Alumnos del Colegio Nº 12 “Reconquista” y del Liceo Nº 11 “Cornelio de Saavedra”, que comparten sede en Av. Triunvirato 4992, filmaron en 1967 la película “Etapa”. El corto dura quince minutos, fue ideado para celebrar la finalización de sus estudios secundarios y nos revela cómo era el vecindario hace medio siglo. Se trata de un registro audiovisual desconocido, de gran valor histórico, sobre el barrio insignia de la Comuna 12, que el 2 de octubre cumple 130 años de vida.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

“Me acuerdo cuando empecé el colegio. Hace mucho, pero quizás hace poco…”. La voz en off acompaña el ingreso de un estudiante algo “atropellado” al edificio escolar de Triunvirato 4992. De fondo se escucha vigorosa la “Marcha Triunfal”, el pasaje más reconocible de Aída, ópera de Giuseppe Verdi. Se trata de uno de los momentos del cortometraje Etapa, filmado por alumnos del Colegio Nº 12 Reconquista y del Liceo Nº 11 Cornelio Saavedra. La película fue realizada en 1967 por esta camada de egresados, agrupados bajo el nombre DOYON (apócope de Doce y Once) para el festival de fin de 5º año llevado a cabo en el Club Tiro Federal Argentino. Se trató de la primera experiencia fílmica realizada por alumnos del establecimiento educativo.
Filmada en 16 milímetros, luego pasada a Súper 8, después a formato VHS y finalmente digitalizada, la entrañable obra cinematográfica está cumpliendo medio siglo por estos días y puede verse en la página web de la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Reconquista. “Este delirio lo llevamos a cabo dos años antes de que se concretara el Festival de Woodstock. Parece que estábamos inmersos en un cambio de paradigma que quizás no entendíamos mucho, pero del cual ya participábamos”, reflexiona el hoy médico obstetra y ginecólogo Eduardo Rodas, ex alumno del Reconquista y camarógrafo de un film con influencia hippie.
“Nosotros consumíamos cultura. Yo a los 16 años iba tres veces por semana al Lorraine para ver películas de Bergman. Estudié cine y soy escenógrafo. Escribí el guión de Etapa con su correspondiente formato a dos columnas, es decir imagen y sonido. Y filmamos con una máquina de 16 milímetros, que es un lujo”, cuenta Carlos Fernández, director y guionista de Etapa. El diálogo con El Barrio se produce en el Café de la U, de Triunvirato y Roosevelt. Héctor Ginanni, integrante de la misma Promoción, fue el anfitrión del almuerzo que congrega al grupo de compañeros allí presente. Además de los mencionados Rodas y Fernández, participaron del encuentro el abogado Jorge Violini, uno de los protagonistas actorales, y el médico veterinario Patricio Ghirardi, quien se perdió el festival por una beca en los Estados Unidos.

El túnel del tiempo
Además del esfuerzo actoral desplegado por chicos de 17 y 18 años para no repetir tomas y ahorrar así metraje de película, debido a su alto costo, el corto refleja en sus casi quince minutos de duración cómo era la Villa Urquiza de hace 50 años. Estas escenas cobran especial relevancia por estas horas, ya que el barrio celebra el 2 de octubre su 130º aniversario: el carbonero entrando al colegio, Triunvirato adoquinada y doble mano, un Kaiser Carabela, taxis Siam Di Tella, colectivos de la época, la vieja estación ferroviaria y el arribo de un tren marrón, una clase con el Prof. Dr. Amadeo Ferri o un acto escolar en donde toca un conjunto beat. “Fue la primera vez que se logró que esa música moderna fuera interpretada por una banda integrada por alumnos del colegio”, cuenta un entusiasta Rodas.
En la realización de la película actuaron todos los integrantes de la promoción 1967 de los colegios Reconquista y Saavedra. La ambientación estuvo a cargo del Arq. Roberto Fernández; los diseños pertenecen a la artista plástica Anikó Szabó, autora de una pintura naif que inmortalizó a la Estación Coghlan; y la musicalización en eventos es de Raúl Portal. “Sí, es el que todos conocemos. Nosotros hacíamos los bailes en el Teatro del Altillo, en la calle Florida, y Raúl traía su grabador AKAI de cinta abierta y pasaba una música excelente. Además coordinaba los tonos bajos con las luces que él colocaba. Para la época era increíble. Abrevábamos en Anikó y Raúl porque eran disruptivos y nos daban bolilla, aunque nosotros éramos unos chicos. Hasta hicimos teatro debatido con Juan Carlos Gené en el Teatro ABC”, se enorgullece Fernández.
El narrador de la película es Daniel Coifman, luego médico psiquiatra, fallecido hace unos años. Su voz, junto con la música, fue grabada en un equipo Grundig de carretes abiertos. “Lo hicimos en la casa de él, en Villa Devoto. Pasamos tardes enteras buscando los temas”, agrega Rodas. La película fue proyectada por primera y única vez hasta hoy la noche del festival de los egresados, sobre un telón colocado en el escenario. El proyector estaba atrás, por lo cual la cinta se colocó invertida para que de frente se viera al derecho. Esto se hizo para evitar tapar a los espectadores con el aparato. “Yo estaba atrás de escenario y Daniel en el medio del salón, cerca de los parlantes. Teníamos tres puntos de corte para acompasarnos, porque nunca el audio iba igual que la imagen -recuerda Rodas, ilustrando la complejidad de aquella aventura-. Si la imagen llegaba primero, paraba el proyector unos segundos. Si se aceleraba el audio, Daniel detenía el grabador. El resultado fue excelente”.

