Juan Ramón López es veterano de Malvinas. Socio e hincha de Platense, le prometió a su hijo Christian que si el Calamar salía campeón volvía a las islas. Cumplió su palabra y, 36 años después de la rendición argentina, pudo cerrar viejas heridas. Conocé la historia de este ex combatiente, que no guarda rencor hacia sus enemigos.

Por Julián Amerise
platense@periodicoelbarrio.com.ar

-¿Dónde naciste?
-Soy correntino y vine en el año 1979 a Buenos Aires: siempre viví en Saavedra. Mi suegro hincha de Platense, mis hijos hinchas de Platense, así que me hice hincha de Platense. Hace años que lo sigo, pero desde que mi hijo Christian cumplió 12 años lo sigo con él y por él, más que por mí.

-Sos ex combatiente de Malvinas. ¿Recordás cómo te enteraste de que tenías que ir a la guerra?
-En la madrugada del 2 de abril de 1982. Estaba en Corrientes con mi papá. Yo vivía en Buenos Aires, pero mi viejo estaba enfermo y me fui para allá cuando salí de baja. Ahí nomás a mí y a otros cuatro o cinco que habíamos salido de baja nos vistieron, nos subieron a un camión y nos mandaron a Malvinas. A las islas llegamos el 4 de abril y estuvimos cerca del aeropuerto hasta el 1 de mayo, cuando fue el primer bombardeo sobre el aeropuerto, a 200 metros de donde estábamos nosotros. La pasamos muy mal porque fue nuestro bautismo de fuego.

-¿Cómo viviste todo eso? Porque si a uno le tocan el timbre y le dicen “vamos a la guerra”, no sé, como mínimo lloraría de miedo.
-En ese momento mi papá me dijo “tenés que presentarte”. No tuve miedo, hasta que llegué a Malvinas. En esa época se juraba la bandera, así que todos los que fuimos con 18 años, algunos 19, teníamos la convicción de lo que habíamos prometido. Igualmente, a cualquier veterano de guerra que encuentres que te diga que no tuvo miedo miente, porque la guerra es lo peor que puede pasarle a un ser humano. Es terrible estar en el medio de bombardeos. Más como estuvimos nosotros, con frío, con hambre…

-¿Viste cosas muy feas allá? ¿Perdiste algún compañero cercano?
-Vi cosas horribles. Yo estaba en la Compañía de Sanidad III de Curuzú Cuatiá, pero llegamos a Malvinas e integramos la RI 4 de Monte Caseros, donde estaba el Teniente Coria. Pero al que más recuerdo, que es quien era el Jefe nuestro de los veinte que estábamos en nuestra compañía, es al Sargento Montesano. En la noche del 10 de abril, a cinco soldados de Sanidad nos tocaba hacer la guardia y el nos dijo que no, que la iba a hacer por todos nosotros. Cuando había cambio de guardia se contaba con unos cinco minutos para tomar algo caliente. Cuando vino y era mi turno, lo relevé en la guardia esos cinco minutos, donde estábamos en una cueva de piedra. Luego en mi horario, durante mi guardia, murió. Por eso digo que vivo gracias a él y quizás nadie lo sepa, ni siquiera la familia o por ahí ni se acuerden mis compañeros. Para mí, aunque nadie lo reconozca, es el héroe más grande que existió. El Sargento Montesano, un chaqueño que tenía treinta y pico de años y dejó su vida por la mía. Gracias a él pude conocer a mi hija, porque cuando fui a Malvinas tenía una hija que no conocía, que nació en Buenos Aires cuando yo estaba en Corrientes.

-¿Volviste con bronca contra la Junta Militar o con algún superior?
-No, nunca tuve bronca contra nadie. Volví con bronca por haber perdido la guerra. Sí me dio bronca que cuando volvimos nos hayan tapado, escondido. En los primeros tiempos salías a buscar trabajo, decías que eras veterano de guerra y no te tomaba nadie.

-Por eso del famoso “loco de la guerra”…
-Sí, pero recién hoy los chicos están tomando un poco de conciencia. Ojalá mis hijos, nietos y tataranietos se sigan acordando y ojalá nunca se olviden de Malvinas. No sólo los míos, todos, y que alguna vez se puedan recuperar pacíficamente, porque por medio de una guerra es imposible.

-¿Quedaste con resentimiento hacia los ingleses?
-No, para nada. Fui herido en combate, me operaron ellos, me trataron bárbaro. No volví por muchos años a Malvinas porque tenía una herida sangrante con los chilenos. Hasta que esa herida sanó, entendí que los mandó un jefe y tuvieron que hacer lo que les decían. Pero con los ingleses combatimos hasta las seis de la mañana del 12 de junio, que fue cuando nos rendimos. Nos trasladaron a un corral donde esquilan las ovejas y de ahí como prisioneros. A los heridos nos subieron al buque Canberra. Ahí los primeros días no me trataron bien: en una charla empujé a uno de mis compañeros porque les estaba diciendo dónde estaban los campos minados, entonces pensaron que yo era oficial o algo por el estilo. Cuando se dieron cuenta de que no, me empezaron tratar bien. Con los ingleses no tengo rencor, insisto. Ellos también respetan mucho a los veteranos de armas y a los soldados. Para ellos fue increíble, siendo profesionales, haber peleado con soldaditos de 18 años con unos meses de instrucción.

