eso, cuando uno tiene determinada edad, molesta. Para que esto cambie van a pasar muchos años y están mis hijos, mis nietos, con proyectos, con su vida. Como actor, estoy en el final de mi carrera. Aunque no lo vivo así, tengo que tomar conciencia de eso. El cuerpo no te responde de la misma manera. Me hubiera gustado tener 80 años y que estuviera todo encaminado, estabilizado, pero no pasa eso.

-Cuando cumplió los 80 en mayo, trabajando en el Teatro San Martín, dijo que no sentía tener esa edad.
-No, para nada. Sinceramente no la siento y la gente también me lo dice. Yo nunca decía mi edad pero me la descubrieron. Creo que uno tiene la edad que aparenta. No te digo que me siento como un pibe de 20 porque te mentiría, pero siempre apuesto a que voy a tener 90 y voy a seguir laburando, 100 y voy a seguir laburando, 110, 120… (risas) El cuerpo ya no es el mismo, por supuesto, pero lo más importante es la cabeza. Es evidente que no tengo la misma rapidez de antes, pero estoy bien.

-¿Tiene inconvenientes a la hora de memorizar libretos, por ejemplo?
-No, por ahí tengo que estudiar un poquito más. Antes lo leía y ya lo sabía.

-Pese a su extensa trayectoria, ¿es una traba la edad a la hora de conseguir trabajo?
-No, me han convocado y lo siguen haciendo. El hecho de estar trabajando hace que te vean, el problema es cuando desaparecés y no saben cómo estás. Además, cada vez se apunta más a los jóvenes. En nuestra profesión y en cualquiera, es un problema para una persona grande conseguir trabajo. En televisión no hay gente grande. En el teatro sí, pero tampoco hay muchas obras. Cuando yo empecé, los grandes eran los que trabajaban. Los galanes tenían 35, incluso 40 años, y las chicas también; eran señoras, madres en algunos casos. Hoy eso cambió y lo que vende es la juventud.

-¿Mira televisión?
-Sí, pero muy poco. Miro determinados programas y películas. A medida que los costos subieron se dejaron de hacer los teleteatros, que empezaban a las dos de la tarde y eran los que generaban trabajo. No es que fueran maravillosos, pero eran mucho mejores que las pavadas que se hacen ahora durante la tarde. Que si éste se casó o el otro se divorció, si se acostó con tal o no sé cuánto…

-¿Tiene una mirada crítica del periodismo de espectáculos?
-Hay periodistas de todo tipo. Pero no es periodístico lo que pasan a la tarde: es el rating. Me da pena que solamente cuente eso. Hay una minoría que no se siente identificada y también tiene derecho a ver un buen programa, una discusión interesante.

“El hecho de estar trabajando hace que te vean, el problema es cuando desaparecés y no saben cómo estás”. (Foto: Silvina Frydlewsky / Ministerio de Cultura de la Nación)

-Siendo un actor nacional, ¿qué le genera ver tantas tiras extranjeras en la TV abierta?
-No las veo pero sé que hay tres o cuatro turcas. Lo que pasa es que son baratísimas y de pronto el público ve una cosa distinta y le puede llamar la atención: otra ciudad y escenografía, otra manera de actuar, caras distintas. No es que sean buenas, son horribles, pero la gente se prende y les gusta. Acá cuando se hacen buenos programas funcionan. Un gallo para esculapio, por ejemplo, o Signos, que hice con Julio Chávez, pero requieren de otra inversión. Es un problema económico.

-¿Los años junto a Tato Bores fueron el pico de su carrera?
-Fueron importantes, pero porque estaba Tato. Él me daba el espacio y la posibilidad de divertirse con lo que yo hacía. Tato me dio una pantalla muy importante. Ahora tenemos muy presentes sus programas porque todo se repite.

-Es impresionante la vigencia que tienen los monólogos de Tato. El dólar, la inflación, el peronismo y el radicalismo…
-El otro día estaba releyendo uno de los libretos y decía lo mismo con otras palabras. Hablábamos de Cavallo, de Don Saúl, de los empresarios…

-Al principio de la charla lo noté preocupado por el presente del país.
-Si no te preocupa es porque estás lleno de plata. Incluso la gente que votó a este gobierno se pregunta por qué lo hizo. Yo siempre digo que podés coincidir con las ideas y los proyectos y estar totalmente convencido como votante, pero lo que no acepto es que la gente vote por odio. Me parece la estupidez más grande del mundo.

-¿Cree que en la última elección presidencial se votó así?
-Sí, claro.

