A 50 años del secuestro de Aramburu, gestado en una casa de Parque Chas

Montoneros utilizó una propiedad de Bucarelli y Ballivián como base del “Operativo Pindapoy”, que capturó y luego asesinó al ex presidente de facto.

  • 225
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

El 29 de mayo pasado se cumplieron 50 años del secuestro y posterior asesinato del ex presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu a manos de Montoneros. El “Operativo Pindapoy”, como se lo conoció, fue gestado por la organización guerrillera en una casa del barrio de Parque Chas ubicada en la esquina de Bucarelli y Ballivián. Reproducimos una nota publicada en la edición gráfica de junio de 2005, donde narramos en profundidad esta historia.

La casa mantiene la fisonomía de entonces en la intersección de las calles Bucarelli y Ballivián: el color ocre de las paredes, dos plantas con ocho ventanas en su parte superior, una puerta de madera que da salida a la esquina y otra del mismo material sobre el lateral. El único detalle actual lo aporta el agregado de ladrillos a la vista a media altura en la planta baja. Es una propiedad que transmite la misma tranquilidad que el resto de las edificaciones que conforman el apacible barrio de Parque Chas.

Mirta abre la puerta de Bucarelli 1754 y recibe a El Barrio con la amabilidad propia de los oriundos de estos pagos, habitantes de una parte de Buenos Aires que no se corresponde con los ritmos y las urgencias de la gran ciudad. Ella sabe la historia, se la hicieron conocer sus vecinos allá por 1977 cuando, junto a su familia, decidió mudarse del centro porteño a esta esquina. Es la segunda dueña de una casa donde hace 35 años se planeaba uno de los secuestros más resonantes de la historia política contemporánea de la Argentina: el del General Pedro Eugenio Aramburu a manos de la organización guerrillera Montoneros.

Bucarelli y Ballivián, Parque Chas, donde se gestó el secuestro de Aramburu.

“Sé que la casa estuvo clausurada antes de que lleguemos nosotros. La dueña anterior vivía en los Estados Unidos”, cuenta Mirta, de 57 años y tres hijas, de las cuales dos nacieron en esta vivienda. “Cuando llegamos al barrio los vecinos nos decían que habíamos comprado la casa de Aramburu, así la llamaban, nosotros no teníamos idea de lo que había pasado aquí pero con el tiempo nos fuimos enterando”, recuerda. Luego explica que son dos casas en una. “Yo vivo en el primer piso. La planta baja, que fue la que alquilaron en esa época para planear el secuestro, hoy permanece deshabitada”.

Aramburu nunca fue llevado allí, sin embargo su actual propietaria hace referencia a una curiosa anécdota que durante años circuló entre los habitantes del lugar. “Quizá forme parte de una leyenda, lo cierto es que se comentaba que luego de secuestrarlo a Aramburu lo habían escondido en el espacio que queda en el descanso de la escalera por la que se sube a la planta alta”, señala Mirta.

Las crónicas periodísticas y los testimonios revelan que en mayo de 1970 la propiedad estaba alquilada a nombre de Carlos Alberto Maguid, cuñado de Norma Arrostito (integrante de la cúpula de Montoneros), y que desde allí partieron los secuestradores rumbo al edificio de la calle Montevideo, casi esquina Santa Fe, donde vivía el ex presidente de facto. También se supo que en la casa de la calle Bucarelli se redactó el primer comunicado sobre el secuestro dado a conocer por el grupo guerrillero a la opinión pública.

¿Quién era Aramburu?

Pedro Eugenio Aramburu nació en la provincia de Córdoba el 21 de mayo de 1903. Ingresó al Colegio Militar de la Nación el 1 de marzo de 1919 y egresó como subteniente de infantería el 22 de diciembre de 1922. Luego cursó en la Escuela Superior de Guerra, donde obtuvo el título de Oficial de Estado Mayor. Participó activamente en la autodenominada “Revolución Libertadora” que derrocó al General Juan Domingo Perón en 1955. A mediados de ese año, y como resultado de un golpe interno en las Fuerzas Armadas, asumió la presidencia provisional de la Nación en reemplazo de Eduardo Lonardi.