Juan Ramón López volvió a Malvinas 36 años después de la rendición argentina: “Me emocioné mucho”.

-¿Cómo fue la herida de guerra que sufriste?
-Una herida en la pierna derecha por esquirla de bomba. Fue durante la noche del combate final, el 11 de junio. Me hirieron y mis compañeros me ayudaron a moverme. Hacían unos 12 grados bajo cero. Una vez que recibí el golpe, no sentía la herida. Mis compañeros me hicieron un torniquete para que no se me engangrene.

-¿Con los chilenos sí hubo bronca entonces?
-Hasta hace un mes me preguntabas por los chilenos y les tenía bronca a todos, no podía ni verlos. Pero luego de volver tras 36 años, me encontré con muchos chilenos que viven en las islas y trabajan como guías turísticos, porque hablan español, cambió mi forma de pensar. Ellos no tienen la culpa.

-¿Y con los kelpers cómo viene la mano? ¿Ellos quieren ser argentinos o ingleses?
-Los kelpers mucho no nos quieren porque sienten que invadimos “su” lugar. Pero no quieren pertenecer a ninguno de los dos países sino independizarse, aunque por intereses económicos es imposible que esto pase. Ellos sienten que los argentinos les arruinaron la vida porque nuestro país invadió la ciudad, sus casas, y se sintieron prisioneros. No nos quieren, pero mientras no les faltes el respeto, ellos te respetan y no tenés ningún problema. Reconocen que es un territorio argentino, pero gobernado por los ingleses hace 200 años.

-¿Te acordás del día que volviste a casa?
-Volví el 20 de junio, bajamos en Puerto Madryn. Estuve un día en el hospital y volví a Campo de Mayo en un avión sanitario.

-¿Cómo se te ocurrió esta idea de volver a Malvinas si Platense salía campeón?
-Fue de mi hijo. Christian es fanático de Platense, tiró la idea, le dije que sí y fuimos los dos. Llevamos una plaqueta recordatoria donada por la comisión directiva de Platense en homenajea a los caídos en Malvinas, con los colores del Calamar, que dejé en el Cementerio de Darwin. En Platense siempre me trataron muy bien. Yo era socio y desde hace unos años me prohibieron pagar la cuota. “Vos sos veterano de guerra, no tenés que pagar nada, si te cobramos te estamos robando la plata”, me dijo un hombre de la boletería una vez. Me mandó hablar con alguien y quedó así la cosa.

-¿Pudiste viajar sólo porque sos ex combatiente o puede hacerlo cualquiera?
-No, puede ir cualquiera. Pero allá tenés que contratar turismo para que te lleven a los lugares de combate. Este viaje fue cumplirle un sueño a mi hijo, porque quería venir conmigo adonde yo estuve. Me chocó mucho llegar al monte donde combatí. Cuando llegué a mi posición me quedé mudo. Veía a mis compañeros, estuve una hora y media sentado en mi trinchera, pasaron mil cosas por mi cabeza 36 años después. Me emocioné mucho, pero no quise que mi hijo lo viera para no lastimarlo. Después lo dejé solo y estuvo masticando sus pensamientos. Me preguntó como hice para aguantar ahí tanto tiempo… y no quedaba otra. Pensá que desde el 4 de abril hasta el 12 de junio estuvimos bajo bombardeo permanente, no sabes si tenés hambre o frío. La guerra es horrible. Por eso a veces hay más suicidios que muertos en la guerra misma. No es fácil. Tengo un vecino ex combatiente, con el que nos saludamos pero jamás hablamos de la guerra porque él no quiere saber nada. A mí no me molesta hablar, porque nací pobre en Corrientes, con 14 hermanos, y fui el único que hizo el servicio militar. Encima me tocó la guerra, me pasó de todo. Lo único que sé es que si hoy con mis 56 años me llaman y me dicen “vamos a pelear para recuperar las Malvinas”, estoy dispuesto a ir.

-¿Cómo viviste el campeonato de Platense?
-Lo sufrí como todos, porque arrancamos bien, llegamos a los ponchazos y ni hablar del partido con Colegiales, que estábamos pensando en ir a festejar y tuvimos que ir a una final. Pensé que se nos escapaba de nuevo. Fuimos a Lanús, nos mojamos y volvimos contentos. Encima le ganamos Belgrano y a Lamadrid por la Copa Argentina. Esperemos ahora ganarle a River, sería muy bueno para el club.

-¿A qué te dedicás?
-Soy técnico matriculado en instalación, reparación y service de aires acondicionados, así que si alguno necesita algo por el estilo que cuente conmigo.

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