Causan desagrado simplemente con nombrarlas. Diariamente aparecen en las calles y hasta en los hogares con los peligros reales que implican, al ser transmisores de enfermedades tanto para los humanos como para las mascotas. Los terrenos baldíos y las obras en construcción son un verdadero criadero de estos animales.

Por Sergio Calandra
fiscal@periodicoelbarrio.com.ar

 

Aquellos que ya peinan más de cuatro décadas quizás relacionen el título de esta nota con el clásico tema de la banda inglesa de reggae UB40. Lamentablemente, es muy distinto disfrutar de una canción llamada Una rata en la cocina que encontrarse con estos indeseables animalitos dentro de propiedades privadas, en las calles o en los árboles. En los troncos ahuecados forman sus guaridas y se desplazan con una velocidad sorprendente.

Cuando estamos de vacaciones y las vemos cruzar por el medio de la ruta, en pleno campo, las llamamos simpáticamente cuises. Estos animales no causan el mismo rechazo o repugnancia que los roedores citadinos que escapan por alcantarillas, trepan árboles, hacen equilibrio en los tendidos eléctricos y comen restos de basura.

Técnicamente debe ser casi imposible que los roedores no se reproduzcan o que no se propaguen en lugares donde hay gran acumulación de residuos y humedad, como sucede en las grandes ciudades. Sin embargo, algunos vecinos
adoptan medidas caseras para evitar que las ratas circulen por los cableados de Cablevisión y Telecentro: colocan en los alambres de acero una especie de collar ortopédico -como los que les ponen a los perros cuando están en tratamiento, para que no se rasquen- e impiden que avancen por esas extrañas “autopistas” que se forman en las alturas.

 

Invasión de roedores
Es realmente preocupante la superpoblación de estos animales. Los vecinos deben protegerse ante el abandono de las autoridades municipales, quienes no toman medidas para apaciguar estas desagradables presencias. No se ven camiones ni personal que trabaje con las camionetas amarillas de control de plagas y menos aún que ingresen en lotes baldíos para desratizar.

Los grandes camiones atmosféricos de AySA que recorren la ciudad para trabajar en cloacas, alcantarillas troncales y sumideros no son los encargados de esta tarea. Ellos deben mantener limpias de basura y de residuos cloacales las grandes cañerías, aunque seguramente se encuentran a su paso las ratas que habitan bajo tierra en toda la ciudad.

Los particulares deben contratar empresas privadas para que con cebos, tramperas, tóxicos y ultrasonido traten la situación, pero estas soluciones no siempre son efectivas. Lo que sucede es que muchas veces el problema viene desde afuera de las propiedades y es difícil acabar con esta invasión.

 

Peligro: lotes baldíos
Si uno tiene la mala suerte de vivir pegado o muy cerca de un terreno baldío, o bien junto a un inmueble en demolición, podrá ser testigo de la proliferación de roedores que se produce en toda la cuadra. Pareciera que las Fiscal-callesmadrigueras se desparraman por doquier ante la desarticulación de los cimientos.

Lo mismo sucede con las propiedades vacías, ya que los roedores se transforman en locatarios sin contrato y las usurpan con toda su prole. Ni hablar si hay alimentos o comestibles en las cercanías. A los árboles, a su vez, llegan
desde terrazas vecinas, transitando entre los balcones de los departamentos de los primeros pisos.

 

Mascotas inocentes
¿Quién no tuvo alguna vez la suerte de vivir en carne propia la tierna escena protagonizada por nuestras mascotas, quienes alcanzan hasta nuestros pies alguna laucha o pajarito -vivo o muerto- con su boca, moviendo alegremente la cola como si se tratase de un trofeo de su cacería hogareña? Este es un claro ejemplo indeseado de convivencia entre Fiscal-calles-3roedores, mascotas y humanos.

