En Mariano Acha 2850, con apenas 14 años, Johnny Tedesco gestó la que para muchos es la primera canción de rock en español. La grabó en 1961, vendió cientos de miles de discos e integró “El Club del Clan”, exitoso programa de televisión. Decidió tomar distancia de su asfixiante fama y, tras intentar regresar a los escenarios, descubrió que había sido olvidado. Hoy continúa brindando shows y sueña con tocar en el Teatro 25 de Mayo.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Es un lunes caluroso de noviembre. Estamos compartiendo un café, en una galería de Santa Fe y Callao, con el primer artista que grabó, en español, un tema de rockabilly en Sudamérica. Fue en 1961, seis años antes de que Los Gatos registraran La balsa, canción considerada como la piedra fundamental del rock nacional. Gustavo Cerati reconoció ser fanático de él, tanto que de niño lo imitaba en las fiestas familiares. El Flaco Spinetta, Palito Ortega y Federico Moura son otros de sus “fans inconfesos”.
Johnny Tedesco es una leyenda viva de nuestra música popular. Fue el primer y acaso mejor intérprete del género que, popularizado en los Estados Unidos por Elvis Presley, revolucionó a los jóvenes de todo el mundo desde mediados del siglo pasado. Cuando muy pocos lo hacían, él irrumpió desde la televisión para cautivar a los adolescentes de los años 60. Tuvo fama, mujeres, dinero y autos descapotables antes de los 18. Apenas había cruzado el umbral de los 20 cuando, abrumado por el éxito, decidió exiliarse de la escena musical vernácula. Cuando tras algunos años sabáticos quiso regresar, el rock nacional había adoptado otra identidad y él no fue invitado a esa fiesta.
Hoy, a los 72 años, Johnny evoca sin reproches su decisión de salirse de foco. Para él hay otras prioridades, como la familia. “En las comidas familiares los Tedesco llegaban a ser 40 personas”, se enorgullece. La sola mención de Villa Urquiza lo enciende: “Iba a los clubes Apolo y Núñez. Tomé la comunión en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen e iba a comer pizza en La Ideal”, cuenta el artista que hoy, sin necesidades económicas, toca en bingos, shows empresariales y fiestas privadas. “Extraño los escenarios, pero me las rebusco”, dice Johnny, quien solía ensayar en el Teatro 25 de Mayo y se ilusiona con dar un recital allí algún día.
Por esas cosas del destino, Johnny no fue jugador fútbol. A pesar de ser hincha de Boca, este zurdo habilidoso era de chico socio de River. “Iba a la pileta, representaba al club en gimnasia con aparatos y fui fanático de Pinino Mas. Jugué casi tres años en las inferiores. Mi viejo apostaba que yo iba a ser jugador de fútbol. No imaginaba que terminara sobre un escenario, porque yo era tímido. Era imposible, no lo concebía”, cuenta Johnny.
Con su jopo rubio y dos faros celestes, Tedesco tuvo un éxito rotundo en Venezuela y en Estados Unidos, donde tocó en el Festival Latinoamericano de la Canción. “Me sorprendió mucho llegar a lugares donde no me conocían, pero subía al escenario con la banda armada y los tipos se volvían locos”. Johnny estuvo cuatro años haciendo shows en el exterior entre 1967 a 1970. Él dice que esa gira le hizo perder vigencia en Argentina. Curiosamente, su figura es reconocida en el mundo. En febrero encabezó el festival de rockabilly más importante de Europa, que se realiza en Málaga. “No me gusta decirlo, pero no soy profeta en mi tierra”, reconoce con cierta resignación.

-¿Cómo llegó a conocer el rock?
-Fue a través de Eddie Pequenino, un tipo fuera de serie y un músico extraordinario. El también era de Villa Urquiza.

-¿O sea que el rock argentino nació en el barrio?
-Seguro. Él tenía una banda que hacía covers. Y en 1961 yo fui el autor y compositor de El rock del Tom Tom, que fue la primera canción rocanrolera en castellano hecha por un argentino.

