El vecino Marcelo Weissel es Coordinador de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de la Ciudad. A fines de 2008 protagonizó uno de los hallazgos más importantes: los restos de un barco de carga español en Puerto Madero. Sospecha que los barrios de la Comuna 12 atesoran bajo sus baldosas piezas de gran valor y se ilusiona con realizar búsquedas en los predios donde funcionaron la textil Grafa y la compañía discográfica RCA Victor.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

Marcelo Weissel es Licenciado y Doctor en Arqueología de la UBA. Siempre se dedicó a la arqueología urbana y actualmente es coordinador de Patrimonio Arqueológico y Paleontológico de la Ciudad de Buenos Aires. “Hice mi tesis doctoral sobre arqueología portuaria. Durante 13 años junté muestras de excavaciones, obras de construcción, obras públicas contra inundaciones y puentes en Puerto Madero”, cuenta. Físicamente trabaja en Alsina 417, donde se encuentra el Centro de Interpretación de Arqueología y Paleontología. Además se desempeña en el Área de restauración y repositorio arqueológico de la Ciudad de Buenos Aires.

-¿Desde cuándo sos vecino de Villa Urquiza?
-Llegué en 2005. Con mi mujer vivíamos en Palermo, en un departamento chiquito de la calle Salguero, donde nacieron nuestros hijos. Después nos vinimos para acá.

-¿Cómo definirías el trabajo urbano que llevás adelante?
-Buenos Aires es una ciudad portuaria, entonces hay todo tipo de infraestructura. A partir de eso se puede trabajar con arqueología de la arquitectura, de hecho nosotros tenemos un proyecto sobre las casas de madera y chapa del barrio de La Boca. Trabajamos con el Museo Conventillo en lo que respecta a la identidad barrial. Son zonas protegidas. Para empezar a hablar de Villa Urquiza, en cuanto a la arqueología no hay antecedentes. Sería muy interesante que hubiera algún proyecto.

-¿Nunca se trabajó en el barrio, arqueológicamente hablando?
-No, no se hicieron excavaciones de investigación.

-¿Qué podría ofrecer Villa Urquiza?
-El año pasado hicimos un estudio del arroyo Vega, que pasa por el barrio. Hay una zona de nacientes, especialmente en las inmediaciones de Naón y Blanco Encalada, donde hay un aguaribay centenario. Cerca de ahí hay una casa con muchas palmeras, que tenemos en vista para cuando se hagan excavaciones, porque pudo haber sido una posta en una ruta antigua.

-¿Dónde está esa casa?
-En Naón y Olazábal. Ya la demolieron y hay un proyecto de edificio.

-¿Siempre que haya una demolición o una obra que implica excavación hay que comunicarla, por la posibilidad de que se encuentre un objeto patrimonial?
-La Ciudad está obligada a proteger el patrimonio arqueológico y paleontológico, porque nos corresponde a todos y podemos aprender de él. El constructor se tiene que notificar de que puede hallar piezas arqueológicas. La ley obliga a protegerlas, con lo cual tiene que declararlas, pero eso es lo que nunca pasa. Hay un gran daño permanente sobre el patrimonio arqueológico porque no se denuncia nada.

-Alguna vez, haciendo una nota sobre la ampliación del subte, un ingeniero me dijo que era un problema cuando chocaban con un hallazgo paleontológico, por ejemplo un gliptodonte. Me reconoció que muchas veces seguían adelante con la obra, para no paralizarla. ¿Eso ocurre también?
-Permanentemente. La Ciudad es un gran yacimiento de fósiles y hay precauciones ambientales que deben seguirse. Si estuviera incluido en el presupuesto de la obra un arqueólogo o un paleontólogo, se podrían tomar medidas y planificar la tarea. En Barracas, al lado del Instituto Santa Felicitas, tenemos una obra donde ubicamos un pozo del viejo colegio San Vicente de Paúl y vamos a hacer un seguimiento de la excavación. Ahí estaba la antigua ingresión del mar. Es una vieja playa sobre la que se construyó la iglesia.

