Hasta fines del siglo XIX, cuando un vecino de Villa Urquiza fallecía era enterrado en Monroe y Miller. Sí, en el predio de la Plaza Marcos Sastre funcionó un pequeño cementerio entre 1875 y 1898, llamado “De Belgrano”.
Poco a poco la zona se fue poblando y en un momento dado los vecinos formularon gestiones para que se clausurara, teniendo en cuenta que su ubicación frente la calle Monroe producía inconvenientes en el desarrollo del sector. Finalmente, en 1898 se procedió al cierre del camposanto, que coincidió con la instalación del Cementerio de la Chacarita. La mayoría de los restos inhumados en el de Monroe y Miller fueron trasladados -con pocas excepciones- al establecido en la calle Guzmán. Los restos del escritor uruguayo Marcos Sastre, que también descansaban allí, pasaron a la bóveda de la familia Sagasti Isla en Recoleta.

A lo lejos se perciben las tumbas del cementerio que funcionó hacia fines del siglo XIX en Monroe y Miller.

Aunque desde fines del siglo diecinueve la necrópolis ya no estaba, el lugar siguió ofreciendo un triste aspecto. Allá por 1920 se podían observar restos de bóvedas abandonadas, arbustos, bancos rotos y la derruida cerca primitiva. Era un paso obligado cuando se deseaba llegar al barrio de Belgrano, no muy poblado y falto de iluminación, proclive a la presencia de algún asaltante. Por disposición del intendente José Luis Cantilo, con fecha 28 de noviembre de 1919 se había proyectado la instalación de una plaza pública. Pasaron unos cuantos años y recién en 1946 surgió la Plaza Marcos Sastre, donde hoy juegan nuestros hijos.
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