Es accionista y apoderado de Nueva Olazábal SA, propietaria del predio de Villa Urquiza en donde se emplazará el mega proyecto inmobiliario.  En diálogo con El Barrio, deslinda la responsabilidad en AySA por la rotura del caño cloacal que provocó el derrumbe de la vereda lindera y relativiza la filtración de líquidos contaminantes en el desagüe pluvial.

-¿La rotura del caño es anterior al inicio de las excavaciones? Desde AySA argumentan que se produjo desde que ustedes empezaron a trabajar.
-Eso no es verdad y hay hechos que lo testifican. Primero, AySA dice que nosotros ingresamos al caño con un piloto de atraque, que no es cierto. Además esta no es una circunstancia aislada en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires. El caño cloacal del que estamos hablando no se usa hace 70 años no porque sea malo, sino porque es inflexible. O sea que donde se golpea, se quiebra.

-¿Entonces su empresa no tuvo ningún tipo de responsabilidad en la rotura del caño?
-No, ninguna. Cuando comenzó a ingresar agua, nosotros hicimos una denuncia ante AySA. Vinieron dos operarios, dijeron que algo habían reparado, pero lo cierto es que, a los muy poquitos días, empezó a entrar más agua de la que había entrado hasta ese momento. Consecuentemente, volvimos a hacer una denuncia y mandamos una carta documento, en la que advertíamos que, además del problema de higiene, el agua podría estar socavando la vereda o parte de la acera. Ya se lo estábamos diciendo pero de su parte había silencio stampa… Volvimos a hacer una denuncia y cada vez que hablábamos por teléfono no teníamos respuesta. Nos atendía simplemente un comunicador, hasta que decidimos mandar una segunda carta documento. La primera salió el 27 de junio y la segunda, el 20 de julio, cuando ya estaba ingresando agua ostensiblemente. Además, labramos un acta notarial en la que sacamos fotos del agujero que se había producido en donde nosotros estábamos trabajando y el agua fétida que estaba ingresando a través de ese agujero. De todo eso hay pruebas. Independientemente de quién haya tenido la culpa -que por supuesto no aceptamos porque no dañamos ni tocamos ese caño- tenían que haber intervenido antes. Nosotros los estábamos previniendo del problema que se estaba produciendo. Este tipo de daños se produce en muchos lugares de la Ciudad de Buenos Aires y no se conoce porque al chocar con un edificio ya hecho, no hace más que pegarle el agua, sin dañarlo. En este caso, no dañó la pared porque ya habíamos hecho la submuración y  habíamos colocado los pilotes de atraque. Por lo que la pared estaba, en alguna medida, anclada a lo que era la totalidad del edificio.

-Dado que en esa esquina funcionaba una estación de servicio, ¿el saneamiento del suelo fue correctamente realizado? Se registró agua con vestigios de combustible en la alcantarilla.
-En principio eso no tiene nada que ver con la seguridad de la obra. Es un tema absolutamente distinto. Una estación de servicio exige una remediación. Nosotros teníamos experiencia en el tema porque ya habíamos construido sobre dos estaciones de servicio. La tarea de remediación es larga o corta de acuerdo a cómo estén tomados los distintos sectores del terreno. Por supuesto que, cuando se remueve la tierra, hay olores. Nosotros no hacíamos lo que queríamos, había controles totales y absolutos. A punto tal que la aprobación de la remediación surge con la necesidad de que cada seis meses tenemos que informarle a la autoridad de aplicación un análisis de laboratorio de los líquidos que se van extrayendo. Y por otro lado, teníamos que derivar la tierra que estaba contaminada a un lugar diferente de los habituales. Al principio estaba en Rosario y después en Córdoba. No era una cuestión de 20 kilómetros.

