Las cadenas montañosas y volcanes se formaron hace millones de años por el movimiento y plegamiento de las placas tectónicas. Pareciera que muchas calles y veredas del barrio también fueron sacudidas por estos ciclos geológicos, debido a las extrañas deformaciones que se pueden ver a diario.

Por Sergio Calandra
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Ya casi terminaron las vacaciones de verano y es probable que algunos lectores hayan visitado los bellos paisajes montañosos y volcánicos de nuestro país. A través de excursiones por parques y reservas, quizás se hayan enterado por primera vez cómo fue la formación originaria de estas maravillas naturales. Por ejemplo, en la provincia de Mendoza -tenemos una calle homónima en Villa Urquiza- existe en el sureño departamento de Malargüe, un lugar llamado La Payunia, en donde más de 800 volcanes (no en actividad) tienen todos sus valles tapizados por grandes extensiones naturales de lava gris, que se asemejan a la superficie marciana.
Las altas cumbres se formaron por el choque y los plegamientos de las placas tectónicas y fue así como surgieron las elevaciones, que tardaron millones de años en acomodarse. Luego todo fue invadido por las aguas en tiempos de la glaciación, transformándose en grandes superficies oceánicas, hasta que se retiraron y quedó todo como se puede ver hoy en día.

Elevaciones y plegamientos ciudadanos
Pero ustedes, vecinos y lectores, seguro se preguntarán: ¿qué tendrá que ver todo este preámbulo con nuestros barrios? Es que muchas veredas y calles pareciera que fueron asoladas por movimientos telúricos de acomodamiento de placas tectónicas, por las extrañas malformaciones que presentan.
Estos accidentes se generan “naturalmente”, sin la intervención adrede de los vecinos, por efectos de una mala aplicación o la utilización de materiales deficientes, junto a la degradación por el uso intensivo y la falta de control en tareas y licitaciones. Son las autoridades municipales las encargadas de velar por la integridad del vecino y que los impuestos que se pagan para el mantenimiento de las aceras sean correctamente imputados. Pero lo cierto es que muchas veredas se vuelven a hundir y romper solas al poco tiempo; luego pasan meses y meses, incluso años, hasta que se vuelven a reparar. Verdaderamente, de no creer.

Monroe desde Álvarez Thomas hasta Triunvirato, en Villa Urquiza, luce como si un movimiento sísmico hubiera desacomodado los baldosones.

Las vereditas de Monroe
Hay veredas en pésimo estado de conservación a las que todavía no les llegó el plan de recambio para colocar debajo de ellas la Fibra Óptica del Gobierno de la Ciudad. Un claro ejemplo es Monroe, desde Álvarez Thomas hasta Bucarelli, y Olazábal entre Triunvirato y Altolaguirre, en ambas manos. Tienen sus baldosones hundidos y sobresalidos, lo que representa un problema por tratarse de corredores con gran actividad comercial y permanente circulación de personas, vehículos y transporte público (colectivos, subte y tren).
Muchas veredas del barrio sí se están reparando y otras fueron renovadas integralmente, cuando a simple vista no presentaban un estado deficiente como las de Monroe y Olazábal. Afortunadamente, estas avenidas nunca sufrieron las terribles inundaciones como muchas calles de la zona por las que circulan arroyos entubados y que, hasta que no se terminen las obras de ensanchamiento, se seguirán anegando (por ejemplo la calle Ballivian, en Parque Chas). En esos casos el agua erosiona los cimientos y produce hundimientos, que se agravan con la caída de árboles.

Lugones, calle de plegamientos
Esta arteria presenta, en varios sectores a lo largo de su traza, misteriosas elevaciones del asfalto que no tienen razón de ser pero que no son reparadas. La calle fue reasfaltada hace pocos años en algunos tramos, aunque parece que el trabajo no estuvo bien hecho o se colocó asfalto deficiente. Las protuberancias siguen ahí, incluso agravándose por el paso de los colectivos 93 y 140, algo que los ingenieros de las empresas contratistas deberían prever a la hora de verificar la calidad del material que se aplica.
La joroba que está en Lugones entre Mendoza y Juramento, sobre la mano derecha a mitad de cuadra, es un verdadero peligro si algún vehículo la muerde o derrapa (especialmente en días de lluvia). Está a la vista de todos desde hace más de un año, pero parece ser invisible (foto de portada).
También empezó a deformarse la capa asfáltica de Lugones casi Blanco Encalada, antes del cruce, donde los vehículos bajos ya rozan por la magnitud del surco que se está formando. Vemos aquí otro ejemplo de material deficiente o mal aplicado. Por último, en Lugones entre Nahuel Huapí y Pedro Rivera, sucede lo mismo: en la mano derecha asoma una elevación leve de la carpeta asfáltica.

La elevación del asfalto, junto con el hundimiento por donde pasan los vehículos, genera una trampa mortal para amortiguadores en Lugones y Blanco Encalada.

Soluciones más rápidas
En tiempos de movilidad sustentable, no sólo hay que pensar en las bicisendas sino también en las aceras y las veredas, para que conductores y peatones tengan una correcta circulación (especialmente los que utilizan silla de ruedas, bastones, cochecitos de bebé y camillas). Tenerlas en condiciones evita caídas, lastimaduras y hasta lesiones, por cierto nada agradable para quien las sufre. Se sabe que son reparaciones costosas, pero no se justifican las esperas eternas hasta que finalmente llega una solución. Se asemejan, pareciera, a los tiempos de las eras geológicas.

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