Son muchos los vecinos que disfrutan de la compañía de un perro o un gato, además de sensibilizarse con el mundo animal. Compartí tus fotos y experiencias en esta página. Invitamos también a las veterinarias de la zona a que auspicien la sección.

¿Quién elige a quién?
“Quiero reflexionar con los lectores sobre una mascota en particular, el perro. Ancestralmente el perro acompañó al hombre, como lobo domesticado. Hubo en el encuentro de ambos un pacto tácito, amor y compañía a cambio de sustento. El acercamiento comenzaba con la acción de compartir la comida”, cuenta Adriana Eva Romero de Caruso. Y comparte con nosotros sus vivencias con los animales:
“Toda mi vida viví con perros y aprendí muchas cosas valiosas observándolos. La única etapa en que no tuve perros fue cuando me casé. Mi esposo era muy respetuoso de los cánidos, pero les temía. Así que no había perros en casa. Cuando enviudé el vacío comenzó a agigantarse y la soledad de la noche me oprimía. Ya no podía hacer las caminatas que hacíamos antes, porque el gran amor de mi vida había partido. Sí había perros en mi casa de soltera al cuidado de mi hermana.
“Un día fui a Los Polvorines y me encontré con un revuelo vecinal. Habían abandonado una noche de lluvia a una perra adulta; dicen que la arrojaron de un coche. Todos los vecinos eran solidarios, le daban comida y agua, pero ninguno quería hacerse cargo. Me acerqué a ella, que descansaba a la sombra de un arbolito, le llevé un trozo de pan y ella me respondió con una mirada profunda y generosa. Le puse nombre, Lua. Y ella enseguida respondió a mi llamado. Con ella retomé las caminatas, comparto los silencios, me mima y la mimo. Y la describo como Luna en plenilunio, dos manchas negras por ojos.
“Dice el filósofo y naturalista Ouspensky que los perros tienen desarrollada una extraordinaria memoria emocional. Y sin duda es así, porque Lua no quiere caminar bajo la lluvia y la deprime viajar en auto. Ese año se sumó Manu, el perrito de mi sobrina que yo cuidaba los días hábiles. Manu también me adoptó, porque tenía incorporada en su rutina la estadía en mi casa. Subía solito las escaleras y me ladraba en la puerta para que le abriera. El 29 de diciembre del año pasado lo cuidé por última vez, pues falleció el 3 de enero de este año. Nunca voy a olvidar la despedida. Vino su dueño a buscarlo y él se me acercó ofreciéndome su cabecita para que le de un beso.
“A los pocos días se sumó otro miembro familiar, Bigote. Este perrito tenía dueños que lo maltrataban bastante. Es un modelo de inteligencia animal para la supervivencia. Simplemente adoptó otros dueños para que lo curen de su sarna avanzada y lo cuiden, mi hermana y yo. Una circunstancia especial hizo que Bigote llegara a mi casa. A diferencia de Lua, le encanta viajar en auto. Lo llevé a Los Polvorines y regresó conmigo. Desde entonces tengo dos grandes amigos que me acompañan con su amor incondicional a transitar ese largo y penoso tramo de la vida que es el duelo”.

De paseo en changuito
La lectora Marta Mas nos presenta a Luli, un bichón frisé que viaja por Villa Urquiza adentro de un changuito. “Es muy vagoneta, por eso la saco a pasear de esta forma. Es tan mimosa y chusma que se ganó el cariño de los vecinos del barrio. La saco con una botella de agua con desodorante para limpiar cuando hace pis, así evito que la gente se queje. En realidad, todos me felicitan”, cuenta orgullosa la mujer.

Luli en su changuito.

Si desea compartir con los lectores la historia de su mascota o reportar un animal perdido envíenos el texto y la foto por mail a mascotas@periodicoelbarrio.com.ar

http://periodicoelbarrio.com.ar/wp-content/uploads/2018/06/Lua-y-Bigote-150x150.jpg