Jorge Enrique Álvarez llegó al club en 1993, de la mano del descubridor de Juan Román Riquelme. Integrante del plantel campeón de la B Metro en 2006, ahora “Quique” dirige a la 8ª División del club y también juega para el equipo Senior. “Platense es mi segunda casa”, asegura este cinco metedor.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Qué es de tu vida?
-Dejé de jugar hace dos años en el Federal B, en Atlético Uruguay. Luego estuve dirigiendo una escuelita de fútbol en Don Torcuato y en febrero de este año, gracias a la mano que me dio el presidente Fernando Wendt, agarré la 8ª División de Platense, con Pedro Bocca como coordinador. Estoy muy contento, enseñándoles a los chicos lo que es este club y formándolos de a poco.

-¿Es difícil ser DT?
-Mucho más que ser jugador, porque tenés que estar en todos los aspectos. En lo profesional tenés que hacer hincapié en la planificación, ver al rival… Pero en la formación hay cosas que no podemos dejar a la buena de Dios. Hay que estar encima del chico y explicarle. Me preparé para estar en esta etapa y para el día de mañana pasar a lo profesional.

-¿Hiciste el curso de DT?
-Sí, estoy recibido en AFA. Fue una experiencia muy buena y aprendí mucho. Hace tiempo soñaba con dirigir las inferiores, porque estoy acá desde 1993. Platense es mi segunda casa.

-¿Cuesta hacer hincapié en la formación y no tanto en los resultados?
-Eso es fundamental y te cuento algo para demostrártelo. En 1996 salimos campeones con la 8ª División de Platense. Si bien el título fue muy importante para nosotros, porque jugamos contra Boca, contra el River de D’Alessandro y Saviola, el Estudiantes de Colotto y el Rosario Central de Lucho Figueroa, nadie lo recuerda. Por eso hay que priorizar la formación: el juego, la comida y el estudio. Además del fútbol, los chicos se tienen que formar como personas. Ojalá les pueda dejar una enseñanza.

-¿Qué recordás de tus primeros años en el club?
-Llegué en octubre de 1993, gracias a Jorge Rodríguez, famoso por descubrir a Juan Román Riquelme. Tengo grandes recuerdos de él, junto a Luis Acosta y Héctor Spido. Cada vez que los veo les agradezco, me han ayudado mucho en lo económico y en lo humano. Jugábamos en Benavídez porque ese año recién estaban haciendo la cancha en Galván. Estaba Pradito, que sigue acá. Ese año arranqué y seguí hasta la 4ª División. En el 96 ganamos el Clausura con la 8º y después le ganamos la final al Boca de Christian Giménez, que tenía a Mauricio Macri como presidente. Para nosotros fue como el campeonato del mundo. Esos años peleamos siempre arriba con los mejores. Disfruté mucho las inferiores.

-Y llegaste a Primera…
-Sí, en 1999 salí elegido como mejor jugador del club. Recuerdo que llegó el Tata Martino y su ayudante de campo me llevaba siempre a la Reserva. Se hablaba de que iba a ir a la pretemporada, pero cuando se fue Martino asumió Jorge Rodríguez y me bajó. Fue un golpe duro, porque estaba ahí. Después Rodríguez se fue a Acassuso y me pidió para jugar en la Primera C. Tal vez fue una locura bajar dos categorías, pero yo quería jugar y además necesitaba un sueldo para llevar a casa. En 2003, ya con Platense en la B Metro, Fabián Desarrasqueta me llevó a la pretemporada y seguí en el club.

-Luego de Heriberto Correa, llegó Teté Quiroz…
-Sí, hizo un campañón. Yo estaba para lo que necesitaran, pero jugaba poco porque, como era metedor me sacaban siempre amarilla. Fue una lástima ese año el desenlace contra Tigre. Después vino el Flaco Martínez, con quien empecé a jugar un poco más y más tarde el Tano Stagliano. Él me pedía que jugara por derecha, por izquierda, arriba… Donde sea, yo le decía que sí. Por ahí no era mi función, pero no me hacía problemas. Siempre fui así.

Desde febrero de este año, Quique Álvarez está a cargo de la 8ª División de Platense.

