“Todavía no hay conciencia sobre Malvinas”

Andrés
Persuh es un hincha calamar que defendió al país en el conflicto bélico de
1982, que culminó en la masacre de cientos de jóvenes soldados argentinos. Hoy
en día integra la actual CD del club como vocal, aunque no lo convocan a las
reuniones. Habló con extrema crudeza de los momentos vividos en el archipiélago
del sur.

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Andrés Persuh es un hincha calamar que defendió al país en el conflicto bélico de 1982, que culminó en la masacre de cientos de jóvenes soldados argentinos. Hoy en día integra la actual CD del club como vocal, aunque no lo convocan a las reuniones. Habló con extrema crudeza de los momentos vividos en el archipiélago del sur.

-Hablanos de tu infancia y de cómo llegaste a hacerte hincha de Platense.

-Me crié en la localidad de Moreno, criando pollos, pero debido a que mi mamá padecía una enfermedad crónica los 16 años me mudé a Florida, a la calle Warnes 207, y lo primero que hice fue ir a la cancha de Platense. De chico era muy futbolero. Ese año estuve en la inauguración del estadio y los sábados jugaba el Deportivo Italiano. Así que los sábados iba a ver a Italiano y los domingos a Platense. Y con Platense arranqué en el “Cuadrangular de la muerte”, una experiencia única. Jugaron Chacarita, Gimnasia, Atlanta y Platense y sólo se salvaba uno del descenso. Obviamente fuimos nosotros. Corrimos en todos lados, pero eran otros tiempos, otros barras y otros códigos.

-O sea que te hiciste de Platense enseguida por el barrio…

-Sí, llegué y me hice hincha de Platense. Después fueron pasando los años, me casé y llevé a mis hijos a la escuelita de Platense. Luego don Alfredo Ginanni me pidió si le podía dar una mano en inferiores, por lo que arranqué en las inferiores con el Dr. Castelli. Mi mayor orgullo, luego de cinco años de gestión, son Gonzalo Bergessio y Alejandro Sánchez.

-No muy lejos de aquellos años, tuviste que defender a nuestro país durante la guerra de Malvinas. ¿Cómo fue esta etapa de tu vida?

-Sí, a los 18 años hacía el Servicio Militar Obligatorio y lo estaba terminando, pero como era una persona que tenía estudios terciarios, porque estudiaba en la Facultad de Ciencias Económicas, no me querían dar la baja porque yo trabajaba ahí adentro. En aquel momento hacer el Servicio Militar era entrar un lunes a las 6 de la mañana y salir el sábado al mediodía. No me querían dar la baja y me retuvieron el documento a cambio de que yo siga yendo a trabajar, algo que seguí haciendo. Hasta que llegó el 2 de abril de 1982, con el famoso anuncio de que se tomaban las Malvinas. La semana entrante era Semana Santa y yo me había ido a mi casa hasta el lunes, porque ya no era un soldado. Era Jueves Santo y yo estaba ayudando a quien por entonces era mi ex suegro a hacer un “Vía Crucis” en Villa Progreso. En aquel entonces, obviamente no existían los celulares y sonó el teléfono de la parroquia de Villa Progreso, donde termina San Martín, y era mi mamá llorando, porque me habían llamado de la compañía y me tenía que presentar. Traté de calmarla por teléfono y fui. A las cuatro de la madrugada llegaron dos camionetas con las luces verdes giratorias para buscarme. Yo les dije que si me iba en ese momento mi mamá, con su enfermedad, se me moría, que me dejaran cambiar que iba solo a las seis de la mañana, que fueran a buscar a otros. Y así fue, me cambié, me bañé y me fui. Para el sábado habíamos juntado nomás la mitad de los soldados: de 330 éramos 180 de la clase 62, con 14 meses de servicio cumplidos. Y querían completarlo con chicos de la categoría 63. Cómo yo conocía a los jefes, porque les pagaba el sueldo en mano, les dije: “Ustedes están locos, ¿Cómo van a mandar a chicos que tienen veinte días acá adentro? Le tienen miedo al uniforme verde, no tiraron dos tiros en su vida y los quieren mandar a matar gente”.

-¿Cómo es el clima en Malvinas?

-Mirá, yo soy friolento por naturaleza y nos habían dado dos juegos de camisetas, dos pares de medias, dos calzoncillos largos, dos camperas, dos pantalones y yo tenía todo puesto. Tenía un frío de morirme. Jamás había pensado que el viento podía voltear a una persona, pero es así. Entiendo que las Malvinas son un lugar estratégico en el mundo, pero no se puede vivir ahí: no hay un día que no llueva y no haya viento.

-¿Cuáles son los primeros recuerdos que se te vienen a la mente?

-Me acuerdo que íbamos caminando desde el aeropuerto y teníamos que cruzar toda la ciudad y cuando llegamos al puerto había un grandote rubio de manga corta, acostumbrado, como si nada. Pero cuando cruzábamos la ciudad, la gente nos miraba detrás de las ventanitas. No se los tocó en ningún momento, se los respetó y cuidó pese a que nos boicotearon decenas de veces. Ellos se sienten ingleses, son ingleses y nosotros los cuidamos, un gran error… Yo los hubiese metido a todos adentro de un galpón para que sintieran también el rigor de la guerra, pero eso no pasó.

-¿Tuviste mucho miedo?