-¿Antes de ese tema no había canciones locales?
-Sí, pero covers. Estaban Billy Cafaro, Rocky Pontoni, Johnny Carel

-A su tema se lo definió como una pieza de rockabilly…
-Sin dudas. Era lo que tocaban los grupos pueblerinos en los Estados Unidos.

-¿El rock del Tom Tom lo grabó en los estudios de Saavedra de la RCA?
-No, en los estudios de Bartolomé Mitre y Riobamba. Tiempo después grabé en Saavedra.

-¿Cómo llegó la oportunidad de grabar?
-Yo estaba haciendo un programa los domingos en el que bailaba folclore. Se llamaba “Estampas y variedades” e iba por Canal 7. Estamos hablando de fines de los 50. En esa época yo ya estaba enfermo por Elvis Presley y cantaba Don’t be cruel, Hard Headed Woman y otros temas.

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-¿Qué le atraía de Elvis?
-Expresaba lo que yo no sabía expresar y hacía lo que yo quería hacer. Pudo canalizar en la música la actitud que tenían personajes de la época como James Dean y Marlon Brando.

-¿Usted era en ese momento el artista que mejor tributaba a Elvis?
-Yo no hubiera sido Johnny Tedesco si no hubiera existido Elvis Presley. Lo tributaba desde la admiración, no desde la imitación. Es único, no podés imitarlo porque no te sale. Sí podés tomar su estilo.

-¿Fue consagratoria esa actuación haciendo a Elvis en la tele? Tenía apenas 14 años…
-En ese momento era un poco atrevido. De hecho al canal llegaban cartas de madres quejándose porque decían que era obsceno mostrar a un chico haciendo movimientos pélvicos. Era el Elvis que tenía adentro y que no podía manejar…

-Aprendió a bailar folclore por su tío. ¿Cómo adoptó los pasos del rock?
-Aprendíamos en la calle, mirando las películas. Acá teníamos una de Éber y Nélida Lobato, donde bailaban rock. Era buenísima (N. de la R.: Venga a bailar el rock, de 1957).

-¿La vio en los cines de Villa Urquiza?
-Claro, en el 25 de Mayo y en el 9 de Julio. ¿Siguen existiendo?

-No, el 25 de Mayo quedó como teatro.
-¡Qué maravilloso barrio! Se me pone la piel de gallina… Me acuerdo mucho de las cosas que hice ahí. Eso me marcó.

-¿Cómo llegó a grabar su primer disco?
– En esa época yo estaba viviendo en Conesa y Republiquetas. Ricardo Mejía, que era el director de RCA Víctor, me vio en televisión y me mandó una tarjeta a través de un muchacho que era de mi barrio. “El director quiere que te presentes en los estudios”, me dijo. Empecé a temblar y me guardé la tarjeta. Como a las dos semanas la descubrió mi padre: no le había dicho nada porque no me atrevía. Siempre fui muy tímido, exageradamente tímido. Te doy un ejemplo: yo cantaba las canciones de Elvis y cuando entraban mis padres a mi cuarto, me callaba. No podía cantar, me daba mucha vergüenza. Ahora, me ponías en un escenario y era otro tipo. Una cosa rara.

-Al revés de muchos, que tienen miedo escénico.
-Cuando mi viejo vio la tarjeta me llevó de las pestañas. Había no menos de 60 chicos que estaban tomando pruebas. Yo me senté con mi guitarra a esperar. Apenas me vieron descubrieron que era el de la televisión. Me sacaron de la fila, me llevaron a un estudio y me pidieron que cantara algo. Hice Zapatos de gamuza azul y El rock del Tom Tom. Después me pidieron que me aprendiera una canción (Vuelve primavera) y que volviera el lunes siguiente. Cuando regresé había un baterista y un contrabajista. Hice tres tomas y después me escuché por primera vez en mi vida. La sensación fue espantosa, no me gustó mi voz. Y yo que me creía Gardel… Estaba bajoneado mal. Pero el director artístico me felicitó y me dijo “Andá a tu casa, descansá y mañana a la mañana prendé la radio que te vas a escuchar. ¡Acabás de grabar un disco!”. Es muy fuerte (se emociona).