-¿Por odio al kirchnerismo?
-Claro. ¿Sabés qué? Si a vos no te interesa ni uno ni otro, votá a otra gente que quizá no va a llegar a Presidente pero puede entrar al Congreso y te va a defender. Hay que dejar de votar por odio.

-¿Se sentía identificado con el modelo anterior?
-No pertenezco a ningún partido político. No soy kirchnerista ni peronista, tampoco macrista. Por supuesto hay cosas que hizo el kircnerismo que están bien y otras que están mal y eso es lo que uno tiene que saber diferenciar.

-¿Votaría a Cristina si se presentara el año que viene?
-No lo sé, todavía no definí a quién voy a votar.

-¿Y a Macri?
-No lo voté y no tengo pensado hacerlo.

-¿Le seduce algún otro candidato?
-Hasta ahora, ninguno. Hay cada candidato… ¿Sabés cuál es el problema? Este Gobierno pidió más plata para el año que viene poder pagar los intereses del préstamo, no para invertir. El Gobierno que suba va a tener una espada de Damocles arriba. Esta es peor que la época de De la Rúa, porque la deuda es tres veces mayor. Esas son las cosas que hay que mirar. Estamos en un momento terrible, aunque los medios no lo pasen. No confío en que el Gobierno que venga pueda solucionar el problema en dos o tres años, por eso te hablaba de mi edad. Mi nieto, hoy, sacó su pasaje para irse del país. Con otro socio tenía una pyme hace años y se fundieron. Es mucho dolor para mí (se sensibiliza). Le iba bien, el dólar se fue a las nubes, los productos que él compraba eran importados y no pudo competir con los grandes.

-¿Qué edad tiene?
-27 años. Y se va… A mí me duele en el alma.

Cumplió 80 años en mayo pasado, mientras hacía “El Casamiento”, de Witold Gombrowicz, en el Teatro San Martín.

-¿Padece la crisis en su economía personal también?
-Claro. Arreglás un sueldo para el año que viene y te encontrás con que ya no sirve. Te cuento esto nada más: como quiero pintar mi casa, fui a la pinturería que está en la esquina, en Constituyentes y Olazábal, donde siempre he comprado. Entre los clientes salió el tema de lo que cuestan los materiales y los pintores y uno dijo: “A mí ya me pasó esto con De la Rúa. Durante casi tres años no conseguí trabajo, aunque hacía colas en todos lados”. Entonces yo le respondí: “Este momento es peor. En la época de De la Rúa, la luz, el gas y el agua no costaban nada y hoy tenés un gasto en dólares”.

-¿Es el peor momento económico-político que vivió en sus 80 años de vida?
-Es un momento muy malo del país. Por ejemplo el vecino de enfrente un día viene corriendo y me dice que les llegaron 25 mil pesos de agua entre tres PH. Son todos jubilados y están desesperados. El problema son los jubilados. Yo cobro la mínima, pese a tener 37 años de aportes.

-¿Cómo ve la situación de otros colegas, que perdieron el trabajo y no pudieron reinsertarse en el medio artístico?
-Hay gente que directamente no tiene plata y va a la Casa del Teatro o la mantiene los hijos. Es terrible. Y son actores con trayectoria… Pero, si no juntaste un manguito, es muy difícil. Hoy me desespero si no llego a tener laburo porque pienso ¿cuánto aguanto? ¿Dos o tres meses? Vos a la mañana te vas al trabajo y volvés a la noche, pero un viejito, en invierno, está en su casa muerto de frío y quiere encender la estufa. O en verano tiene calor y quiere prender el aire, pero no tiene un mango. No hay sensibilidad por el otro y eso me pone mal.

-Uno de los rubros que es especialmente afectado por las crisis económicas es el teatro, porque en gran medida depende del poder adquisitivo de los espectadores. ¿Cómo está actualmente el ambiente?
-Los empresarios están penando. A principios de 2016 estaba haciendo en El Picadero la obra Jugadores (N. de la R.: Junto a Daniel Fanego, Luis Machín y Osmar Núñez). Se venían pagando siete u ocho mil pesos de luz y de la noche a la mañana llegaron 18 mil. Además, el espectáculo no andaba bien. Sé que entre luz, calefacción y agua -hay baños y un barcito- se llegaron a pagar algo de 60 mil pesos en total. Si llenás la sala quizás podés pagarlo, pero si el espectáculo no anda bien, es muy difícil. Los costos subieron, pero tenés que cobrar una entrada lo más barata posible porque la gente no tiene guita. La obra social de la Asociación Argentina de Actores está en la debacle porque no entra plata, cuando antes tenía superávit.

