De adolescente, jugó con ella por primera vez en 1978, en el UTC, y le ganó con facilidad. Cuatro años después, esos cruces se volverían un clásico del tenis juvenil. Ex vecina de Villa Urquiza, tiene el mérito de haber vencido una vez más a la mejor representante argentina de todos los tiempos. En esta entrevista recuerda anécdotas de su carrera como jugadora, que se desarrolló en Europa pero se forjó en Villa Pueyrredon.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

“Nació el 14 de junio de 1966, en la Capital Federal, y comenzó a jugar al tenis a los ocho años de edad. El Urquiza Tenis Club la recibió desde muy pequeña para incorporarla a la escuela de tenis de la entidad, aunque siempre fueron sus padres quienes se preocuparon para enseñarle y mejorar sus golpes, corrigiendo puntos débiles, para llegar a un nivel más competitivo (…) Tiene un juego de base y la consigna es mejorar todo lo referente al ataque”.
En 1981 la revista especializada Tenis Tie Break destacaba a Verónica Platz, por entonces Nº 1 del ranking metropolitano de cadetes y Nº 3 del nacional, como “la tenista juvenil de mejor comportamiento en nuestro medio”. A sus 15 años, esta vecina de Villa Urquiza era presentada en la nota a doble página como una de las jugadoras locales de mayor proyección. Tenía en su haber un logro que no podía ser mencionado en el reportaje porque cobraría relevancia con el paso del tiempo: tres años atrás había derrotado por primera vez a Gabriela Sabatini en una de las canchas del histórico club de Villa Pueyrredon, ubicado en Caracas y Griveo.
“La primera vez que jugué con ella fue en un metropolitano de 1978, en infantiles. Yo tenía 12 años y era la Nº 2 del ranking metropolitano. Ella tenía 8. Se anotó en el torneo, le ganó a todas las chicas de la qualy y logró ingresar. Se hablaba de una tapada que tenía mucho talento. Me acuerdo que pensé ojalá no me toque a mí. Y me tocó enfrentarla en el primer partido. Le gané fácil, creo que 6-1 y 6-2, pero entré a la cancha muy atenta porque sabía que era un partido riesgoso. Había mucha diferencia física y yo tenía más experiencia. Gaby era chiquita, flaquita, de pelo corto, no hablaba y jugaba con short. Sabía hacer todo adentro de la cancha. La acompañaban los papás, los abuelos, los tíos… Ese fue mi último año como infantil”, relata Platz, tras jugar un partido con su hermana menor en el mismo club donde se inició hace más de cuatro décadas.

A vos te tengo vista
En teoría, aquel partido en infantiles debió ser el único que jugaran ambas en sus vidas, ya que la diferencia de edad las ubicaba en categorías diferentes y jamás podían volver a enfrentarse. Pero Sabatini era tan superior al resto que en 1982 la ascendieron a cadetes, porque les ganaba fácil a todas las infantiles. Y entonces volvió a cruzarse con Platz. Esta vez, con 12 años, tenía mucha más experiencia, más físico y jugaba de igual a igual ante rivales cuatro años mayores. El reencuentro entre Gaby y Verónica fue en una final disputada en el Buenos Aires Lawn Tenis. Sabatini derrotó a Gabriela Castro en semifinales y enfrentó a quien en ese momento era la Nº 1 del ranking de cadetes.
“Me habían dicho que si yo ganaba la final, a Gaby la bajarían nuevamente a menores. El primer set ella lo ganó fácil, 6-0, y yo estaba muy nerviosa. En el segundo estuve 3-0 arriba y 4-1, pero perdí 6-4. A partir de ahí se convirtió en la principal rival de mi categoría. La volví a tener de rival por lo menos cuatro veces más”, recuerda una sonriente Platz, mientras en el club se escuchan los peloteos provenientes de sus seis canchas de polvo de ladrillo. Las crónicas periodísticas del 10 de agosto de 1982 indican que el Campeonato Río de la Plata tuvo como atractivo a la pequeña jugadora de River Plate, quien participó dos categorías arriba de su edad. “El partido fue atractivo, pues ambas se respetaron desde el comienzo y buscaron, mediante pelotas altas, el error del rival o conseguir un hueco por donde atacar. Sabatini fue acumulando ventajas, sorprendió por su seguridad e impuso el cambio de ritmo en los momentos justos”, dice una reseña de aquel choque.
Pero lo más sorprendente es el recorte del diario La Nación, que tituló “Hazaña de Sabatini” para referirse al triunfo de la talentosa jugadora sobre la favorita: “Es de destacar la brillante actuación de la ganadora, que todavía actúa en la categoría de Infantiles menores de 12 años y obtiene el título en dos categorías superiores”.