-¿Qué puede encerrar la esquina de Olazábal y Naón, según tu intuición?
-Se relaciona con lo que ahora es Belgrano, donde había un circo de carreras. En la calle Zapiola hay un aljibe que se descubrió hace años y se puede visitar. Estamos reconstruyendo diferentes partes de la Ciudad: Monte Castro, Villa Luro, Villa Riachuelo, Parque Patricios… No es una tarea individual, sino que hay mucho trabajo con los vecinos y las juntas de estudios históricos, además de los propietarios y las constructoras.

-¿Ellos mismos te informan si encuentran algo o vos tenés que actuar?
-Cuando uno está ahí, hay buena predisposición. Uno hace el seguimiento y ellos se evitan un dolor de cabeza. Nosotros le solucionamos el problema a las excavadoras. Hay un juicio famoso en Moreno al 500 porque se destruyeron los subsuelos de la casa de Rosas, donde funcionaba la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires. La causa judicial obliga a pagar una investigación arqueológica y hacer un museo para la Ciudad.

Marcelo Weissel es Licenciado y Doctor en Arqueología (UBA) y dicta un curso sobre la materia en el Museo Saavedra.

-¿En Villa Urquiza habrá entonces una excavación arqueológica?
-No, todavía no, porque no contestaron. La idea sería que ellos la pagaran, yo intervendría como contralor.

-¿Los edificios antiguos son señal de que debajo pueden haber elementos arqueológicos?
-Claro. Con la conexión a las aguas en toda la Ciudad, que se hizo en 1905, se dejaron de usar los aljibes y los pozos de basura. Esos son lugares que pueden albergar restos arqueológicos.

-La basura nos habla…
-Sí, nos cuenta acerca de la dieta, las costumbres. Es un repositorio muy interesante para tener y que no se pierda.

-¿Cuál es tu hallazgo más valioso?
-El pecio, es decir los restos de un naufragio, de ZenCity (Nombre del complejo edilicio donde apareció). Lo encontré en el Dique 1 de Puerto Madero en 2008.

-¿De qué época databa?
-De 1750. Era un carguero español traía mercadería para vender. Estaba bajo la tierra, metido en la napa de la playa de Buenos Aires.

-¿Tenías prevista esa búsqueda?
-Yo estaba estudiando un problema un poquito más grande que el barco en sí mismo: la desembocadura del Riachuelo, el puerto de invernada, todo lo que se relaciona con la conectividad de la antigua Buenos Aires. Ya había estudiado muchas excavaciones en la desembocadura del Riachuelo, toda la información geológica está estudiada. Todo eso lleva a estar muy pendiente en las grandes excavaciones. En ese momento yo era director del programa “Historias bajo las baldosas”, de la Ciudad de Buenos Aires, entonces tenía que buscar nueva información para los chicos también.

-Es un hallazgo de 250 años de antigüedad. ¿En qué estado se encontraba?
-Lo interesante es que conservaba mucho de la carga: piedras de lastre, cuatro cañones y 300 boticas sevillanas. Se extrajo todo y después se sacó el pecio, que fue transportado al barrio de La Boca. Está preservado en la Barraca Peña.

-¿Está reconstruido?
-No, es un proyecto que no logramos reconstruir. Se mantiene la ruina del barco. Se puede hacer una réplica, pero se empiezan a discutir las cuestiones de autenticidad.

-¿Tenía carga preciosa?
-No, era un barco de trabajo, con herramientas de carpintero, metales.

-¿Alguna botella cerrada?
-Ahí no, pero en otros lugares sí. En La Boca encontré una botella de licor francés, después otra en una confitería anglo-belga que tenía cucarachas. En el pecio de Hilton, en el Dique 3, también encontramos botellas con vino. Son de antigüedades centenarias.

-¿Estaba visible el nombre del barco?
-No, pero sí tenía algunos dibujos. No sabemos si alguien lo estudió o lo está estudiando. Tenemos mucho trabajo, estamos ocupados en otros asuntos. Sí se estudió el material botánico que había dentro del barco. Esos registros nos ayudaron mucho para las obras del Paseo del Bajo, donde encontramos las mismas cuerdas enterradas en la nueva autopista ribereña que van a hacer. Por eso, pensar en algún puentecito en el arroyo Vega no es descabellado. Seguramente en fotos viejas había puentes.