Su gobierno se caracterizó por una fuerte persecución contra el movimiento peronista: el partido fue proscrito, las universidades fueron intervenidas y a los docentes comprometidos con ese pensamiento se los expulsó. La Fundación Eva Perón fue disuelta y sus bienes liquidados, mientras que el cadáver de la mítica ex primera dama fue retirado de la CGT -que también resultó intervenida como el resto de los sindicatos- y transferido a un lugar por entonces desconocido. Luego se sabría que el cuerpo estuvo en distintos lugares de Europa.

Pedro Eugenio Aramburu, ex presidente de facto.

Los días 7 y 8 de junio de 1956 estalló una acción revolucionaria que marcaría el comienzo de lo que se dio en llamar la “resistencia peronista”. La misma estaba dirigida por el General Juan José Valle y culminó con el fusilamiento de éste y de un grupo importante de civiles. Un año más tarde, y gracias a la investigación que realizó el periodista y escritor Rodolfo Walsh, este hecho fue conocido ante la opinión pública como “Operación Masacre”, una novela en la cual se relatan los pormenores de estos asesinatos ocurridos en la localidad de José León Suarez, provincia de Buenos Aires.

Con el peronismo proscrito, en febrero de 1958 el gobierno llamó a elecciones generales y el 1 de mayo Aramburu entregó el mando al presidente elegido a través del voto popular, el Dr. Arturo Frondizi. Cuando en 1963 -ya derrocado Frondizi por las Fuerzas Armadas- el presidente provisional José María Guido convocó a nuevas elecciones, Aramburu fue candidato a presidente por dos partidos: la Unión del Pueblo Argentino (UDELPA), que nació expresamente para postular su nombre, y la Democracia Progresista. Hacia fines de la década del 60 el militar pensaba volver a la escena política con un proyecto ligado con las ideas liberales y en el que deseaba integrar a distintos sectores de los partidos más importantes del país.

Por qué el secuestro

En 1970 Montoneros era un movimiento incipiente y casi desconocido que se trazaba como objetivo central el retorno de Juan Domingo Perón al país. El 6 de setiembre de 1974 la revista montonera La Causa Peronista publicó un relato detallado de la captura de Aramburu, que se transcribe en el libro La Voluntad. Allí, la organización armada da a conocer las razones que motivaron el secuestro:

“En este primer operativo firmado, llevado a cabo por un grupo de combatientes muy jóvenes, en absoluta precariedad de medios y contra un enemigo que, entonces, parecía todopoderoso, Montoneros definió su proyecto y mostró un camino. El primer objetivo del “Operativo Pindapoy”, como lo bautizaron en un principio los Montoneros, era el lanzamiento público de la organización y se cumplió con éxito. En cuestión de horas, días cuanto más, todos los argentinos supieron que las luchas peronistas, las de la Resistencia, las del Plan de Lucha, la de los Uturuncos y todas las expresiones combativas del peronismo se habían sintetizado en un grupo de jóvenes dispuestos a triunfar o morir por su pueblo. Esto lo supieron los gorilas de quince años atrás y los gorilas de entonces. Y lo supo también la clase trabajadora, la que siempre había creado nuevas formas de lucha contra cada nueva estrategia imperialista, la que había dado su ejemplo a estos Montoneros que ahora avanzaban un paso más en la guerra: tomaban las armas hasta sus últimas consecuencias.

La organización guerrillera Montoneros era liderada por Mario Firmenich.

“El segundo objetivo era ejercer la justicia revolucionaria contra el más inteligente de los cabecillas de la Libertadora. Porque si Rojas fue la figura más acabada del gorilismo, Pedro Eugenio Aramburu fue, en cambio, su cerebro y artífice. En Aramburu, el pueblo había sintetizado al antipueblo. El vasco era responsable directo de los bombardeos a la Plaza de Mayo, de las persecuciones y las torturas. Aramburu era culpable directo, además, del fusilamiento de 27 patriotas durante la represión brutal de junio del 56. Sobre él ejerció Montoneros la justicia de ese pueblo”.

