Nestlé fue un exponente del orgullo fabril de Coghlan. La fábrica estaba emplazada sobre un terreno de una hectárea y media delimitado por las calles Tronador, Manuela Pedraza, Plaza y Núñez. Más de 25.000 metros cuadrados de superficie cubierta albergaban las áreas de elaboración, almacenes, servicios varios, oficinas y laboratorios. Alfredo Noceti, el historiador que le dedicó buena parte de su vida al estudio del barrio, trabajó cuatro décadas en Nestlé.
“La chimenea de Nestlé era muy visible desde cualquier lugar del barrio y por ahí emergían los más variados aromas -contó Noceti en una entrevista concedida en el año 2000 a este periódico-. Sabíamos cuándo estaban fabricando chocolates, caramelos o café soluble. Ingresé en 1948. Ellos tenían una interesante política: los empleados nuevos podían comer todo el chocolate que quisieran. Claro, al mes yo no podía ni verlo. Recuerdo que en ese momento hacían bombones y chocolates con almendras”.

Así luce el predio en el que, muchos años atrás, se instaló la fábrica Nestlé.

La empresa funcionó durante medio siglo, desde 1930 hasta 1981, cuando fue desactivada porque se había vuelto inoperante. En 1992 el predio fue adquirido por la empresa New San, que lo usó para distribuir y comercializar productos electrónicos y artículos para el hogar. Y a comienzos de la década pasada, cuando comenzaba a despuntar el boom inmobiliario en la zona, la manzana dejó lugar a un complejo de viviendas de lujo que conservó la chimenea a modo de detalle distintivo.
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