Buenos Aires siempre se vio fragmentada por las distintas barreras urbanas, ya sean naturales o creadas por el hombre. El incremento desmedido del parque automotor dio origen a un plan de conectividad entre los distintos barrios. El uso de túneles ha sido beneficioso en algún aspecto, pero también causó distintos perjuicios a los vecinos.

 

Por el Arq. Jorge Luchetti
jluchetti@periodicoelbarrio.com.ar

 

Desde hace algunos años el Gobierno de la Ciudad ha puesto como prioridad mejorar las vías de comunicación en toda la urbe, con el fin de optimizar los problemas de tránsito que tanto aquejan a los porteños. Desde que el automóvil se hizo dueño de las calles ocupando el espacio urbano, el tema de los embotellamientos se ha ido agravando. En estos últimos tiempos se han tomado varias medidas al respecto, pero a decir verdad fueron y siguen siendo atenuantes muy discutibles y no del todo efectivos. Más allá de que estas decisiones lograron paliar la crisis inmediata provocada por ese incremento del automóvil, las mismas no parecen ser suficientes.
Por otro lado, muchos vecinos de los distintos barrios de Buenos Aires, que se ven afectados por algunas de estas decisiones, mantienen sus quejas ante el ejecutivo porteño pidiendo soluciones para cada caso. Una de las primeras medidas que tomó en 2009 el jefe de la Ciudad de aquel entonces, Mauricio Macri, fue implementar un plan de ordenamiento del tránsito con un primer paso muy cuestionado. Se comenzó a cambiar el sentido de circulación de las calles, optando también por la doble mano para varias avenidas, lo que en un principio trajo serios inconvenientes.
La construcción del Metrobus fue otro de los caminos elegidos dentro del plan, pero como ya hemos dicho con anterioridad la consideramos una opción obsoleta. Tomemos en cuenta que en varios lugares del mundo ya fue descartado este sistema porque sigue siendo un tipo de vehículo contaminante, poco económico y no tan efectivo como otros medios de transporte.
Una alternativa muchas veces relegada fue la extensión de los ramales del subterráneo, que ya se había retomado a principios de los 2000 y que el macrismo continuó en su primera etapa de gobierno, aunque después comenzó a desviar los fondos para la construcción del Metrobus. De todas formas, el subte por sí solo no llega a cubrir la necesidad de la gente. Además debemos tomar en cuenta que los costos de las perforaciones son muy elevados. Ya en otra oportunidad nos referimos a este tema, que es muy discutible ya que deja de lado la posibilidad de barajar opciones más efectivas.
En esta ocasión trataremos de analizar otra de las experiencias macristas, como los viaductos y sus consecuencias -tanto positivas como negativas- para nuestros barrios. Son trabajos que se vienen realizando desde algunos años y se han vuelto un tema controvertido en varios aspectos, lo que ha dividido las opiniones a favor y en contra. La mayor de las críticas pasa por el diseño que tienen estos túneles y la injustificada construcción de muchos de ellos, que parecen ser más perjudiciales que beneficiosos para los vecinos.

Perjuicios y beneficios
No hay duda de que Buenos Aires necesitaba estratégicamente unir distintas partes de la ciudad, que las barreras naturales y las creadas por el hombre fueron seccionando a lo largo de la historia. El tema es saber si fue necesario perforar la urbe de tal forma. Tengamos en cuenta que muchos barrios se conformaron en derredor de las estaciones ferroviarias, consolidando de esta manera su trama e incluyendo a los rieles en muchos casos como límites identitarios de cada barrio.
La decisión de abrir viaductos a troche y moche ha provocado una ruptura no sólo del tejido urbano ya consolidado sino que también ha atentado contra la armonía de estos rincones. El paso del automóvil en varios de estos lugares era escaso. Con los nuevos túneles, el tránsito ha aumentado de forma considerable y las calles perdieron la tranquilidad de antaño. Estas medidas sin duda estimulan el uso del automotor, mientras que en las ciudades del primer mundo se busca disminuir su circulación y en cambio optimizar el transporte público.
En estos últimos años, en toda Buenos Aires se inauguraron más de 25 pasos bajo nivel, la mayoría de ellos en los barrios de la Comuna 12. El Gobierno de la Ciudad, argumenta que los túneles garantizan mayor fluidez y seguridad y permiten el traslado de manera mucho más rápida, cómoda y segura, además de contribuir a cuidar el medio ambiente. Cada nuevo viaducto es una renovación del valor del espacio público del barrio, ya que permite dividir el tránsito.
Los tan controvertidos sapitos -así fueron apodados por los vecinos- son para el uso de automóviles y evitan la circulación de camiones y colectivos, asegurando así mantener una circulación barrial sin vehículos de gran porte. Un automovilista puede llegar a tardar más de 20 minutos en cruzar un paso a nivel con la barrera baja. En cambio, los pasos bajo nivel son obras que permiten una fuerte fluidez vehicular. Viendo las cosas de esta forma todo parece perfecto y sin lugar a duda, de manera directa o indirecta, estas obras están pensadas para favorecer el uso del automóvil. Pero surgen varios perjuicios que comenzaremos a detallar.