-Todavía lo conmueve…
-Es que es muy fuerte para un pibe de 16 años… Igual en el barrio ya era la figurita conocida. A la semana no me resultaba fácil caminar por la calle. Cuando me vieron en “Escala musical”, que fue donde debuté en televisión como Johnny Tedesco, se acabó: ¡me tuve que ir del barrio!

-O sea que Villa Urquiza fue testigo de su nacimiento como artista…
-En Villa Urquiza hice todos mis ensayos y fue donde preparé El rock del Tom Tom para dar la primera prueba. Fue en Mariano Acha 2850, en la casa de mi abuela.

-¿Sentía que tenía condiciones para triunfar?
-Me impresionaba que se sorprendieran de mi canción. Eso fue un impacto muy fuerte.

-¿Fue la bisagra que cambió la situación económica de su familia?
-Totalmente. En aquella época los contratos no eran muy ventajosos, sino normales, pero para una familia híper humilde como la mía fue importante. Al mes empecé a hacer muchos shows.

-Su padre era cantante de tango, pero no tuvo su misma trascendencia. ¿Cree que fue como una revancha para él?
-No sé, nunca se lo pregunté, pero sí sé que estaba muy orgulloso. Me acompañó hasta donde pudo constantemente. Mi viejo era un exagerado cuando hablaba de mí. Él decía que yo era el mejor del mundo (risas). Lo extraño mucho.

-Imagino que su autoestima era altísima en esos tiempos…
-A pesar de seguir siendo tímido y de perfil muy bajo, mi vida cambió totalmente. Te doy un ejemplo: fui el primer chico del barrio en tener un auto. No tenés una idea lo que era tener un auto a principios de los 60. Aparte soy un fanático de los fierros. Primero tuve un DeSoto 47 y, como me gustaba algo más a lo Elvis, después me compré un Cadillac 61 descapotable. Era una llamarada, acá no se veía fácilmente.

-¿Cómo es tener tanta fama de golpe, siendo chico?
-No estás preparado. Hubiera sido muy interesante que alguien de mi entorno estuviera en el tema porque, a pesar de que mi tío era coreógrafo y bailarín, no tenía la información de cómo se debía manejar un artista. En principio lo tomé con mucho agrado, era lo que cualquier chico deseaba: trascender, ser conocido. Además está el impacto económico. Pero después uno aprende con el tiempo que lo que debería hacerse en ese momento es ser agradecido. Y sin embargo no lo sos, porque escapás. El acoso es muy pero muy intenso. Cuando me mudé a Palermo, en 1964, tenía una guardia de 20 chicas en la puerta. Para irme de casa era todo una historia. He salido disfrazado o llegaba a la madrugada para no encontrarlas. Porque era un arrebato, no sólo firmar un autógrafo. Venían con tijeras para cortarme un pedacito de jopo o suéter. Era una cosa tremenda. Si te agarra bien parado, con una buena espalda, es fantástico. Si te agarra como a mí, es desequilibrante.

-En estos casos siempre se habla del riesgo de caer en adicciones. ¿Tuvo inconvenientes en ese sentido?
-Está buena la pregunta, pero vamos a hacerla más fácil: ¿cómo fue Johnny cuando surgió y cómo es Johnny hoy, sin jopo y más viejo? Mi vida tiene un solo significativo: se llama familia. Siempre fui familiero, lo sigo siendo y moriré familiero. Mi placer es llegar a los fines de semana para juntarme con toda mi familia. Nunca fui de la noche, a pesar de que tuve un boliche. Iba solamente al mediodía, cuando mi contador me mostraba la recaudación de la noche.

tedesco-5-a-¿No le gustaba ese ambiente?
-No tenía la costumbre de ir a bailar. Cuando todos iban a bailar, yo ya estaba tocando la guitarra y cantando en la televisión. Era imposible…

-Decidió enfocarse en lo artístico.
-Me encapsulé ahí. Mi familia me adora, me ha rodeado toda la vida. Siempre fui un chico muy querido por todos los Tedesco y los Soria. Y a mí que no me gustaba (risas).