En la película, los egresados del Reconquista y el Liceo Nº 11 se despiden del colegio en la Plaza Echeverría.

Cine experimental
El cortometraje fue realizado con una filmadora Paillard Bolex, que era a cuerda, como la que usaban los noticieros y que Rodas encontró en un ropero de su casa: “Era nueva. La había comprado mi padre, que no tenía ni idea de cómo se manejaba. El manual estaba en inglés, lo traduje de a poquito, hice una película de prueba y nos largamos con el proyecto Etapa. Usamos trípode y un fotómetro externo para ajustar la sensibilidad de la cámara. Como verás, no hay zoom. Tenía una torreta con tres lentes. Las tomas en interiores y exteriores responden todas al guión que escribió Carlos Fernández: nos citábamos en el lugar y filmábamos”.
Las escenas dentro del colegio eran más complicadas. Los inquietos alumnos tenían que pedir autorización, ya que los equipos eran grandes y no podían filmar sin que las autoridades se enteraran. “Como nunca había pasado algo igual, no sabían que decirnos. Finalmente logramos los permisos y el Dr. Amadeo Ferri, médico de Villa Urquiza e ídolo de todos nosotros, nos dejó grabar en una clase”, evoca Rodas con nostalgia y admiración por su profesor. El revelado de los rollos -cinco en total- se realizó en Panamá, ya que no se hacía en el país. Y como eran carísimos, lo que se filmaba no se podía borrar ni volver a grabar. “En la toma con el auto, el alumno casi fue atropellado: el vehículo cruzó primero y el compañero llegó a la altura de la puerta. No había retoma. Y quedó así”, ejemplifica el camarógrafo.
Rodas se emociona al recordar los detalles de esta experiencia, que unió de por vida a sus protagonistas. “Fue una época muy intensa vivida por todos nosotros. Tanto que mis amigos de toda la vida son aquellos compañeros del secundario, entre quienes formamos familias, somos compadres y nuestros hijos y nietos siguen cultivando aquella vieja amistad. Creo que más no le podemos pedir a la vida”, resume.

En la película puede observarse cómo era la vieja estación ferroviaria “Gral. Urquiza” y el arribo de un tren marrón.

Detrás de escena
Después del Festival en el Tiro Federal, el piberío de Villa Urquiza organizó el Baile de Gala en el City Hotel de Buenos Aires. En ese momento era el mejor hotel de la ciudad. “Cuando lo fuimos a alquilar, todavía me acuerdo la cara de la Secretaria del Gerente General: ‘¿Y ustedes qué quieren?’, preguntó. ‘Venimos a alquilar el Salón del Hotel’, fue la respuesta. La señora no entendía nada, pero no se podía negar: ya teníamos el dinero. Como éramos menores de edad no podíamos firmar el contrato. Entonces nos pidió que dos padres lo firmaran y quizá pensó que así nos sacaba de encima. Pero dos de nuestros queridos viejos lo firmaron. Y ahí fue la velada final”, recuerdan.
Los chicos recaudaron los fondos con picnics, torneos de fútbol, truco, ajedrez, rifas y sándwiches que vendían las chicas de la tarde en el patio del colegio a todos los alumnos, además de organizando los bailes de promoción. Se hacían en un salón de la Av. Constituyentes, en la Residencia Cristy, en el Teatro del Altillo, en el Savoy Hotel y en casas particulares. “A veces la barra de King, muchachos que eran más grandes que nosotros, irrumpía en los bailes y se pudría todo. Y ahí apelamos a los primeros mecanismos de seguridad. Nos cuidaba Buby, un amigo que pesaba 150 kilos”, explica Rodas y todos sonríen.
En 1965, cursando ya tercer año, los muchachos del Reconquista ya habían resuelto no hacer el viaje de egresados porque no todos los compañeros lo iban a poder financiar: muchos venían de hogares muy humildes. El tren traía alumnos de José León Suarez, Chilavert, San Martín… Y en el barrio tampoco sobraba nada. “Entonces la decisión fue realizar actividades en las que todos pudiéramos participar y que nadie quedara afuera por cuestiones económicas”, revela Fernández. Resolvieron seguir la tradición de las promociones anteriores y realizar el festival de fin de 5º año. Estaba basado en sketches y asistían los padres, los profesores y los amigos. “Le agregamos la película Etapa y el baile en el City Hotel. Y para eso trabajamos dos años y medio. Desde mitad de 3º hasta el final de 5º año”, informa Rodas.
Desde el punto de vista religioso, político y económico, el alumnado del colegio era muy ecléctico. Había hijos de obreros y de profesionales. La escuela pública tenía un compromiso con la comunidad y un prestigio educativo. Para ingresar al Reconquista había que rendir examen de ingreso y el que no aprobaba iba al colegio privado. DOYON 67 funcionaba con tres delegados por división elegidos democráticamente por los compañeros: se formó una Comisión Directiva y los chicos redactaron un reglamento. “Todavía conservo el Libro de Actas con todas las actas de las reuniones. Me tocó ser el Presidente de la Comisión Directiva de DOYON 67 durante esos dos años y medio. Quizás por eso guardé la película y todos estos tesoros de juventud”, razona Rodas.