-Uno recuerda que, si bien no eras de los más habilidosos, cumplías siempre y la entrega nunca estaba en duda. Y hasta metías algún golcito cada tanto…
-Claro, pero como era metedor la gente piensa que por ahí solamente metía patadas, pero nunca revoleé la pelota. Daba pases cortos y largos, cambios de frente, era un cinco clásico. Me considero un jugador táctico, por eso jugué en varias posiciones.

-Recuerdo un gol en cancha de Tristán Suárez, de cabeza, entrando por izquierda.
-Sí, el Tano ese día me puso por izquierda. Después pasamos a la final con Chacarita.

-¿Qué se te viene a la mente de aquel horrible 9 de julio de 2005, cuando perdieron la promoción con Chacarita en cancha de Racing? Me acuerdo del llanto desconsolado del Mono Martín Madrid por ese maldito penal errado…
-Y sí… Cuando ataja el penal Maxi Gagliardo, de contra cobran penal para nosotros. Cuando agarra la pelota el Mono, que es año había sido el mejor jugador, directamente ya nos íbamos para que saquen ellos del medio, porque teníamos esa confianza. Ese grupo, sumado al que ascendió el año siguiente, tenía una confianza tremenda en el compañero, porque sabía lo que podía dar el otro. El Mono es un amigo, un hermano. Nos abrazamos en el vestuario y no parábamos de llorar. Era lo que más queríamos y no se nos dio. Era para nosotros.

Hablame del año del campeonato, que fue el siguiente.
-Te cuento una intimidad: hace unos días, mi suegra me trajo unos VHS del partido contra Estudiantes de Buenos Aires en cancha de ellos. La entrega que tenía ese equipo era tremenda. Venía el Beto Acosta, trababa con la cabeza y, si lo pasaban, atrás te agarraba Guille Báez y le metía. Y, a la hora de jugar, jugaba. Estaban Charly Lovera, Dani Vega y el Mago González, que era increíble como la movía. Teníamos la mentalidad de que íbamos a ganar.

-Aquel día que se perdió con Talleres de Escalada, en cancha de El Porvenir, parecía que se terminaba todo…
-Sí, tal cual, pero se dieron otros resultados que nos dieron aire y resurgimos. Hubo varios momentos difíciles, como el del cambio de técnico. Pero los del club lo entendemos, porque vimos a Platense en Primera y nos acostumbramos al enojo de la gente. Tanto yo como el Mono, Ramón Rojas y otros tantos, cuando salimos campeones y luego nos tocó irnos a otros clubes, nos fuimos con la sensación de haber cumplido. El grupo logró algo difícil en un club complicado en el sentido de la presión.

-Por eso el hincha los recuerda siempre, porque Platense no ganó muchas cosas en su historia.
-Ojalá Platense agarre una ola ganadora, como le ha pasado a muchos clubes del ascenso que hoy están a Primera. Por eso dolió tanto aquel gol de Temperley sobre la hora hace un par de años. Hoy podríamos estar ahí arriba.

-El 2006 fue un año inolvidable porque también nació tu hijo. Recuerdo la panza de tu señora ahí abajo, alentando en la platea…
-Sí, fue un año que no volví a vivir. Siempre soñé con salir campeón en el club, aunque sea la tercera categoría; para mí era la Copa del Mundo. Eso y las cosas que viví con mi señora, porque nació mi hijo unos meses después, fueron espectaculares.

-Ahora estás jugando para Platense Senior.
-Sí, hace dos años. El año pasado perdimos la semifinal, pero siempre peleamos arriba. Juegan el Mono, el Rata Rodríguez y el Negro Coria. Está el papá de Espina como DT, un fenómeno. Seguir entrando a la cancha y representando al club con estos colores es hermoso.

 -¿El torneo es oficial?
-Sí, jugamos con todos los de la B; hay descensos y ascensos. Se armó un grupo bárbaro. Hay varios que no llegaron a Primera pero que jugaron en inferiores. Ahora estamos terceros y con chances de terminar segundos para una final por un ascenso. Disfruto jugando al fútbol.

-¿Seguís jugando de volante?
-Sí, aunque cuando falta un central me ponen ahí. Estoy un poquito más lento pero bien.

 -¿Le querés decir algo al hincha, que siempre te recuerda por el campeonato?
-Mandarles un abrazo enorme y pedirles que sigan apoyando a la Primera de Platense. Aunque por ahí a veces se enojen, el jugador sabe que siempre están. Ojalá se agarre esa racha y en un par de años volvamos a Primera.

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