-¿Cómo hizo con las mujeres? Se peleaban por usted…
-Nada fue fácil, porque todos pensaban que yo tenía un harén. ¿Cómo hacés cuando vienen de a cien para entablar una conversación? No hay posibilidad. Y cuando eso se termina, estás solo otra vez. Mi refugio con la familia tuvo que ver mucho con eso también, porque era donde yo podía canalizar el cariño. Yo me manejo por afecto y nada más. Y hoy más que cuando era pibe. Pero bueno, en la vida uno va creciendo y acomodándose. A mí me tocó esto y lo supe pilotear bien.

-A los 18 años tuvo la experiencia de El club del clan. ¿Cómo surgió ese grupo?
-Estaba formado por artistas de la misma compañía con los que nos juntábamos a la tarde en la RCA a tocar la guitarra y a cantar canciones conocidas. No éramos más de siete, era un grupo cerrado. En esa época estaba de moda el Clan Sinatra y nosotros jugábamos a eso. Entonces empezamos a molestar para ir juntos a un programa de televisión. Eso hizo Ricardo Mejía: llevó a todo el grupo y empezó a surgir una banda de cantantes dentro de un programa de televisión que se manejaba como si estuviera en el living de su casa.

-¿Quiénes integraban el clan?
Lalo Fransen, Nicky Jones, el Negro Lavié, Violeta Rivas, Chico Novarro…

-Y Palito Ortega…
-Él llegó en el 62. Siempre se declaró fanático mío. En su cuarto tenía un póster colgado de la pared. Es un tipo muy franco y abierto.

Es increíble que, al día de hoy, el programa se sigue recordando.
-Marcó mucho. En el 62 apareció como La Cantina de la Guardia Nueva dentro del programa “Ritmo y juventud”. Y después pasó a Canal 13 como “El club del clan”. Al otro año lo compró Alejandro Romay y pasamos a un programa ómnibus que se llamaba “Sábados de la bondad”. Esa productora después llevó el programa a Canal 7 y se armó otro programa. Fueron cuatro años. Además en esos programas aparecieron personajes que no eran del grupo, pero que también cantaban, como Dean Reed, Leo Dan y Juan Ramón.

-Se habla de que llegaron a tener 50 puntos de rating…
-Y mucho más. Vos salías a la calle y no había nadie. Estaban todos adentro mirando el programa. Hablando con gente de Canal 13, aún hoy no se puede llegar a calcular la audiencia. Pero que era una barbaridad, seguro.

Johnny Tedesco, Palito Ortega y Violeta Rivas, integrantes de "El Club del Clan".

Johnny Tedesco, Palito Ortega y Violeta Rivas, integrantes de “El Club del Clan”.

-¿Cómo era posible lograr esos niveles de audiencia?
-Nunca se había presentado un grupo de cantantes dentro de un programa de televisión. El grupo, además, era de la misma compañía y éramos todos íntimos amigos. Para nosotros era como jugar. También estaba la ventaja de que los canales que fueron adoptando el programa le pusieron toda la pólvora. Tenía algo que hacía trascender todo lo que sucedía. El país quedaba estanco en un solo programa, era una cosa increíble. En cambio hoy me cuesta distinguir un programa con el que me pueda enganchar. Pero no porque sean malos, sino porque ante la oferta, que es muy grande, no aparece un programa que tenga la misma consistencia.

-En lo personal, ¿cómo palpaba la popularidad?
-Era una locura. Y eso que el grupo debe haber actuado junto tres o cuatro veces como mucho. Una de ellas fuimos a Uruguay y llenamos el estadio de Peñarol. Había un griterío tipo Los Beatles que no nos dejaba cantar. Tocábamos y no escuchábamos nada. Tuvimos que salir del estadio en ambulancias, disfrazados de enfermeros…

-¿Cómo surgió el apodo “El rey del suéter”?
-Mi mamá me tejió tres o cuatro, pero yo no los quería usar, porque tenía toda mi ropa como Elvis. Pero como iba a grabar en suéter, un productor me dijo que fuera vestido así a la televisión. Para qué… ¡Explotó! Tenía los placares llenos de suéters porque las chicas me empezaron a tejer. Sabían hasta mis medidas.