Cuadro final del festival de fin de 5º año llevado a cabo en el Club Tiro Federal Argentino. La letra Y la personifica el alumno Daniel Pedre.

DOYON 2017
La noticia social, llegada al periódico en forma de gacetilla, cuenta que los ex alumnos de los Colegios Nº 12 “Reconquista” y Nº 11 “Cornelio de Saavedra” festejarán su día el sábado 28 de octubre a las 17 en el Salón de Actos de la sede de Triunvirato 4992. Este año celebran las Bodas de Oro los bachilleres de la ahora célebre Promoción DOYON 67. Durante el transcurso del acto se pasará por primera vez en forma pública, luego de 50 años, la película Etapa. “Para esta reunión vamos a ser entre 65 y 70 compañeros. Vendrán desde Bruselas, Cádiz, Israel, Nueva York, Miami y de distintos lugares del interior del país. Con algunos de ellos nos reencontraremos después de 50 años. Será muy fuerte volver a proyectar la película”, anticipa Rodas y damos fe de ello. Es una obra emocionante incluso para quienes no tenemos relación con esa época.
Como sucede con los grandes éxitos cinematográficos de Hollywood, Etapa tuvo una secuela. La segunda parte se filmó cuando los “muchachos” cumplieron 25 años de egresados: la película dura cuatro minutos y muestra a los ex alumnos dando una vuelta alrededor de la Plaza Esteban Echeverría, ahora con la presencia de sus hijos. Ambos cortos pueden verse en la web y ya hubo compañeros que manifestaron su emoción al viajar en el tiempo. “Decidimos subir la película a Internet antes del acto para que el impacto no fuera tan fuerte, porque son muchas emociones juntas y ya estamos grandecitos -bromea Rodas-. Poder verla varias veces y tranquilo en tu casa te transporta a los recuerdos imborrables de la adolescencia y también a poder compartirla con los hijos, los nietos, la familia y los amigos”.
La muchachada que le dijo adiós al colegio en 1967 reflexiona que, quizá al pertenecer a una generación disruptiva y vivir inserta en un cambio de paradigma social, no le dio a la película el valor que indudablemente tiene. “Tuvimos el privilegio de que a los 14 años un profesor de dibujo nos llevara al Instituto Di Tella. Ahí vimos por primera vez la saga de Juanito Laguna y Ramona Montiel pintados por Antonio Berni. Vivimos la aparición de los anticonceptivos, los jeans, las medias de colores, los asesinatos de Kennedy y Martin Luther King, el nacimiento de Los Beatles en 1963… Por eso termina la película con el tema Help (N. de la R.: YouTube obligó a quitar la canción del video en resguardo de los derechos de autor): estábamos pidiendo ayuda para el futuro que se avecinaba y el colegio secundario nos dejaba de proteger”, dice Rodas.
El miedo al futuro era infundado: la mayoría de los egresados del Colegio Reconquista estaba formada intelectualmente para el éxito y por eso se destacaron luego en sus vidas profesionales y laborales. Sin ir más lejos, dos sillas de la Academia Nacional de Medicina están ocupadas por ex alumnos del Reconquista: Raúl De los Santos y Julio Ravioli. Y casi todos los miembros de DOYON 67 trascendieron en sus vidas.

Carlos Fernández, Marcelo Benini (director de El Barrio), Jorge Violini, Eduardo Rodas, Héctor Ginanni y Patricio Ghirardi, en el Café de la U.

The end
Etapa finaliza con los chicos corriendo desde el Reconquista hacia la Plaza Echeverría, con la voz en off relatando las confusas emociones y justo antes de que comience a sonar Help, clásico de Los Beatles: “Y en el último día damos forma a nuestros recuerdos, remontamos estos años de colegio como si ahora de pronto no quisiéramos irnos. Y así nos aferramos entre todos y gritamos, gritamos por la calle, por la plaza, a través de todo Urquiza, como cerrando el ciclo de todas las mañanas silenciosas cuando veníamos caminando para el colegio por las calles casi dormidas. Por las mismas calles y baldosas y con la misma gente tempranera. O como nosotros mismos mañana, yendo al trabajo, a la Facultad, a cualquier parte…”.

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