-¿Entonces a qué responde el derrame de líquidos contaminantes al desagüe?
-No son líquidos con hidrocarburos. Se encontraron vestigios de hidrocarburos que no afectan la seguridad ni la salud. El problema que tuvimos nosotros fue que este año salió una resolución por la cual, cuando uno vierte líquidos al sistema pluvial, hay que estar previamente autorizado para hacerlo. Eso no hacía falta años anteriores y no lo conocía la empresa constructora ni la empresa de la dirección de obra. Consecuentemente, apenas vinieron y nos comentaron esta situación, nos impusieron una clausura condicional, donde decía que si eventualmente no teníamos esos certificados, se iba a ratificar la clausura. Hoy en día la gestión está en trámite para obtener ese certificado para que nos autorice a arrojar los líquidos al sistema pluvial.

-También pudimos constatar el derrame de líquido cloacal sobre la vereda.
-Nosotros no estamos derramando. A lo mejor se escapó pero porque se rompió la vereda.

-¿En qué estado se encuentra la obra actualmente?
-Está clausurada con autorización de Emergencias para hacer las obras necesarias para que la obra no corra peligro. Hemos probado los anclajes y está funcionado todo bien. No se vino la pared porque estaba anclada. Los pilotes han resistido todas las pruebas. Ahora tenemos que llenar con hormigón todas las partes que han sido construidas para darle mayor seguridad a la obra. Y una vez que esté construido el piso del primer y segundo subsuelo, se diluye absolutamente todo peligro. AySA va a tener que hacer arreglos igual, porque sigue entrando agua cloacal.

-Más allá de este inconveniente inicial, ¿el proyecto inmobiliario sigue en pie?
-Por supuesto. Es un proyecto inmobiliario de excelencia para la zona. Tiene un costo que nosotros estamos absorbiendo. Si bien tiene un precio más caro con respecto a los edificios de alrededor, tiene un diseño y una dirección de obra que no son convencionales.

-¿Esta situación conflictiva podría perjudicar la imagen del emprendimiento y ahuyentar posibles compradores?
-Personalmente, pienso que no. Porque la gente después lo reconoce. Por supuesto que los vecinos se quejan. A mí también me construyeron al lado de mi edificio y estaba a las puteadas contra la empresa constructora. Que a las ocho o nueve de la mañana te estén martillando y serruchando a nadie le gusta. Los vecinos nos acusaban de que había olores fétidos, pero era por las denuncias que hicimos de que nos estaba entrando agua cloacal. Para que el plano se registre, se necesita la aprobación de la autoridad de aplicación de hidrocarburos y ahí recién se aprueba. En nuestro caso está todo en regla. El 24 de agosto pasado recibimos una inspección -en la que solo faltaban los granaderos a caballo, porque después vinieron todos- y las autoridades encontraron todo bien.

-¿Se arrepienten de alguna decisión que pudo haber desembocado en el peligro de derrumbe?
-No nos arrepentimos de nada. Estamos absolutamente satisfechos por haber elegido Villa Urquiza y creemos que esa esquina es emblemática. Nos parece un barrio bárbaro, así que no estamos arrepentidos en absoluto. De todo lo  que actuamos, hemos contratado a los mejores recursos humanos de la Ciudad de Buenos Aires. No puede haber mejores. De esto que ocurrió, creemos haber hecho lo mejor posible. Nunca escatimamos nada.  Estoy convencido de que, pasado este episodio, no solo va a ser lindo el proyecto, sino que será un éxito desde el punto de vista comer comercial. Los vecinos van a tener un proyecto emblemático para la zona. No va a ser un edificio común.

-En algún momento temieron que pasara algo similar a lo que ocurrió en 2010 en el Gimnasio Orion, de Mendoza al 5030, en el que murieron tres personas tras un derrumbe?
-No, estábamos tranquilos. Nos asesoró permanentemente nuestro ingeniero estructuralista. Tendría que haber sido una catarata de agua para que nos conmoviera la pared. Pero ya estaba submurada y tenía los pilotes. El único daño material producido fue el descalzamiento de la vereda, algo que le advertimos a AySA en nuestra segunda carta documento. En el caso del gimnasio no se había hecho la submuración que correspondía, que fue lo primero que hicimos nosotros. Estoy convencido de que por eso no se vino en banda la pared que da a Triunvirato pese a la potencia del agua.

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