Atendía desde 1949 en la esquina de Miller y Núñez. Falleció el último 31 de marzo, a pocos meses de cumplir 90 años. La calidad de la mercadería y su buena atención fueron su sello distintivo. Recordamos la entrevista que nos concedió hace una década, en la que aseguraba que el oficio lo mantenía activo. Los lectores del periódico se hicieron eco de la noticia y se mostraron conmovidos.

El carnicero en actividad más antiguo de Saavedra falleció el pasado 31 de marzo, a tres meses de cumplir 90 años. Orestes Iacino había nacido en Congreso 5653 y arrancó en el oficio de muy pibe con un comerciante del rubro que le daba algunas tareas. Aprendió enseguida y a los 17 años se largó solo. En 1949 se casó y compró el local de Miller 3502, esquina Núñez, junto a la vivienda contigua para vivir con su esposa Elsa. Desde ese rincón de Saavedra, vio pasar la vida y crecer al barrio.
“Cuando llegué a este lugar no había cloacas y las calles eran de barro. Las casas tenían alambrado y antes de trabajar comíamos un asadito con los vecinos en la vereda. Siempre me llevé muy bien con todo el mundo y de aquellos años me acuerdo cuando íbamos a la cancha con los muchachos en mi auto”, recordaba en 2007, entrevistado por El Barrio. Por ese entonces tenía 80 años pero lucía mucho más joven: “Este oficio me mantiene muy activo”.
En los buenos tiempos, Orestes recibía 28 medias reses por semana y preparaba la mercadería durante la madrugada. “Antes las abuelas venían al amanecer a comprar y hacían cola en la puerta”, contaba. El secreto de su éxito era la calidad de la mercadería y la buena atención a los clientes. Con esa premisa fundamental, el emblemático comerciante atendió durante 68 años a varias generaciones de vecinos, un récord sólo superado por Roberto Sorroche, quien atendió durante ocho décadas consecutivas la tradicional tienda de ropa interior La Reina de Urquiza.
“Cuando empecé acá, en 1949, venían las abuelas y ahora me compran las nietas. Son tantos años que la gente sabe que lo que lleva es muy bueno”, explicaba Orestes. En el local de Miller 3502, que lleva su nombre, se podían observar decenas de recortes de Boca, el club de sus amores: láminas de El Gráfico de 1936, fotos de Rattín e imágenes de los equipos recientes.
Cuando se supo la noticia de su fallecimiento, los vecinos no ocultaron su tristeza y le enviaron las condolencias a su familia. “Vendía la mejor carne de la zona”, “¡Qué pena! Era muy buena gente”, “Yo le compraba y era muy amable”, “El único que tenía toda la carne arriba del mostrador”, fueron algunos de los comentarios en nuestra página de Facebook. Valga esta nota como un homenaje a su memoria.

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