-¿A qué profundidad se suelen encontrar estos objetos?
-En Puerto Madero a seis metros. El pecio de ZenCity estaba a ocho metros, porque es más antiguo. En las obras del Paseo del Bajo extrajimos tres muelles e identificamos otros cinco. También tenemos un gabinete, un centro de interpretación y ahora empezamos a recibir visitas en Alsina 417. Tenemos un gabinete de conservación y restauración y un repositorio también, con las herramientas, los cascos.

A fines de 2008 Weissel halló en Puerto Madero los restos de un barco de carga español de más de 250 años de antigüedad.

-¿Qué función tenés en el Museo Histórico Saavedra?
-Dicto un taller de Arqueología Urbana y Turismo Científico, que funciona los viernes y del que participan unas 30 personas. La idea es ejercitarse en la protección del patrimonio arqueológico de la Ciudad. El que se quiera sumar, puede hacerlo. Hay gente que viene de La Matanza, Morón, Vicente López y muchos barrios de la Ciudad. Como viajamos por todos lados, se torna muy divertido. También están los chicos de la Cooperativa Arqueoterra, entre ellos mi hijo. Son todos recién graduados y ofrecen un curso llamado “Arqueología Skere”.

-Donde hoy es la Plaza Marcos Sastre funcionó un cementerio a fines del siglo XIX. Se sospecha que no fueron removidos todos los restos…
-Nosotros encontramos en la Plaza 1º de Mayo el Cementerio Victoria. Todavía estamos en tratativas para poder trasladar algunos monumentos al Cementerio de la Chacarita. Ahí se llevaron 700 lápidas y algunas inhumaciones, pero el resto quedó abandonado. También trabajé en el Club Atlético, ex Centro Clandestino de Detención y Tortura, y en Parque Avellaneda. Las comunas están teniendo un mayor protagonismo, es un lindo ámbito para trabajar. Les pregunto a los urquicenses, ¿hacen pozos en sus casas?

-Es una buena pregunta. Dejemos abierta la inquietud, a ver si algún vecino tiene alguna sospecha. ¿Decís que los propios vecinos pueden haber encontrado algo?
-Claro, y no saber qué hacer con eso. Habría que excavar en la zona donde funcionó la fábrica Grafa. En la RCA Víctor también. Ahí puede haber un tesoro a descubrir, pero Cablevisión no nos abre las puertas.

-¿Todo aquel que vive en una casa antigua puede tener un reservorio arqueológico?
-Sí. En un pozo, en las cámaras de aire o en la misma construcción.

-Por ejemplo, haciendo una pileta en el fondo.
-O plantando un árbol. Pozos tienen que haber habido y alguien se tuvo que haber caído alguna vez.

-Claro, los famosos pozos ciegos, es decir los baños de antaño. ¿Cuál es el nombre que se le da a la materia fecal una vez fosilizada?
-Coprolito. No es necesariamente un objeto arqueológico, pero hay gente que lo estudia (risas). Había una metodología para cegarlo con cenizas y cal, entonces eso queda en estratos, los tapan y lo siguen usando. Un pozo ciego puede tener entre ocho y diez metros de profundidad.

“Habría que excavar en la zona donde funcionó la discográfica RCA Víctor. Ahí puede haber un tesoro a descubrir”, se ilusiona Weissel.

-¿Transitaste alguna vez la paleontología? ¿Te tocó algún hallazgo accidental?
-Sí, en el campo de la Patagonia o en alguna visita al Parque de los bosques petrificados. La Argentina tiene tanto de eso que es impresionante.

-Seguramente lo que se detectó hasta el momento debe ser un porcentaje mínimo de lo que puede contener el subsuelo de Buenos Aires.
-Sí, sí. En “Historias bajo las baldosas” hicimos el primer mapa de hallazgos paleontológicos de la Ciudad de Buenos Aires. Hay que buscar alguno en Villa Urquiza, porque el gliptodonte hallado en Tronador pertenece a Villa Ortúzar.

-¿Cuando trabajás usás un sombrero parecido al de Indiana Jones?
-No, en la Ciudad prefiero usar casco (risas).

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