Los perros toman como un juego la presencia de los roedores. Mientras que los gatos, por su instinto natural, logran eliminarlos o ahuyentarlos persiguiéndolos hábilmente. Son las mascotas las primeras en darse cuenta y advertirnos cuando estamos cerca de la presencia de roedores en nuestras propiedades. Se ponen inquietas, ladran y miran hacia lugares en los que uno no detecta nada a simple vista.

 

Falta de educación
Es muy fácil y una gran tentación para el ser humano tirar los desperdicios generados por él mismo en propiedades baldías, generando suciedad y una garantía segura de aparición de roedores. Vemos a diario personas y vecinos acumuladores que -en la mayoría de los casos por enfermedad psicológica- juntan materiales y cosas inservibles que Fiscal-calles-2nunca van a utilizar, como así también decenas de galpones o fábricas que apilan al aire libre chatarra y funcionan como potenciales hogares de ratas merodeadoras.

Esta situación agrava y fomenta aún más la propagación de estas plagas. También genera la aparición de grandes pastizales y plantas que se reproducen solas, sumado a que nuestro clima es cada vez más húmedo.

 

Triste récord
Existen algunos casos puntuales en los que las burocracias municipal y judicial perjudican con su inacción a la población, al tener que convivir con basura, roedores y hasta focos de dengue. En Mendoza 5030, casi Triunvirato, en Villa Urquiza, donde hace seis años tuvo lugar el derrumbe del gimnasio Orion, se colocó el 19 de febrero pasado una empalizada definitiva para que no se siga tirando dentro del predio todo tipo de basura.

Pero detrás de esta nueva chapa permanecen los altos matorrales, arbustos, árboles y escombros, junto al gran pozo de la fallida excavación. De esta manera se mantiene el hábitat propicio para que roedores y alimañas se regeneren e ingresen a las propiedades linderas, al no realizarse allí una desratización de manera mensual.

Los negocios, principalmente aquellos que venden comestibles y productos frescos, ya no saben qué medidas tomar para que las ratas provenientes de ese terreno dejen de ingresar a sus locales. Cuando vienen las inspecciones de higiene, bromatología y salubridad, ante los rastros de roedores culpan a los comerciantes. Sin embargo, el mal se encuentra afuera: por favor, funcionarios del Gobierno de la Ciudad y de la Justicia, hagan algo urgentemente con este tema porque se les ha ido de las manos.

 

Una vecina espera respuesta
La única propiedad lindera que quedó con importantes daños en su techo y medianera generados por el fatal derrumbe se encuentra en el 5022 de la calle Mendoza, perteneciente a María Elena González Broullion. A pesar de sus reclamos, no obtuvo solución hasta el momento y espera que alguien con poder de decisión en el Gobierno de la Ciudad lea esto, vea el estado en el que se encuentran sus techos y le ofrezcan una solución, ya que su hogar se está degradando día a día.

Siguen cayendo pedazos de revoque sobre sus muebles y no cuenta con los fondos para poder afrontar el costo de tan importante reparación. Bien sabemos que para las arcas municipales el monto total para arreglar estos daños son mínimos, no así para la vecina. ¡Manos a la obra entonces!

 

Cómo reparar una vereda
Convive con vecinos y transeúntes desde hace ya más de tres años en la Av. Triunvirato entre Mendoza y Juramento, vereda par, un hierro que emerge entre las baldosas y amenaza con hacer tropezar y lastimar a quienes diariamente circulan por ese estrecho lugar. Como si fuera una receta de cocina, les damos a las autoridades municipales las indicaciones para poder reparar el amenazante hierro.

 

Ingredientes:
1) Una amoladora para cortar los hierros al ras del piso.

2) Un poco de cemento y arena (ni pedimos que coloquen una baldosa igual).

3) Dos operarios con una pala y un balde.

4) Una pequeña camioneta o camión para trasladar los materiales pre y post obra.

 

Ahora a disfrutar de la vereda. A veces, con un poco de humor, las cosas se consiguen más rápido. ¿Será posible que alguna autoridad lea este antiguo reclamo del periódico El Barrio y proceda a mandar urgentemente una cuadrilla?

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