-El 1 de mayo de 1982 fue el primer bombardeo al aeropuerto de Puerto Argentino. Yo estaba en una trinchera a mitad de camino entre la ciudad y el aeropuerto. A las cuatro de la mañana justo me tocó estar de guardia a mí y vino el primer bombardeo aéreo, con aviones a dos metros del agua, a tres kilómetros de donde yo estaba y empezó a explotar todo como en una película de guerra. Fue el día que más miedo tuve en mi vida. No sabía si enterrarme vivo, si salir nadando… Fue un momento para volverse loco.

-Tremendo Andrés… ¿Viste cosas muy feas allá?

-Sí. Para que se entienda bien, yo volví y estuve 15 años sin hablar. Recién lo hice cuando mi hijo mayor me pidió si podía dar una charla en el colegio. Ahí me di cuenta de que la gente no sabe nada de la guerra y de que entonces era mi obligación para con mis compañeros muertos de contar todo. A ver, la fotito esa de las crucecitas del Cementerio de Darwin, ¡ahí abajo no hay nada! Nosotros hemos juntado pedacitos de nuestros compañeros dentro de una bolsita de plástico y a veces sin identificación. Yo en mi caso no tenía identificación.

-Es muy fuerte lo que contás Andrés, no recuerdo en casi veinte años de periodismo que se me hayan llenado los ojos de lágrimas haciendo una nota…

-Mirá, es un antes y un después en tu vida. Nunca nada volvió a ser como era en mi vida, nunca nada se valora como era antes. Hoy me siento en una mesa, hay un pedazo de pan y me siento un tipo feliz.

-¿Creés que el país como sociedad está en deuda con ustedes y que aún no se toma conciencia de lo que pasó?

-Sí, creo que no hay conciencia. Se le ha dado mucha más preponderancia a los desaparecidos de la dictadura, con lo cual estoy totalmente de acuerdo, que a los veteranos y caídos en la guerra. El día que la historia argentina se escriba con mayúsculas habría que dejar en claro que el retorno de la democracia en la Argentina fue porque nosotros perdimos en Malvinas.

-Saliendo un poco del tema, contales a quienes no te conocen a qué te dedicás.

-Mi rubro sería pisos de madera, pero en 2007 entré a la política de la mano del PRO. Trabajé algunos años para Francisco de Narváez y en la última campaña estuve a cargo de la fiscalización en Moreno. No soy un tipo de la política ni que viva de ella. Soy empleado de planta permanente de la Municipalidad de Vicente López.

-Te hago una sola pregunta “política”. Para bien o para mal, el país está viviendo una transformación. ¿Cuánto tiempo creen ustedes que les llevará que las cosas estén como piensan que estarían bien?

-Y… para que se note y se sienta, a fin de este año. Se están encontrando cosas increíbles en todos los niveles. Lamentablemente, durante la última década se ha generado una serie de divisiones, a nivel amistad, a nivel familiar, y es algo que se ha metido en nuestro club también. Platense no ascendió el año pasado porque los muchachos que están al frente no son de mi color político. Grave error señores: se es de Platense y punto, no importa de dónde venga la ayuda.

-Pese a esto que mencionás, ¿seguís siendo vocal de la actual Comisión Directiva?

-Sí, yo no renuncié. No participo porque no quieren que participe, no fui más convocado a las reuniones de CD. Y no renuncié porque hemos pasado épocas peores…

-¿Pero qué es lo que pasa con Platense? Nadie lo entiende…

-Mientras nos manejen representantes de jugadores, acá el negocio va a prevalecer por sobre los intereses de Platense. Punto y aparte. Y hasta que no tomemos conciencia de que somos cuatro socios y hay diez agrupaciones políticas y que a nadie le conviene que estemos en esta categoría, es muy difícil. Ejemplo claro se vivió el año pasado. A mí me rechazaron una ayuda municipal extraordinaria, casi como para pagar a todo el plantel, porque el municipio mandaba a alguien controlar a dónde iba esa plata. Y fijate otro ejemplo: el básquet anda bárbaro, tenemos dos clubes en uno, porque Fernando Wendt no es de la actual CD, pero maneja este deporte y lo hace muy bien, porque es un gran dirigente, hizo sus cosas solas, no jodió a nadie y pudo llevar el básquet al lugar que tiene hoy. Pero a mí por cuestiones políticas, simplemente porque pertenezco a un color político que no es mayoría en esta CD, no me han aceptado la ayuda. Mientras sigamos con estas luchas internas, por incapacidad, no vamos a ningún lado. El que cree que el fútbol son once contra once y una pelotita, está equivocado. Vos tenés que manejar todo el entorno con experiencia, no con pibes de 28 años como pasa ahora. Los jugadores son vedettes y los tenés que cuidar, con los árbitros debés tener buena relación y para tener una mínima aspiración de ascenso tenés que pisar fuerte en AFA, algo que hoy no tenés.

-¿Te interesaría ser presidente?

-Sí, pero si no tenés el respaldo de todos no. Si no aceptas ayuda de la Municipalidad o de la Provincia es difícil. Para ser presidente hay que tener la billetera llena. Acá hay muchos que vinieron con la billetera vacía y se la llevaron llena. De hecho, le han reconocido la deuda a un ex presidente que todavía está manejando los hilos desde las sombras. Si pones plata en Platense, la ponés y te olvidás que la pusiste: es como ponerla en tu casa. Si no te estás burlando del socio que juntó 200.000 dólares para entrar en la convocatoria: jamás ninguno reclamó un peso. Hay gente que perdió la casa o el auto por Platense.

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