Nota publicada en la edición Nº 104 de El Barrio, noviembre de 2007.

Varios proyectos pretendieron, sin éxito, cambiar el nombre de la calle Monroe por el de Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas. Ahora el diputado porteño Miguel Talento presentó una iniciativa en la Legislatura de la Ciudad para designar con el nombre del polémico caudillo bonaerense a la futura estación de subte de Villa Urquiza, que estará en la intersección de las avenidas Triunvirato y Monroe.
En rigor, en 1974 -por Ordenanza 29.905- se le impuso el nombre de Brig. Gral. Juan Manuel de Rosas a la calle Monroe, denominación que llevó hasta 1976, cuando el Decreto-Ordenanza 1665/76 le restituyó el nombre de Monroe. La medida adoptada obedeció al reclamo de los vecinos de los barrios que atraviesa Monroe, que en ningún momento aceptaron el cambio de denominación. A tal punto que en muchas esquinas pegaron papeles con el nombre de Monroe sobre las nuevas chapas.
La calle Monroe nace en la Av. Presidente Figueroa Alcorta, con el número catastral 701, y finaliza en Avenida de los Constituyentes con la numeración 5899. En un principio era un camino de tierra (entonces llevaba el nombre de Saavedra). Era el paso obligado desde Villa Catalinas hasta Belgrano, si el tiempo lo permitía. La Ordenanza del 27 de noviembre de 1893 le asignó a ese camino su actual denominación, que recuerda al Presidente de los Estados Unidos James Monroe, nacido en el estado de Virginia el 28 de abril de 1758.

Otras iniciativas
En 2002, la legisladora capitalina Marta Talotti presentó un proyecto por el que se denominaba Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas al Parque Carlos Thays. En el mismo año, el diputado porteño Mario Pacho O’Donnell presentó un proyecto por el cual se designaba con ese nombre a la actual calle Monroe. Las iniciativas no prosperaron. En 2005 el legislador Claudio Ferreño impulsó la misma iniciativa, considerando que era una injusticia que Rosas no tenga una calle que lo recuerde en la ciudad donde nació y vivió simplemente porque la dictadura sacó su nombre. “Sin entrar en el debate sobre si fue bueno o malo, ni compararlo con otros próceres, no podemos obviar que gobernó y dirigió los destinos del país durante 20 años”, razonaba Ferreño. El argumento respondía a la realidad histórica, pero la historia oficial que todos aprendimos determinaba que Rosas fue un dictador, un tirano sangriento que jalonó su gobierno de casi veinte años con fusilamientos, asesinatos y otros delitos de lesa humanidad.
A mediados del siglo XX, una corriente revisionista impulsada por el historiador José María Rosa y el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas promovió la búsqueda de lo realmente acontecido en la historia nacional, logrando sacar a la luz numerosos documentos que rebatían los argumentos conocidos. Así, aparecieron libros de historia revisada que con el correr de los años fueron aumentando su difusión. Esta situación, en alguna forma y con los cambios generacionales propios, fue modificando en buena parte los conceptos reinantes sobre el “tirano” Rosas.

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