Aunque actualmente vive en Pacheco, todos los fines de semana Verónica Platz juega con su hermana Analía en el Urquiza Tenis Club, de Villa Pueyrredon.

Una rivalidad en aumento
A partir de entonces, los enfrentamientos entre Platz y Sabatini se volvieron habituales en cadetes. “Perdí una final en el Urquiza Tenis Club en dos sets, fácil, quizá 6-2 y 6-1 (N. de la R.: Fue 6-1 y 6-4). Ese día cambié la estrategia, intenté subir más a la red porque mi viejo me decía que de fondo Gaby me ganaba. Pero tampoco funcionó. Luego le gané en Harrods, volviendo a mi juego. Fue en tres sets, 6-4 en el tercero. Posteriormente jugamos en Estudiantil Porteño y ese día gané, pero perdí… Yo iba 6-5 en el tercer set y tuve un match point. Una pelota de ella picó afuera de la cancha. Jugábamos sin juez de silla y yo seguí el punto, a pesar de que todo el mundo vio que la bola era mala. Cuando sos profesional no cometés esa clase de errores. Creí que podía ganar igual y no ocurrió. Terminé perdiendo el partido, no lo podía creer”, se lamenta Platz 35 años después.
Un registro periodístico revela cómo fue aquel increíble partido: “Después de un primer set muy rápido, que ganó Sabatini por 6-0, Platz se colocó 5-0 arriba. No obstante Sabatini luchó y logró igualar en 5, pero se le escapó el set perdiendo dos games seguidos. En el tercero Sabatini quedó 5-4 y tuvo tres match points, pero tiró dos pelotas a la red y la tercera le picó mal y no pudo devolverla. Platz aprovechó, siempre con un despliegue físico asombroso y mucha regularidad, para igualar en 5 y colocarse 6-5 arriba con su saque y un match point a su favor. Sabatini tiró un drive alto que picó muy cerca de la línea, una pelota muy dudosa que Platz dio como buena sin inmutarse ni esbozando gestos de malhumor. Volvió a sacar iguales, perdió su servicio, Sabatini ganó el suyo y en medio de un viento insoportable y un marco adecuado -más de 150 personas observando- se adjudicó el tercer metropolitano del año en la categoría cadetes, en un partido que duró poco más de tres horas”.
Platz reconoce que durante ese inolvidable 1982 entrenaba para jugar contra ella, su rival más dura. Pero no era la única talentosa de aquella camada. Enfrentó infinidad de veces a Mercedes Paz, otra gran jugadora de la época (fue Nº 12 del mundo), con quien perdió la mayoría de las veces salvo una final nacional en Tucumán, casualmente la provincia natal de Mecha. “Eran partidos muy disputados, casi siempre se definían en el tercer set”, aclara Platz, quien también tiene en su haber alguna victoria sobre Bettina Fulco, quien llegó a estar 23º en el ranking internacional. Cuando al año siguiente Platz asciende a juveniles, Sabatini es reclutada por el entrenador chileno Patricio Apey y se vuelve profesional a los 14 años. Sin Gaby en el camino, Platz volvió a reinar en la región metropolitana y recuperó el Nº 1 del ranking.

Como una hermana menor
La rivalidad y amistad entre Platz y Sabatini se desarrolló apenas un año antes de que Gaby se convirtiera, con apenas 13 años, en la más joven ganadora del Orange Bowl, uno de los más prestigiosos torneos internacionales de tenis junior. “Los lunes, cuando el UTC estaba cerrado, me pasaba a buscar la madre de Gabriela por mi casa, en Tomás Le Bretón y Constituyentes, y me llevaba con ella a entrenar a River. Yo no quería ir porque allí estaba su entrenador, Palito Fidalgo, y creía que me estudiaban el juego. Allí teníamos la cancha y las pelotas reservadas para nosotras”, relata Platz.

-Se hicieron amigas…
-Sí, lo que pasa es que había mucha diferencia de edad. Aunque no teníamos muchos temas en común, nos reíamos: era como mi hermanita menor. Una vez en River, mientras esperábamos a Palito, me ofreció jugar un partido con la mano izquierda. Yo no puedo ni levantar la raqueta con esa mano y ella hasta tiraba la “Gran Willy”. Gaby tenía 12 años y hacía lo que quería con una pelotita de tenis.

