En la década del veinte Gerildo Lanfranconi, un operario de la empresa Pirelli, decidió crear su propio negocio alquilando unos terrenos en Pinto 3740, barrio de Saavedra. Su objetivo era dedicarse a la elaboración de productos derivados del caucho. Hasta que una genialidad lo convirtió en un empresario exitoso.
En 1936 Lanfranconi creó la célebre pelota de goma Pulpo. Para ello ideó un sistema que le permitió inyectar goma de color rojo sobre la goma blanca, lo que determinó su rayado tradicional. Tiempo después, al rojo se le agregó el azul. El nombre de la pelota se originó en el apodo con que se conocía a Gerildo, por la fortaleza de sus brazos.
Ante las reiteradas crisis económicas del país y la excesiva urbanización que sufrió Buenos Aires, la pelota de goma ya no fue requerida por los nuevos chicos y dejó de producirse en 1994. Es la metáfora de la industria argentina del siglo veinte, el símbolo de un país hecho de goma. Sólo sobrevivió a la Pulpo el edificio donde se fabricaba.

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