A 43 años de la desaparición forzada de Alejandro Pina, ex alumno del SAFA

Fue privado de su libertad el 26 de octubre de 1977, cuando tenía 20 años. Sus compañeros del colegio de Villa Urquiza, donde cursó la primaria, quieren homenajearlo mediante una baldosa o una placa.

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Era hincha de Platense y durante su infancia vivió en Miller y Juramento, cerca de la Plaza Zapiola, Villa Urquiza. Con sólo 20 años, Alejandro Pina fue secuestrado el 26 de octubre de 1977 en un bar de Juan B. Justo y Corrientes. Es uno de los millares de desaparecidos y asesinados durante los años de la última dictadura cívico-militar que oscureció a la Argentina.

Con el objetivo de que su nombre y su historia no sean olvidados en la comunidad donde creció, sus ex compañeros de primaria del Colegio Sagrada Familia quieren homenajearlo con una baldosa o placa recordatoria. Para ello, ya cuentan con la autorización de la Dirección del establecimiento educativo de Olazábal y Bucarelli y el apoyo de la Comisión de Ex Alumnos. El grupo además convoca, a través de este medio, a quienes tengan información sobre otros ex alumnos o familiares de la comunidad escolar del colegio que hayan desaparecido, para sumarlos al recordatorio. Pueden escribir a correo@periodicoelbarrio.com.ar.

Sus compañeros describen a Pina (en la foto, tocando el globo terráqueo), como “un buen pibe, un divino, un atorrante absoluto”.

El tributo a Alejandro Pina sería análogo al que en 2011 se les rindió a Susana Morás, docente en los colegios Beata Imelda y Nuestra Señora del Carmen; Susana Marco profesora en el Colegio Reconquista y en los institutos Nuestra Señora del Carmen y Emilia Moutier de Pirán; y Pablo Gazzarri, cura de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en 1974. Todos ellos fueron secuestrados entre 1976 y 1977 y jamás volvieron a aparecer.

En las veredas de las instituciones donde se desempeñaron estos jóvenes vecinos, el grupo “Barrios por la Memoria y la Justicia” instaló baldosas con la intención de dejar testimonio de sus pasos por Villa Urquiza. Asimismo, el año pasado se hizo lo propio en Monroe y Triunvirato para recordar a 54 militantes del barrio desaparecidos o asesinados por el terrorismo de Estado.

A Pina sus compañeros lo pintan como “buen pibe, divino, un atorrante absoluto que causaba gracia”. También como un gran jugador de fútbol. “Ale era una persona muy inteligente, con una mente brillante -afirma Juan, ex compañero de la primaria que continuó la amistad durante la adolescencia y su efímera juventud-. Recuerdo que en junio de 1977 fui a su cumpleaños, pero él no vino al mío el 16 de diciembre. Me llamó tanto la atención que fui a su casa y la abuela me dijo que estaba desaparecido. Yo no entendía qué significaba eso. Con el tiempo la vi a Teresita, la madre, que me confirmó que se lo había llevado la policía. Recuerdo que iba a todos lados con él: de vacaciones a Villa Gesell, a ver torneos de ajedrez… Lamentablemente en los años 70 las ideas no se aceptaban, se mataban”.

Detalles de su tormento
Nacido en la ciudad de Buenos Aires el 23 de junio de 1957, Alejandro Pina hizo la primaria en el Colegio Sagrada Familia y la secundaria en la Escuela Normal Superior de San Justo, provincia de Buenos Aires. Estudió para Maestro Normal Nacional en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 113 de San Martín, donde hay una baldosa en su memoria. También cursó Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires y se destacó además como ajedrecista. Era militante del Frente Revolucionario “17 de Octubre” (FR-17) y trabajaba como empleado de una compañía de seguros.

Con sólo 20 años, Alejandro Pina fue secuestrado el 26 de octubre de 1977 en un bar de Juan B. Justo y Corrientes.

Según puede leerse en el sitio web Desaparecidos, Pina fue privado de su libertad y conducido al centro clandestino de detención conocido como “El Atlético”. Allí fue visto por Donato Martino, Marcos Lezcano y Adolfo Ferraro. En sus testimonios lo describieron como “muy golpeado, con un rostro totalmente ensangrentado, grandes hematomas y las encías muy hinchadas por la aplicación de la picana, así como con quemaduras en el cuerpo”.

Su madre y su padrastro relataron a la CONADEP que el día 26 de octubre de 1977 Alejandro salió de la casa de su novia, sita en las proximidades de Roosevelt y Triunvirato, aproximadamente a las 20.15. Tenía una cita en Corrientes y Juan B. Justo, luego de la cual volvería a cenar. Ese fue el último contacto que se registra de él en libertad.

Entre los acusados de su desaparición se encuentran Samuel Miara, Roberto Antonio Rosa, Raúl González, Eduardo Kalinec, Juan Carlos Falcón, Gustavo Eklund, Eufemio Jorge Uballes, Luis Juan Donocik y Juan Antonio del Cerro. Por el hecho fue condenado a prisión perpetua Julio Simón, más conocido como “el Turco Julián”, a quien le imputaron los delitos de homicidio calificado por su comisión con alevosía y premeditación, privación ilegítima de la libertad agravada por haber sido cometida siendo funcionario público e imposición de tormentos.

Simón es recordado como el torturador más salvaje y perverso del circuito clandestino de detención que funcionaba en aquellos años en los centros Atlético, Banco y Olimpo. Simpatizante del fascismo y el nazismo, llevaba una cruz esvástica como llavero.

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