“El problema sanitario en la Argentina es muy complejo”

Locuaz,
vehemente en sus apreciaciones, polémico y expresivo, recibió a El Barrio
amablemente en su casa y contó los pormenores de toda una vida ligada a la
medicina. Se especializó en cirugía esofágica y asegura que tanto los pacientes
como los familiares antes respetaban más su profesión. “Ahora eso se perdió”,
se lamenta.

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Locuaz, vehemente en sus apreciaciones, polémico y expresivo, recibió a El Barrio amablemente en su casa y contó los pormenores de toda una vida ligada a la medicina. Se especializó en cirugía esofágica y asegura que tanto los pacientes como los familiares antes respetaban más su profesión. “Ahora eso se perdió”, se lamenta.

Según Enrique Covián (83), existen dos tipos de médicos: los que se dedican a lo asistencial y trabajan todo el día en varios lugares para poder sobrevivir y otros que han tenido acceso a becas en el exterior. Los últimos vuelven por lo general muy bien formados y llegan a los mejores puestos laborales. También tiene mucho que ver el marketing en los profesionales que logran éxito económico, ya que no siempre son los mejor formados. Hay algunos lugares, no muchos, donde además de lo asistencial se puede hacer ciencia, como por ejemplo el Hospital de Clínicas, la Fundación Favaloro o el Hospital Italiano. Este médico recibido en la UBA en 1959 define a la ciencia como “buscar la verdad a través de la experimentación”. O sea, hacer pruebas, verificar que estén bien hechas y después aplicarlas en el ser humano.

“En nuestro país se hace muy poco y mucho está teñido de negocios. Una gran cantidad de médicos son tentados por laboratorios para realizar ensayos clínicos con pacientes, pero estos ensayos carecen en general de una base científica firme y es difícil hacer experimentación clínica en lugares donde lo asistencial se lleva la mayor parte de tu tiempo de trabajo. Para hacer un buen trabajo científico tenés que contar con un protocolo, es decir, un plan de trabajo bien detallado y cumplido a rajatabla. Cuando tales requisitos se cumplen en forma elástica, el trabajo carece de validez. A mí nunca me gustó la idea de publicar estadística si no está bien hecha”, explica Covián.

Este prestigioso médico vive hace 35 años en Villa Urquiza, muy cerca de la Estación Drago. Siente gran aprecio por el barrio, debido a su identidad propia y su vida cultural. En ese sentido, indica: “Cerca de aquí vivieron Goyeneche, Spinetta y muchos otros. Últimamente estamos mimados por el gobierno porteño: tenemos a la Policía Metropolitana, se urbanizó la estación Drago, hay buena iluminación. Lo negativo es que se ha hecho mucha construcción en altura sin control y eso genera muchas dificultades en el tránsito. El túnel de Holmberg, al que tengo muy cerca de casa, está muy bien hecho y tiene un excelente mantenimiento”.

Una vida con la medicina

El entrevistado nació en el barrio de Floresta y estudió medicina entre 1950 y 1959, mientras trabajaba como maestro de escuela. Una vez recibido, fue a perfeccionarse a la Sala 15 del Dr. Zavaleta, en el Hospital Rawson. Zavaleta fue un discípulo directo de los hermanos Enrique y Ricardo Finochietto, dos figuras muy importantes de la cirugía argentina según cuenta Covián. “Enrique fue un brillante cirujano, reconocido internacionalmente. Incluso fue llamado por los británicos para operar a un primer ministro. También trabajó como cirujano en la Primera Guerra Mundial. Ricardo, en cambio, era un cirujano no tan brillante pero se ocupó de publicar toda la obra de su hermano, que murió prematuramente. También creó la escuela quirúrgica del Hospital Rawson, conocida como la Escuela Quirúrgica Finochietto. De allí salieron al menos diez discípulos directos de los Finochietto, uno de ellos era Diego Zavaleta, que creó una pequeña escuela dentro del Hospital Rawson conocida como Sala 15”, recuerda.

En aquellas épocas no existía la llamada “residencia” de los médicos, por lo que Zavaleta creó un curso de dos años de cirugía general en el que para entrar los alumnos debían rendir cuatro exámenes de técnica quirúrgica e idiomas, rotando por todas las especialidades en cirugía: “Allí surgieron médicos brillantes como el Dr. Olaciregui, especialista en esófago, que fue mi mentor. Yo me orienté hacia la cirugía esofágica y trabajé en el sector público y el privado, desarollándome en la parte quirúrgica -que era manejada por los cirujanos generales- y en la clínica, que era manejada por los gastroenterólogos. El Dr. Resano fue mi otro mentor en cirugía esofágica”.

Tras trabajar diez años en el Rawson, el vecino pasó al Hospital de Clínicas, lugar en el que estuvo más de tres décadas y donde desarrolló un sector de patología esofágica. “La especialidad de cirugía esofágica se ha ido diluyendo un poco y ha sido ocupada por cirujanos gastroenterológicos o generales. El esófago es un órgano de 25 centímetros, es decir una porción estrecha que une dos grandes cavidades: la boca y el estómago. Ocupa el cuello, tórax y abdomen y es vital para la supervivencia. Su falta genera trastornos que se pueden paliar, pero vivir sin él cambia la calidad de vida. El tránsito de la comida por este órgano dura diez segundos, si tarda más tiempo significa que hay trastornos obstructivos o motores. El proceso de tragar -la deglución- pasa desapercibido, por lo tanto si se hace sensible es porque sucede algo patológico. Por eso hay que consultar tempranamente y, si es necesario, realizarle al paciente una endoscopía”, cuenta Covián, quien estudió en Chile, Estados Unidos y Bélgica. Actualmente está jubilado.

Cara a cara con la muerte

Apenas recibido, Covián se desempeñó profesionalmente por un tiempo en Llavallol, en el partido bonaerense de Lomas de Zamora. “Trabajaba a domicilio para los empleados de la empresa Philips, que vivían por esa zona. Una noche, cuando me bajé del auto para atender a un empleado en su casa, me quisieron asaltar dos tipos y me pegaron un balazo en el abdomen. Una persona que pasaba por allí me vio y me llevó a la Clínica Modelo de Lanús, en donde me atendieron muy bien, me operaron y me salvaron la vida. Luego tuve varias complicaciones a lo largo de los años, por lo que fui operado tres veces más y hasta estuve un mes comiendo a través de una sonda nasogástrica”, recuerda. Asimismo, resalta su preocupación por la agresividad hacia los médicos de parte de pacientes y familiares en los últimos años. “Antes existía un notable respeto hacia los médicos y ahora eso se perdió”, dice.

A modo de conclusión de su charla con este periódico, Covián hace referencia a la situación actual de la salud en nuestro país: “El problema sanitario en la Argentina es muy complejo, pero es un tema que debe afrontar el Estado y no los médicos. No podemos marcar pautas de salud. Lo que veo críticamente es la creación de tantas universidades, muchas de las cuales dejan bastante que desear en cuanto a la calidad formativa, sobre todo las privadas. Tengo dos hijos médicos y preferí que se formaran en la universidad del Estado. Hay excelentes docentes que marcan lineamientos de alto nivel académico, pero es difícil cursar en la UBA. Por eso yo digo que quien se recibe ahí salió de la selva, pudo superar inconvenientes de todo tipo para llegar a la meta: eso es muy valioso”.

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