Tunel Ceretti

 

Críticas al sistema
Si bien existió siempre esa necesidad de conectividad que tanto mencionamos, la principal duda que surge ante las primeras experiencias es si realmente eran necesarios todos estos pasos, si el diseño de los mismos es apto para nuestra ciudad y si en cada caso se hicieron estudios reales del impacto ambiental. Se han quejado muchos vecinos linderos a los túneles, los cuales se han visto seriamente perjudicados por las obras.
En 2014 el Consejo Consultivo de la Comuna12 se expidió sobre la enorme importancia de los pasos bajo nivel para mejorar la fluidez del tránsito vehicular. Sin embargo, entiende las críticas de diversos vecinos a ciertas características de estos túneles. Por esta razón, y ante el comienzo de nuevas obras, hizo una serie de observaciones sobre el diseño de estos pasos en una nota presentada el 4 de julio de 2014 a la Junta Comunal. Pero hasta el momento no han sido tomadas en cuenta y no se ha dado respuesta alguna sobre el tema. La más destacada de las recomendaciones se refiere a la preservación de los pasos peatonales a nivel, principal perjuicio de estos emprendimientos. Los túneles provocan la ruptura urbana interponiendo una barrera, que no queda resuelta con los pasos peatonales a desnivel.
Otros de los aspectos tomados en cuenta fue el de las inundaciones. Sabemos que Buenos Aires es una ciudad inundable y la mayoría de estos proyectos están en zonas de riesgo. Realmente no hay garantía de que estos túneles no se inunden, de hecho algunos sufrieron graves consecuencias ante la llegada de importantes lluvias. La falta de seriedad de los certificados de idoneidad ambiental de las obras y el no cumplimiento de la Ley de Accesibilidad, con respecto a la pendiente de las rampas peatonales, además del no adecuado resarcimiento a los vendedores de la zona debido al lucro cesante producido por los trabajos realizados, son una realidad. Otros problemas son la falta de cámaras de seguridad, de instrumentos contra incendio, de luces de emergencia y de elementos de atenuación de ruidos.
Por otro lado, no se ha respetado el gálibo en los túneles menores (2,40 metros), que exigen una altura de 2.80 metros. Esta circunstancia pone en riesgo el paso de algunas ambulancias, que tienen 2,60 metros de alto. Otro caso es el túnel de la Av. Congreso, que tiene sólo dos carriles y es doble mano. Una de las sugerencias que se propone es la de colocar un guardrail entre ambas manos y así evitar un cruce de un lado al otro. Esperemos que esta impericia no traiga alguna trágica consecuencia y que alguno de estos reclamos puedan servir para rever el diseño de estos lugares.
Además de todo lo dicho, cabe agregar el pensamiento del filósofo Mario Bunge: “Hay que acostumbrar a la gente a vivir de forma más austera, a no derrochar. Hay mucho derroche de energía. No hace falta que cada familia de clase media tenga dos automóviles: lo que le hace falta es cambiar el sistema de transporte, mejorar el transporte público, para que la gente no utilice el coche. Lo que hace falta es cambiar el modo de vida, ya que el consumo no es la felicidad”.

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