Escuchamos en forma asidua que Buenos Aires se ha transformado en una ciudad tediosa y cada vez más difícil para vivir. Sin embargo, de manera aislada aparecen lugares en la misma urbe que tienen un ritmo de vida tranquilo y ameno. El Barrio General San Martín, limítrofe con Villa Urquiza, es un ejemplo de esto. Su historia.

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

Hace ya unos años en esta columna le dedicamos un espacio a los micro barrios o barrios no oficiales, que se encuentran dentro de otros ya institucionalizados. Hablamos de pequeños vecindarios que han dado una forma distinta de vida en la ciudad, cada uno con sus características.
Dentro de ese grupo podemos mencionar al Barrio General José de San Martín, ubicado en Villa Pueyrredon, que está demarcado por Avenida de los Constituyentes, las calles Álvarez Prado, Bolivia, Ezeiza y la Avenida General Paz. Limita con Villa Urquiza y con los partidos bonaerenses de Vicente López (en uno de sus ángulos) y San Martín.
Originalmente bautizado como 17 de Octubre, este barrio fue inaugurado en el año 1950 durante el primer gobierno peronista. También fue apodado Barrio Grafa (Grandes Fábricas Argentinas), porque una gran parte de su población trabajaba en la ya desaparecida fábrica textil, que se encontraba próxima al complejo habitacional.
El lugar está conformado por 34 pabellones con estructura de hormigón armado y cerramientos de mampostería. Todo es de gran austeridad y libre de ornamentos, algo característico del estilo racionalista. Cada uno de los pabellones consta de planta baja y tres pisos, a los cuales se accede por escalera, y en total comprenden 959 departamentos de dos y tres dormitorios, con todos los servicios.
El conjunto posee, además, un pequeño centro comercial para el abastecimiento de sus vecinos, una iglesia (construida años después de levantadas las viviendas) y una plaza central. Con el cierre de la antigua fábrica textil Grafa, ese lugar fue ocupado por una gran cadena de supermercados, que en algunos aspectos ha provocado un cambio en el pequeño barrio.
Muchas veces estigmatizadas, estas edificaciones conocidas como monoblocks fueron el alma máter de la construcción social durante el peronismo. A partir de la segunda mitad de los años 40, se erigieron una serie de barrios para dar respuesta a las necesidades de las clases trabajadoras. Fue durante el primer gobierno del General Perón, a través del primer plan quinquenal, y luego con el plan Eva Perón, que permitió acceder a las primeras viviendas sociales del peronismo.
El protagonismo social de viviendas surgió a partir de la Ley de Propiedad Horizontal, junto a la facilidad de créditos para las clases de bajos recursos. Por esos años se revieron planes anteriores, como el de casas baratas, y se propusieron nuevos estilos como el californiano y racionalista. Así fue como surgió, en 1953, el Barrio Albarellos (originalmente 17 de Octubre), en Villa Pueyrredon. En esa época también fue construido el Barrio Perón, en torno al Parque Sarmiento (rebautizado Cornelio Saavedra por la autoproclamada Revolución Libertadora), además del Barrio 1° de Marzo, renombrado por la dictadura como Barrio Sáenz Peña.
En el sur  de la ciudad, por otro lado, se erigió el Barrio Los Perales de Mataderos, frente al estadio de Nueva Chicago, que fue desarrollado en 46 pabellones. En el Parque Chacabuco se edificó el Barrio Simón Bolívar y el Barrio Balbastro en el Bajo Flores. Estos complejos, junto con el Barrio General San Martín, fueron la imagen más tradicional de la política de vivienda peronista en la Ciudad de Buenos Aires. Ya pasado mucho más de medio siglo, en la actualidad siguen respondiendo a una determinada forma y calidad de vida.