-Este año actuó en el Teatro San Martín. ¿Ya se notaba la merma de espectadores?
-Sí. El San Martín de la época de oro, donde se veía la sala llena, no existe más. Y eso que la entrada es muy barata. Pero la gente también tiene otros problemas. Pensá que, si no encontrás estacionamiento, tenés que dejar el auto en una playa y te sale un fangote. Y después tenés que ir a cenar. Estamos mal, no jodamos. Yo no lo voté, pero de verdad no deseo que haga un mal Gobierno. ¿Me entendés? Lo que deseo es que diga que se equivocó.

En “Soy Luna” (2016), comedia infantil de Disney Channel.

-Muchos de sus colegas han sido criticados por haber manifestado públicamente su identificación partidaria. ¿Qué opina de eso?
-Estoy en desacuerdo con perseguir a alguien por cómo piensa. En Estados Unidos he visto a De Niro hablando mal de Trump en los Oscar y hay una parte que aplaude y otra que no. Lo que quiero decir es que acá hay actores a los que les gusta Cristina y otros que están al lado de Macri. ¿Qué tiene que ver eso con su profesión? Son sus ideas y tienen la libertad de expresarlas.

-En su extensa carrera actuó en teatro, cine y televisión. ¿Cuál es su medio predilecto?
-Teatro fue lo primero que hice y tiene algo que no tienen ni el cine ni la televisión. El teatro es del actor, la televisión del productor y el cine del director. En el teatro, el actor tiene tiempo para ensayar, para trabajar, para pulir. Escuchaba decir a De Niro que nunca quiere empezar a filmar una película porque arrancás con una escena que es la última y no sabés cuál es la primera y nunca ensayaste la película completa. En el teatro, en cambio, vas creciendo, conocés a los actores en profundidad, mientras que en el cine el guión es del director. Y en televisión es el productor el que te da el libreto y no tenés tiempos. Lo lindo de los programas es cuando duran mucho y te permiten ir creando y descubriendo el personaje, como por ejemplo me pasó en Montecristo (N. de la R.: Lisandro Donosso, su personaje, le valió un Martín Fierro como mejor actor de reparto en drama. La novela se emitió con gran éxito por Telefe en el año 2006, con Pablo Echarri, Paola Krum y Joaquín Furriel, entre otros).

-¿Es la versatilidad la característica que mejor lo define como actor? En su carrera transitó desde la comedia hasta el drama.
-Yo tuve esa posibilidad, pero no todos mis colegas la tienen. Tuve la suerte de que no me encasillaran. Algo de eso lo busqué, de pronto por aceptar una propuesta y no otra.

“La Niñera” fue, junto a “Montecristo”, uno de los programas de TV más exitosos en los que participó.

-A los 80, se lo ve activo. De hecho está terminando de grabar con Betiana Blum una comedia -“El día que me muera”- que se estrenará el año que viene. ¿Qué balance hace de su carrera? ¿Le gustó, se reprocha algo?
-Tuve suerte y me ocupé de crecer y seguir estudiando. Nunca creí que había llegado como actor. Todavía hay cosas que no sé y tengo que profundizar más. Además yo escucho a todo el mundo. En los ensayos siempre planteo de entrada que si alguien me quiere decir algo con respecto a mi laburo, por favor lo haga. Yo sigo aprendiendo.

-Para terminar, hablemos un poco de Villa Urquiza. Llegó en 1970 y desde hace un tiempo vive en Mendoza y Constituyentes. ¿Cómo ve al barrio y el fuerte crecimiento inmobiliario que experimentó?
-Con pena, por las hermosas casas que había. Villa Urquiza se convirtió más en una ciudad y dejó de ser barrio. De los que viven en el edificio de enfrente no conozco a nadie. Solo veo los coches que entran y salen. Ninguno me dice “hola, qué tal, buen día”. Se perdió el contacto personal con los vecinos. Esta era una zona tallerista, por eso era más barata y no se podía edificar. En el primer reportaje que hice con el periódico anticipé que Villa Urquiza se iba a convertir en Belgrano.

-Pese a los cambios, sigue eligiendo el barrio.
-Es que está mi familia. Uno de mis hijos vive en Parque Chas y mi hija en Villa Urquiza. Algún día venderemos esta casa porque es muy grande para nosotros, pero no quiero irme a un departamento; eso ya lo decidimos con mi mujer.

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