-¿Cuáles eran las principales características de Sabatini?
-Era una chica muy introvertida, extremadamente sencilla. Nunca se refería a ella y no sobraba a nadie. La cargábamos porque no hablaba. Íbamos a los nacionales para representar a la delegación de Capital y Gran Buenos Aires. Viajábamos a todo el país y dormíamos en los vestuarios de los clubes, a veces en casas de familia. La mamá me decía “cuidala a Gaby”. Fue una hermosa etapa y estoy seguro de que ella, como yo, tiene los mejores recuerdos de esos torneos. Haberla enfrentado fue una experiencia hermosa, porque era una mina muy piola. Nunca iba a discutirte una pelota en la cancha ni yo a ella. Cuando se hizo profesional no cambió: en el circuito la querían un montón. En el club la relacionan mucho conmigo porque la enfrenté dos veces en estas canchas. Al día de hoy me junto con ella y recuerda perfectamente esos partidos.

La conquista de Europa
El público masivo conoce a Federer, Nadal, Del Potro o a las hermanas Williams. Pero hay todo un mundo de tenistas que va más allá de los top 100, que viven del tenis sin necesidad de participar regularmente del circuito profesional. “Yo llegué a estar 380 en el ranking de la WTA (N. de la R.: El sitio web de la Women’s Tennis Association indica que su mejor ranking fue Nº 367, el 29 de agosto de 1988), pero lo que más rescato de mi vida tenística fue la experiencia de representar a clubes de Europa entre 1985 y 1994. Sólo volvía a jugar el circuito sudamericano en noviembre y diciembre: Buenos Aires, Montevideo, San Pablo, Santiago, Asunción. Allí podía pasar dos ruedas a lo sumo, eran torneos dificilísimos. Si querías vivir del tenis, tenías que irte a Europa. Mi casa me la construí gracias al tenis. Jugué muchos interclubes en Francia, Suiza y Alemania. En este último país el nivel es muy alto”, describe Platz.

-Tu vida fue bastante nómade. ¿Vivías sola o con tu familia?
-Me fui a los 18 años, cumplí 19 en Suiza. Viajé con mi hermana mayor, Gabriela, que ahora vive en Alemania. Nos olvidamos de la asociación de tenis y nos organizamos. Nos esperó mi tío suizo, que no hablaba una palabra de castellano. Nos alojó en su casa y conocimos el mejor club de Berna. Jugamos en la Primera, pero al año siguiente nos contrataron en Alemania. Aprendí a hablar alemán en forma autodidacta. Después del español, mi primer idioma es el francés. También hablo inglés e italiano. Ese rebusque de los primeros años me sirvió de mucho. Los contratos los defendíamos nosotras, nos hicimos de abajo. Al tercer año se sumó mi hermana menor, Analía. Yo fui la que seguí adelante. 1988 fue el último año que jugamos en un mismo club. En 1989 me ofrecieron un muy buen contrato en Ginebra, Suiza, y ellas se fueron a Munich, Alemania. Alguna vez jugamos ante el club de Martina Hingis; no llegué a enfrentarla, pero compartí con ella el tercer tiempo. Se jugaban dos meses fuerte, negociabas bien ese contrato y luego podías ir a donde quisieras. Me inscribía en torneos en Europa e intercalaba torneos WTA. En 1987 jugué en Kirchberg, Austria, y festejé haber ingresado en el ranking. Yo no tenía sponsors y había que pagar vuelos, hotel, comida… Alguna vez enfrenté en el circuito a la alemana Bárbara Rittner (N. de la R.: Llegó a estar Nº 23 del mundo). Me siento orgullosa porque durante nueve años viví de esta actividad. Mi papá nos dijo “ustedes no van a pasar hambre” y nos abrió una cuenta en Suiza. Pero nosotras no tuvimos necesidad de tocar un solo franco suizo.

Ex número 3 del mundo, Gabriela Sabatini es la mejor tenista argentina de la historia.

-Fuiste testigo de la carrera de Gabriela Sabatini viviendo en Europa. ¿Qué te producía ver a quien fue tu rival más dura en la adolescencia jugando de igual a igual con Evert, Navratilova o Graf?
-Mis amigos no podían creer que yo la hubiera enfrentado. Los franceses y los alemanes la amaban. Para mi papá Gaby era como una hija, fue su admirador Nº 1 desde los ocho años cuando le gané en el Urquiza. Hemos llegado a jugar partidos de pool mi papá y yo contra Gaby y su papá. La volví a ver al final de la carrera, fui a su casa, vino a la mía y mi marido hasta le ha hecho un asado.

-¿Por qué creés que Sabatini se retiró del tenis tan joven, a los 26 años?
-La vida en el circuito WTA es muy dura, hay muchas presiones y exigencias. Gaby se cansó. Con mis hermanas pudimos armar un círculo de gente amorosa, que te quiere y protege. Te podés permitir perder un partido e irte tres días a la casa de tu tío. Es oxígeno para poder seguir jugando. Gaby giró durante muchos años sólo conociendo los clubes donde jugaba, sin tiempo para pasear o disfrutar. Ella no quiso más esa vida y dejó temprano, hizo bien en retirarse.

