René Houseman fue una gloria de Huracán y campeón mundial en 1978. Vivía en el Bajo Belgrano, muy cerca de la Comuna 12, y en 2001 se prestó a charlar con este periódico. Habló de sus adicciones y reconoció errores, pero aseguró no estar arrepentido de su forma de vivir.

Una semana después del fallecimiento de Rubén Galván, el fútbol argentino perdió a otro campeón del Mundial 78. Se trata de René Houseman, quien murió el pasado 22 de marzo a los 64 años producto de un cáncer de lengua. Considerado uno de los mejores wines de la historia, el Loco es un emblema de Huracán, en donde se consagró en el Metropolitano 1973 bajo la conducción técnica de César Luis Menotti.
Houseman también vistió las camisetas de Defensores de Belgrano, River, Colo Colo de Chile, AmaZulu de Sudáfrica, Independiente y Excursionistas. Allí colgó los botines en 1985, dejando atrás una carrera exitosa pero inestable, signada por los desarreglos y las adicciones.

Mano a mano con el Loco
Nacido el 19 de julio de 1953 en La Banda, Santiago del Estero, a los cuatro años vino a Buenos Aires y se instaló en una villa del Bajo Belgrano. Jugó al baby-fútbol  en Excursionistas y luego hizo las inferiores en Defensores de Belgrano, donde debutó en Primera en 1972. Al poco tiempo fichó para Huracán y pasó a la historia con aquel vistoso equipo de Babington y Brindisi.
“Me enorgullece ser ídolo del Globo -decía y se emocionaba en una entrevista con El Barrio, en junio de 2001-. Siempre fui un santiagueño fiaca y me gustaba más salir con mis amigos, pero en la cancha rendía y a la larga los hinchas te lo reconocen”.

-Duraste poco en el fútbol. ¿A qué se debió?
-Si te lo digo te miento, pero una de las causas puede ser el alcohol.

-¿Cómo viviste el Mundial 78? ¿Tenías noción de lo que pasaba en el país?
-No sabíamos nada de los desaparecidos. Después supe que se llevaban a cualquier estudiante chivudo y eso fue terrible. Si hubiera sabido lo que pasaba, renunciaba a la Selección. Creo que como yo piensan varios de mis compañeros de aquel momento.

-¿Cuándo y por qué decidiste retirarte?
-Cuando las piernas me pesaban veinte kilos cada una y las gambetas ya no me salían, me di cuenta de que no podía. Como nunca me gustó robar, colgué los botines y me dije: no te los pongas ni para bailar.

En 2001 lo entrevistó Marcelo Benini, director del periódico y fanático del Globo.

-¿En qué año te volviste alcohólico?
-Después del 76, hasta entonces no salía tanto. Pero cuando empecé a salir me tomaba hasta el pulso. Eso me mató. Mis compañeros me advertían, pero me entraba por un oído y me salía por el otro. Yo sentía que en la cancha la rompía. A mí nadie me obligaba a escabiar ni me ponían el vaso en la boca. Pero no me arrepiento de nada.

-En el Metropolitano de 1977 le hiciste un golazo a River estando borracho. ¿Cómo fue la historia?
-La noche anterior había pedido permiso para ir al cumpleaños de mi hijo. Me autorizaron para que me fuera por un par de horas con el compromiso de volver rápido a la concentración, pero volví a las once de la mañana con un pedo para cuatro. Me dieron varias tazas de café, me metieron en la ducha de agua fría y terminé jugando porque la hinchada presionó a los dirigentes. Ponía en pedo a los contrarios con sólo abrir la boca. Cuando cambié el aire y se me fue la resaca, empecé a andar bien. Le hice el gol al Pato Fillol y acusé lesión para que me reemplacen. La gente no me dijo nada porque cuando tuve que definir lo hice y les cumplí.

-¿Cómo te llevaste con la fama?
-Nunca le di bolilla, no me interesó ni me cambió. En aquellos años era el mismo con un poco más de plata. Disfruté en ese momento con la gente que más quería, pese a que muchos me tildaron de tarado. Ayudé a mis amigos y nadie puede acusarme de haberme olvidado de mi gente.

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