-Háblenos de su disco debut.
Vuelve primavera/Rock del Tom Tom, en los primeros dos meses, vendió 460 mil discos. El otro disco de oro fue Presumida, que fue el cover de High Class Baby de Cliff Richard. Coqueta vendió 600 mil discos. La verdad no sé cuántos discos grabé.

-¿No se generó una competencia entre los integrantes de El Club del Clan?
-Estaba la competencia en las tribunas para ver quién tenía el cartel más grande o qué fanáticos gritaban más. Pero nosotros estábamos todo el día juntos, inclusive mucho tiempo después. Con Lalo, Palo y el Negro Lavié nos juntamos no menos de una vez por mes y vamos a comer. Nunca tuvimos una rivalidad, ni siquiera con artistas de otros sellos. Yo lo conocí mucho a Sandro, estuve en su casa varias veces y grabé un disco en su estudio.

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-Yo te diría que Sandro tenía más actitud de Elvis que yo mismo. Lo ves y es un tipo rockero. Te cantaba canciones muy románticas con una parada y mirada de rockero que te asustabas. Era algo maravilloso; yo lo adoré.

-Debió haber sentido mucho las muertes de Elvis y Sandro.
-Sí. Cuando murió Elvis, yo estaba grabando un disco de rock and roll. Dejé la grabación y me fui a mi casa. Estuve internado una semana, muerto mal. Y después lo de Roberto, que a pesar de que uno lo venía venir siempre tenía esperanza porque era un tipo con mucha personalidad y fuerza.

-¿Por qué piensa que, a diferencia de sus compañeros, su música perdió vigencia con el tiempo?
-Tiene que ver con la exposición. Yo me tomé un tiempo sabático, que fueron las giras en el exterior. Estuve mucho tiempo afuera. Después, cuando querés retomar, ya no estás. ¿Cómo volvés a subir si el tren está lleno de otras cosas?

-Esa gira le habrá servido para bajar un cambio. Venía de años muy vertiginosos.
-Sí. Tuvo que ver el poco tiempo que yo estaba con mis padres, eso me estaba destruyendo. También que me saturaba la exigencia de estar siempre up.

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-La presión de las compañías discográficas a veces convierte a un artista en prisionero.
-Totalmente. El artista pierde sus tiempos y hasta puede llegar a despersonalizarse, porque toma conciencia de que es un producto. Cuando te cae esa ficha, el único paliativo es el público. Cuando estás delante de ellos y te miran, ahí decís ‘soy yo’. Todo lo demás es una ferretería. Es muy fuerte, sos un número. Cuando uno llega al top, el vértigo de perder esa altura es muy difícil de controlar. Es el miedo a perder que te lleva a hacer cualquiera.

-Si tuviera que destacar alguna de sus condiciones artísticas, ¿cuál sería?
-Donde yo me siento bien es tocando, porque antes que cantante soy músico. Con un solo de guitarra me siento a tres metros del piso.

-¿Le gustaría actuar en el Teatro 25 de Mayo?
-Me encantaría, me siento hijo de ese barrio. Me interesa que en el poco tiempo que me queda -porque estoy haciendo equilibrio en este mundo- llegue algo de aquello que hice.

-¿Hay algún mensaje final o saludo que quiera transmitir?
-En mi cuadra vivía un chico que se llamaba Alberto, pero le decíamos Panza; le mando un saludo grande. A mi querido amigo Alberto Amendola (hace silencio, se quiebra, pero reprime el llanto), que lo perdí porque se fue a tocar con otro grupo. Con él grabé El rock del Tom Tom. A los Colucci, que tenían una casa de venta de golosinas, y el señor creía que yo iba a ser un crack del fútbol. A la familia Smith, cuyo hijo fue compañero mío en la Escuela Nº 24. A Quintela, con quien nos agarrábamos a trompadas casi siempre, y a todos los amigos con los que jugábamos a la pelota en la calle y tocábamos música en los zaguanes. Y yo creo que si no hubiera nacido en Estados Unidos, Elvis hubiera sido de Villa Urquiza.

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