A 34 años del crimen, identifican al asesino del primer ministro sueco Olof Palme

El caso dio vuelta al mundo y mantuvo el misterio hasta hoy. Una calle de Saavedra lleva el nombre del destacado político, aunque muchos desconocen la historia que esconde.

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Se decía que Arturo Illia era un presidente de tan bajo perfil que salía de la Casa de Gobierno y cruzaba la Plaza de Mayo hasta un kiosco para comprar la revista GOLES. Lo curioso del caso era que ese hábito cotidiano lo hacía sin custodia ni seguridad. Era un hombre común, un médico de provincia que había llegado a ser presidente y se desenvolvía como si aún viviese en Cruz del Eje.

A miles de kilómetros de Buenos Aires, en Suecia, otro político -más cercano en el tiempo- practicaba esas mismas costumbres de andar entre la gente sin importarle el protocolo. Se trataba del primer ministro Olof Palme, una de las pocas figuras de la política sueca que trascendió las fronteras, que se relacionaba con el pueblo sin distancias ni señores de anteojos negros y bigotes gruesos merodeando como sabuesos.

Olof Palme fue primer ministro de Suecia entre 1969 y 1976, y de 1982 a 1986.

El crimen

A las 23.21 del 28 de febrero de 1986, Palme caminaba por la calle junto a su esposa después de haber visto una película en el cine. Marchaba a paso lento, disfrutando del paseo como un vecino más de Estocolmo, cuando un desconocido se le acercó y le disparó a sangre fría.

Tuvieron que pasar más de 34 años para que el crimen, que dio la vuelta al mundo y mantuvo su misterio hasta hoy, finalmente se esclareciera. Este miércoles, la Justicia sueca anunció la identidad del asesino de Palme. Se trata de un diseñador gráfico de nombre Stig Engstrom, que falleció en 2000. “En consecuencia no puedo iniciar un juicio, ni siquiera interrogarlo, y por esa razón decidí cerrar esta investigación”, declaró Krister Petersson, el fiscal general a cargo del caso desde 2017.

El funcionario judicial reconoció que hoy resultaba “imposible seguir avanzando” en la causa y que todo indicaba la culpabilidad de Stig Engstrom, a quien se lo conocía como “Skandiamannen” (el hombre de Skandia), la compañía de seguros donde trabajaba, a pocos metros de donde ocurrió el crimen. “Ninguna prueba permite pensar en una conspiración, aunque tampoco se lo puede excluir”, agregó el fiscal.

La placa que lo recuerda en el lugar donde lo asesinaron.

Aspectos de su vida

Olof Palme nació el 30 de enero de 1927 en el ámbito de una familia de clase media alta vinculada con la Armada y las actividades ejecutivas. De niño padeció de mala salud y por esa circunstancia recibió su educación de parte de institutrices. Luego estudió en uno de los pocos colegios de alta categoría y se matriculó con excelentes notas a la excepcional edad de 17 años.

Con igual rapidez comenzó la carrera de Derecho en Estocolmo y más tarde cursó Ciencias Políticas en el Colegio Kenyon, de Ohio, Estados Unidos. Palme fue un bicho raro -como dirían en la cuadra- ya que formando parte de una familia de dinero abrazó las ideas socialistas y tuvo llegada en los sectores sindicales. Sus pares lo tildaron de traidor por esa opción ideológica.

Tenía una vocación universalista, con una proyección especial en el Tercer Mundo. Además defendía el desarme en tiempos de la Guerra Fría y condenaba la Guerra de Vietnam. Según los estudiosos, en la historia de Suecia hubo cuatro políticos con actuación descollante: Palme es uno de ellos.

Como estudiante recorrió los países pobres del sur y sudeste de Asia y en esos años de preparación se afianzó su espíritu anticolonialista. Mantuvo una estrecha relación con Indira Gandhi y el grupo de Países No Alineados y, a muy temprana edad, entró por la puerta grande de la política al ser designado secretario privado del primer ministro Tage Erlander.

Máxima autoridad sueca entre 1969 y 1976, y de 1982 a 1986, Palme era amigo de decir discursos a las multitudes en espacios abiertos y se lo reconocía como un gran conferencista gracias a su oratoria contundente. Una de sus arengas más recordadas fue en la Navidad de 1972, cuando los Estados Unidos bombardearon Hanoi en el marco de la Guerra de Vietnam: el sueco hizo una declaración comparando el ataque con las atrocidades fascistas y comunistas.

Esta postura valiente le hizo ganar la admiración de varios sectores y el rechazo de los círculos cercanos a Washington. Su desaparición absurda privó al mundo de una figura singular que no llegó a vivir la Caída del Muro de Berlín ni la globalización económica. Pero su capacidad de estadista lo llevó a definir, en los albores del neoliberalismo, que esta ideología dominante era otra forma de egoísmo.

Una calle de Saavedra le rinde homenaje.

Su relevancia mundial llegó hasta el barrio porteño de Saavedra, donde una calle lleva su nombre. Se trata del tramo de la ex Plaza Oeste que va del 4201 al 4700 y le fue adjudicado mediante la Ley Nº 307 del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, publicada en el Boletín Oficial Nº 862 del 2 de diciembre de 1999. Aunque todavía muchos transitan por allí sin saber qué historia se esconde tras ese nombre en los carteles indicadores.

Foto de portada: EFE

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