Caminar o conducir por calles que no están correctamente señalizadas se tornó en una situación habitual en la Comuna 12. Esto debe ser rápidamente corregido, para orientar a aquellos que no conocen nuestros barrios. Si de falta hablamos, también brillan por su ausencia los contenedores donde se depositan residuos reciclables.

Por Sergio Calandra
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Hoy en día contamos con información clara y precisa al instante. La tecnología nos invade las 24 horas por todos los ámbitos: vivimos entre emojis, memes, noticias y flyers publicitarios que nos llegan a través del whatsapp, las redes sociales, los mails y la televisión, entre otras plataformas. Sin embargo, esta inmediatez contrasta con la desinformación reinante en la vía pública porteña, por ejemplo con los carteles indicadores de nombre, altura y sentido de circulación de las calles. Es increíble que, en el año 2018, todavía esté ausente esta vital señalización en muchas zonas de la Ciudad.
Les propongo, señores lectores, que algún domingo por la tarde que estén aburridos recorran algunas cuadras de su barrio, prestando especial atención a las esquinas. Seguramente se asombrarán al notar que muchas de ellas son cruces fantasmas, sin ningún tipo de cartel: ni los adheridos en la parte alta de las propiedades, ni aquellos suspendidos en los postes. Menos aún los pescantes ubicados en las intersecciones de avenidas importantes.

La esquina de Colodrero y Rivera, Villa Urquiza, es un claro ejemplo de la ausencia total de carteles indicadores de calles.

Los que más resisten son los carteles antiguos, que desafían el paso de los años y las inclemencias climáticas, o los que están patrocinados por empresas, generalmente de telefonía (por ejemplo Claro y Sony Ericsson, una marca de celulares que, paradójicamente, hace tiempo dejó de venderse). El mobiliario urbano en la Ciudad fue licitado y adjudicado desde hace ya varios años a distintas empresas pero a nuestros barrios, que no son céntricos ni de alta circulación de personas y vehículos, pareciera que todavía no les llegó la modernización. Ha pasado un tiempo más que prudencial para que todo el material se renueve y ya esté instalado.

Estos viejos carteles con publicidad siguen estando presentes. Los nuevos todavía no llegaron a muchos rincones de la Comuna 12.

¿Y las campanas verdes?
Por otro lado, la limpieza del espacio público es un aspecto de la vida ciudadana que está íntimamente relacionado con la educación y la cultura. Si lo analizamos desde el punto de vista presupuestario, la recolección de residuos es el servicio que más porcentaje representa en la recaudación impositiva.
Sin embargo, si no se instrumentan los medios para que los ciudadanos desechen sus residuos de manera correcta y prolija, la vía pública se convierte en un basural. Felicitamos al Gobierno porteño por las campañas de concientización sobre el reciclaje que se están difundiendo en los medios, pero recordamos que en nuestra Comuna 12 -quizás en otras también suceda- faltan las llamadas campanas verdes.
Cabe recordar que, con la llegada de la contenerización, se generaron molestias por el cambio de hábitos en los porteños, a saber:

* No poder dejar más las bolsas de residuos en los canastitos y cestos de la puerta de los domicilios. Como ocupaban el espacio público, los propietarios fueron intimados a retirarlos o en caso contrario fueron quitados de hecho por el Gobierno de la Ciudad.

* Inicialmente, los contenedores eran más pequeños y livianos, con tapas de color naranja, pero luego este tamaño no sirvió ya que no daban abasto. Se colocaron modelos más grandes, con sistema de apertura de sus tapas con pedales en ambos laterales. Por este motivo, el espacio para estacionar en las calles se redujo. A su vez, quedó un área mínima para que los camiones recolectores puedan maniobrar.

* A partir de este nuevo sistema, los encargados de edificios deben recoger lo residuos que separan en origen los propietarios y trasladarlos hasta los contenedores. Realizan esta tarea de 20 a 21, con un plus en su sueldo.

* Al principio nadie quería tener en la puerta de sus viviendas estos megacontenedores, por sus olores y ruidos varios que producen con la carga y descarga. Además, cuando colapsan, se llenan de basura a su alrededor. Imprudencia de los vecinos en ese caso.

Con el tiempo muchos de estos puntos fueron aceptados por la comunidad, pero en la Comuna 12 faltó que se colocaran las campanas verdes como las ya existentes en otras zonas de la ciudad, para depositar los residuos inorgánicos separados en origen por los vecinos. En Villa Urquiza, Saavedra y Coghlan, al día de hoy, estos contendores brillan por su ausencia, salvo contadas excepciones. En Villa Pueyrredon sí fueron instalados desde el año pasado.

Estos coquetos cestos de basura, que fueron reemplazados por los contenedores, ya no pueden estar más en las calles de la ciudad porque ocupan el espacio público.

Los puntos verdes no alcanzan
Afortunadamente los niños ya tienen incorporada la separación en origen de los residuos, un hábito que además se lo transmiten a sus padres. Pero sucede que, cuando realizan correctamente este deber, se topan con que no están las campanas verdes en su cuadra. Entonces todo el material termina en el mismo contenedor y se mezcla con los residuos orgánicos. Así es transportado a las plantas intermedias de la CEAMSE en Capital Federal, donde se inspecciona la basura otra vez en cintas, para separar lo orgánico -que va a los rellenos sanitarios- y lo inorgánico, destinado a las cooperativas que recuperan materiales que se pueden procesar, reutilizar y vender.
Si bien fueron instalados puntos verdes en las plazas, como la Echeverría o la Zapiola, no todos los vecinos tienen el tiempo y las posibilidades físicas de acercarse hasta allí para transportar los residuos separados. Es por esto que deben existir campanas verdes más cercanas.
En algún momento las autoridades municipales y las empresas de limpieza justificaron que no se colocarían aquí por tratarse de zonas de baja densidad poblacional, donde no serían utilizadas en su máxima capacidad de carga, en comparación con otros sectores donde proliferan muchos edificios.

Al túnel de Pacheco, en Villa Urquiza, le falta una limpieza periódica. Se junta gran cantidad de residuos y papeles que lo torna en un foco de suciedad permanente.

Suciedad bajo nivel
Ya que de limpieza hablamos, hace mucha falta en los viaductos, particularmente en el de la calle Pacheco, en Villa Urquiza. Papeles y diarios aparecen revoloteando por todos lados, debido a la corriente de aire generada por el paso de los vehículos. Y a la falta de respeto de los peatones y conductores, claro.
Además, en horarios nocturnos el sapito de Pacheco también sirve de refugio para personas en situación de calle, que a veces dejan sus pertenencias y restos de comida en la pasarela peatonal. Se debería reforzar la periodicidad en la limpieza del sector, ya que presenta un aspecto bastante desprolijo y es un foco de suciedad y de malos olores.

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