Volvió a clases a los 93 años y dio una lección de vida

El vecino de Villa Urquiza Ernesto Luppino había expresado públicamente su deseo de reencontrarse con sus compañeros de colegio.

El vecino de Villa Urquiza Ernesto Luppino había expresado públicamente su deseo de reencontrarse, 80 años después, con sus compañeros de la Escuela “Juan Lavalleja”, de Villa Ortúzar. Tras la difusión de la nota en nuestro periódico, la directora del colegio lo invitó en diciembre a participar del acto de graduación de 7º grado, donde habló emocionado.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

En la edición de diciembre publicamos la historia de un ex alumno de la Escuela Primaria Nº 4 D.E. 14 Juan Lavalleja, ubicada en 14 de Julio 546, Villa Ortúzar. Ernesto Luppino, nacido hace 93 años en Plaza y Girardort, intentaba reencontrarse con sus ex compañeros después de 80 años. Ya a los 14 años, cuando se mudó a Pacheco al 3400, les perdió el rastro. El tiempo fue pasando, conoció una chica, se casó con ella luego de cuatro años de noviazgo y en 2018 enviudó tras seis décadas de matrimonio. Desde hace 15 años vive en Manuela Pedraza al 5100. Cuando se cumplió el 80º aniversario del egreso de la primaria, Luppino sintió que algo faltaba para completar el círculo de su vida: experimentó la necesidad de reencontrarse con sus amigos de la infancia. Para lograrlo, su hija Silvia nos transmitió ese deseo enviándonos una foto de sexto grado, equivalente al séptimo actual, tomada en 1939, y los apellidos de los chicos que su padre recordaba: Vidal, Marrón, Silesky, Wasicolsky, Zarlengo, Marangi, Carlomagno, Giao, Rossi o Rossín, Chames, ZattoniBarsaletti. En diciembre se publicó la nota.

Sexto grado de la Escuela “Juan Lavalleja” en el año 1939. Partiendo de izquierda a derecha, Luppino es el segundo en la fila de los alumnos sentados.

Sorpresa y media
Sólo la hija de uno de ellos se contactó al correo electrónico de Silvia para contarle que su papá estaba muy mal de salud, aunque se produjo una derivación inesperada que le daría mucha felicidad a Don Ernesto. Una de las maestras de la escuela leyó la historia reflejada en el periódico y comentó el tema a la directora, María Alejandra Villamor, que trabaja desde 1990 en la institución. “Ella me contactó para invitarnos al acto de graduación de 7º grado, el 13 de diciembre, y me propuso que mi papá dijera algunas palabras si quería”, cuenta Silvia.
Los días previos al regreso a su escuela Luppino los vivió con mucha expectativa, ansiedad y emoción. Llegó junto con sus hijos y su nieta Ariana. Parecía haber rejuvenecido: recorría los patios y aulas recordando dónde estaba exactamente cada grado y qué había cambiado desde su egreso en 1939. Fue recibido con mucho afecto, calidez y expectativa por la directora y la vice, las maestras y maestros y el casero de la escuela. Todos estaban ávidos de escuchar sus vivencias y recuerdos de aquella época: las calles de tierra, excepto 14 de julio; las tiras de metal que se conservan todavía a ambos lados de la puerta para que los chicos se limpiaran el barro de las suelas los días de lluvia; el patio de deportes que es ahora el SUM… Él mismo decía verse corriendo y jugando en el patio en ese momento.

Luppino con las autoridades de la escuela primaria, a la que volvió 80 años después de graduarse.

Fue también una jornada especial para la escuela porque estuvieron presentes en el acto el Supervisor de Inglés del Distrito y el Ministro Representante de la Embajada de Uruguay, Diego Pelufo, por llamarse la escuela Antonio de Lavalleja. Se cantaron los himnos de Argentina y Uruguay y el Himno a Sarmiento. Posteriormente la directora anunció la visita de Ernesto Luppino y él se dirigió a los chicos. Estas fueron sus breves pero intensas palabras:
“¿Qué les puedo decir? Más que una directora, Alejandra es en realidad un hada, porque con un toque de la varita mágica que posee me hizo viajar 80 años atrás. Hoy tengo 13 años, muy distintos de los que tienen los chicos que están egresando en este acto. Era otro mundo, no es el mundo apurado de hoy, en donde lo que hoy es nuevo mañana es antiguo. En aquel entonces el tiempo era lento… (se emociona). Y hoy estoy orgulloso de estar acá. Recuerdo a todos los maestros de la escuela, a la que ingresé en tercer grado, que fueron un ejemplo para nosotros. Cuando salimos de la escuela, con 13 años, mentalmente ya teníamos una edad superior, porque los libros de quinto y sexto grado no eran comunes. Eran extractos de grandes escritores, tanto argentinos como extranjeros. Conocíamos la historia de todo el mundo, las siete maravillas de entonces. En realidad, cómo lo puedo decir, sabíamos lo que era la vida. A todos estos chicos no les puedo decir qué es lo que tienen que hacer, porque el mundo está muy cambiado y las cosas pasan rápido, pero lo único que les aconsejo es que vayan siempre por derecha, que busquen siempre a alguien mejor que ustedes para que les enseñe lo bueno. No anden con el malo, porque al año lo serán también ustedes. Y les quiero prestar una frase que me dio un amigo hace un tiempo: “La conquista de sí mismo es la mayor de las victorias”. Piensen siempre eso. Vayan siempre para adelante, siempre buscando lo mejor. Los tiempos son difíciles ahora, busquen siempre ir con una buena persona, no con una mala. Le agradezco muchísimo a la directora por haberme llevado otra vez a mi infancia, a mis hijos y a mi nieta. Y ya no sé qué más decir… (risas y aplausos)”.

Para Ernesto Luppino, la misión de su búsqueda ya está cumplida. Para él fue muy emocionante volver a su escuela, reconocer sus lugares y poder hablar unos minutos a los chicos durante el acto. Reencontrarse con sus viejos compañeros será una tarea mucho más difícil, aunque no renuncia a ese objetivo. Quienes tengan información sobre el paradero de algún ex alumno de la promoción 1939 de la Escuela Primaria Nº 4 D.E. 14 “Juan Lavalleja” pueden escribirle a luppino.silvia@gmail.com.

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