El complejo está conformado por 34 pabellones con estructura de hormigón armado y cerramientos de mampostería. Foto: Albano García

La mano de un arquitecto moderno
El complejo habitacional General San Martín estuvo a cargo del arquitecto Carlos Coire, conocido como maestro de arquitectos, nacido el 21 de octubre de 1914. Fue egresado de la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova, institución que marcó su tendencia estilística. Se recibió de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1940 y, además de su formación académica, supo aggiornarse a las tendencias modernas que empezaban a surgir por aquellos años.
Entre 1958 y 1962 fue decano de la Facultad de Arquitectura, cargo al que accedió por elección democrática de los claustros, y durante ese período fue uno de los encargados del proyecto y ejecución de la Ciudad Universitaria de Buenos Aires, junto a los arquitectos Eduardo Catalano y Horacio Caminos.
Coire fue, además, uno de los precursores de las ideas de la arquitectura moderna en Argentina. Trabajó con arquitectos de la talla de los ya nombrados Catalano y Caminos, además de Jorge Vivanco, Antonio Bonnet, Juan Kurchan y el húngaro Marcel Breuer. También se destacó en el campo de las viviendas multifamiliares, unifamiliares, de interés social y emprendimientos privados y de las industrias, de las que trascendieron obras como la Mercedes Benz en Florencio Varela, en el año 1953, una planta modelo de 8.500 metros cuadrados de arquitectura moderna. Trabajó en una gran cantidad de obras en la Patagonia, especialmente en la Provincia de Chubut, pero fue el Barrio General San Martín su obra más destacada.
Fue vicepresidente de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y más tarde se encargó del armado de la revista. Dirigió la investigación “El hombre y su obra”, editada en 2005 por la Universidad de Morón, que se convirtió en su último y valorado legado. En 2006, a los 91 años de edad, falleció en la Ciudad de Buenos Aires este incansable promotor de la arquitectura moderna argentina.

El sueño de un country popular
El sistema de viviendas colectivas, formado por importantes pabellones ubicados en tiras, fue una nueva concepción no sólo desde el punto de vista arquitectónico sino también desde la idea urbanística, que se había generado con el Movimiento Moderno a partir de los años 30. Estas edificaciones quedan separadas entre sí por importantes jardines, eliminando la imagen predominante del cemento.
En el Barrio General San Martín, por caso, cada pabellón está numerado para su fácil ubicación y se desarrollan en cuatro plantas, lo que logra independencia en cada unidad, reduce los costos de construcción y brinda amplios espacios verdes para todo tipo de recreación, incluyendo juegos infantiles y sectores de descanso. En el complejo viven unos 5.000 vecinos. Todos se conocen  y comparten el espacio en común con mateadas, charlas, gimnasia y distintas actividades, disfrutando del aire libre en un ámbito familiar a no muchos minutos del centro porteño.
La vida en comunidad es palpable en cada rincón del lugar. Para llegar a entender el valor de estas vivencias, mencionaremos una de las iniciativas que se desarrollan en los jardines del complejo. En épocas veraniegas, tradicionalmente se coloca una serie de piletas de lona para diversión de grandes y chicos. El lugar se asemeja a un country, pero con las ventajas de no necesitar empresa de vigilancia ni pagar altas expensas.
Todo es distinto a la vida cotidiana porteña y eso tiene un valor aparte. La naturaleza está a flor de piel, el canto de los pájaros y el verde césped ocultan el abrumador cemento de la ciudad y así se crea una atmósfera bucólica, algo poco común en una ciudad tan estresante como Buenos Aires. Es admirable ver cómo los niños viven con gran libertad, sin temores a los problemas típicos de la gran ciudad y sin la necesidad de estar pegados a sus padres.
Se lo ve como un barrio privado, en este caso popular, con gente trabajadora que sabe aprovechar lo que tiene y disfruta del lugar. A todo esto hay que sumarle que el vecindario está cercano a las líneas de colectivos y a una estación de subte, lo que lo convierte un lugar accesible y bien comunicado con el resto de la ciudad. Es por todas estas virtudes que ningún vecino se quiere mudar. Algunos viven en el barrio desde su fundación, crecieron allí llenos de hermosos recuerdos y es por eso que se hace difícil encontrar alguna propiedad en venta o alquiler.
Nos dice el arquitecto japonés Tadao Ando: “El espacio arquitectónico sólo cobra vida en correspondencia con la presencia humana que lo percibe”.

Foto de portada: Marcelo Carroll

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