-Nombraste a tu papá, ¿fue clave en tu carrera?
-Era Doctor en Química y tenía una pyme, pero era un amante del tenis. Un amateur estudioso. Fue el referente más fuerte que tuve. Y nosotras llegamos mucho más allá de lo que él imaginó. Mi mamá también jugaba muy bien, fue la Nº 1 del UTC, y mi tía era la Nº 1 de Veteranas en Argentina. Las tres hermanas jugábamos en junior y mis viejos se la pasaban llevándonos a los torneos.

El auto como hogar
Claro que no todas fueron rosas en la carrera tenística de Platz. “He jugado partidos que si ganaba me pagaban el hotel y la comida, pero si perdía tenía las valijas en el auto y debía irme a buscar alojamiento porque en el hotel no había más lugar -explica-. A todos los que perdían después de las dos de la tarde en Francia se les pagaba el alojamiento, pero si la derrota se producía antes te tenías que ir. En Lyon perdí a las dos menos cuarto. Fui a hablar con el director del torneo y no hubo caso. El coche era mi casa, metía todo ahí adentro. Todos los años lo cambiaba, sin el coche me moría. Tenías que ser muy fuerte para bancarte las broncas y los altibajos que tiene la profesión. Nunca más viví algo parecido. La euforia de mis tiempos de jugadora, cuando me iba bien, sólo fue superada por el nacimiento de mis hijos. Lucas tiene 14 y Laurita 13”.

-¿Nunca estuviste cerca de formar una familia en alguno de los tantos países donde viviste?
-No era fácil, porque como tenista tu pareja te tiene que acompañar. Sólo un entrenador podría hacerlo. Tuve novios en Europa, pero no fueron lo suficientemente importantes como para dejar el tenis o quedarme allá. Mi hermana conoció a un alemán y lo hizo. Siempre focalicé en parejas que no se dedicaran sólo al tenis, me hubiera muerto de aburrimiento. Buscaba algo más. Lo único que se hablaba en ese ambiente era de los partidos y de la plata que ganabas. Mi gran patrimonio son las amistades que hice en Europa. Mi vida fue mucho más allá del tenis: esa experiencia forjó mi carácter. Yo salí de una sociedad bastante prejuiciosa y conocí otra más abierta. Cuando volví a Buenos Aires me sentí muy rara, pero a la semana de haber regresado definitivamente era como si nunca me hubiera ido.

Del tenis al turismo
En 1984 Platz ganó seis torneos nacionales y tenía los puntos necesarios para viajar al Orange Bowl, pero la Asociación Argentina de Tenis (AAT) prefirió aprovechar que Mercedes Paz estaba en Miami y la eligió como representante argentina. “Eso me enojó mucho y fue lo que me decidió a irme a Europa al año siguiente a hacer mi carrera. Siempre fui muy independiente y gracias a eso terminé dedicándome a mi profesión actual: hice la Licenciatura en Turismo en Tours, Francia, y ahora soy agente de viajes. Cuando venía al país todo el mundo me preguntaba a dónde podía viajar, qué le podía recomendar. Y me pasaba todo el verano asesorando a los socios desde la pileta del club”, recuerda sobre el origen de su actual vocación.
Cuando al final de su carrera Platz volvió a la Argentina y empezó a buscar trabajo, dejaba curriculums en las agencias de viaje para trabajar en turismo. Había apenas una línea que mencionaba su pasado como jugadora de tenis y, sin embargo, todos la convocaban por ese detalle. “Les asombraba que hubiera podido vivir nueve años del tenis, imaginaban que era una leona vendiendo. Pero duré poco en relación de dependencia. Enseguida me abrí y comencé a trabajar en forma autónoma”, explica Platz.
Integrante actual del equipo de Veteranas del Urquiza Tenis Club, para ella el tenis sigue siendo su cable a tierra. Aunque vive en Pacheco, todos los fines de semana se la puede ver jugando con su hermana Analía. Mientras el sol va cayendo en Villa Pueyrredon, Platz ensaya una última reflexión: “Cuando subieron a Gaby a mi categoría, me enojé bastante. Mi viejo, que fue mi mentor, se reía y nos decía a todas las chicas de mi camada: Lo mejor que les puede pasar a ustedes es Sabatini. Quería decirnos que el hecho de tener una genialidad cerca nos iba a empujar a mejorar a todas. Tenía razón. Esa filosofía me acompañó durante toda mi vida y hoy se la transmito a mis hijos”.

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