En el mismo artículo, se reconstruye también una charla entre los jefes montoneros Mario Eduardo Firmenich y Norma Arrostito, donde se brindan más precisiones respecto al por qué del secuestro y al modo en que lo llevarían adelante:

“Firmenich: El ajusticiamiento de Aramburu era un viejo sueño nuestro. Concebimos la operación a comienzos de 1969. Había de por medio un principio de justicia popular -una reparación por los asesinatos de junio del 56-, pero además queríamos recuperar el cadáver de Evita, que Aramburu había hecho desaparecer. Pero hubo que dejar transcurrir el tiempo, porque aún no teníamos formado el grupo operativo. Entre tanto, trabajábamos en silencio. La ejecución de Aramburu debía significar precisamente la aparición pública de le organización. A fines del 69 pensamos que ya era posible encarar el operativo. A los móviles iniciales se había sumado en el transcurso de ese año la conspiración golpista que encabezaba Aramburu para dar una solución de recambio al régimen militar, debilitado tras el Cordobazo. Por la importancia política del hecho, por el significado que atribuíamos a nuestra propia aparición, fuimos a la operación con el criterio de todo o nada. El grupo inicial de Montoneros se juega a cara o ceca en ese hecho.

-Arrostito: Toda la “organización” éramos doce personas, entre los de Buenos Aires y los de Córdoba. En el operativo jugamos diez. Lo empezamos a fichar a comienzos del 70, sin mayor información. Para sacar direcciones, nombres, fotos fuimos a las colecciones de los diarios, principalmente de La Prensa. En una revista, Fernando (Abal Medina) encontró fotos interiores del departamento de la calle Montevideo. Eso nos dio una idea de cómo podían ser las cosas adentro.

-Firmenich: Pero dedicamos el máximo esfuerzo al fichaje externo. El edificio donde él vivía está frente al colegio Champagnat y averiguamos que en el primer piso -de ese colegio- había una sala de lectura o una biblioteca. Entonces nos colamos y fuimos a leer ahí. El que inauguró el método fue Fernando, que era bastante desfachatado. Más que leer, mirábamos por la ventana. Nos quedábamos por períodos cortos, media hora, una hora. Nunca nadie nos preguntó nada.

-Arrostito: Allí lo vimos por primera vez, de cerca. Solía salir alrededor de las once de la mañana, a veces antes, a veces después, a veces no salía. Lo vimos tres veces desde el Champagnat. Después fichamos desde la esquina de Santa Fe, en forma rotativa. Llegamos a hacer relevos cada cinco minutos. Teníamos que hacer así porque en esa esquina había un cabo de consigna, uno rubio, gordito, y no queríamos llamar la atención.

El afiche que buscaba a los secuestradores de Aramburu.

-Firmenich: A medida que chequeábamos fuimos variando el modelo operativo. La primera idea había sido levantarlo por la calle cuando salía a caminar. Pensábamos llevar uno de esos autos con cortina en la luneta y tapar las ventanillas con un traje a cada lado. Le dimos muchas vueltas a la idea hasta que la descartamos y resolvimos entrar y sacarlo directamente del octavo piso. Para eso hacía falta una buena “llave”. La mejor excusa era presentarse como oficiales del Ejército. El Gordo (Emilio Angel) Maza y otro compañero habían sido liceístas, conocían el comportamiento de los militares. Al gordo Maza incluso le gustaba, era bastante milico, y le empezó a enseñar a Fernando los movimientos y las órdenes. Ensayaban juntos.

-Arrostito: Compraron parte de la ropa en la casa Isola, una sastrería militar en la Avenida de Mayo, al lado de Casa Muñoz. Fernando Abal tenía 23 años, (CarlosRamus y Firmenich 22, Capuano Martínez, 21. Cortándose el pelo pasaban por colimbas. Así que allí compramos las insignias, las gorras, los pantalones, las medias, las corbatas. Para comprar algunas cosas hasta se hicieron pasar por boy-scouts. Un oficial retirado peronista donó su uniforme: simpatizaba con nosotros, aunque no sabía para qué lo íbamos a usar. El problema es que a Fernando le quedaba enorme. Tuve que hacer de costurera, amoldárselo al cuerpo. La gorra la tiramos -era un gorrón-, le bailaba en la cabeza, pero usamos la chaquetilla y las insignias (…).

“La casa operativa estaba en Bucarelli y Ballivián, Villa Urquiza (N. de la R.: en verdad es Parque Chas). Allí teníamos un laboratorio fotográfico. La noche del 28 de mayo Fernando lo llamó a Aramburu por teléfono, con un pretexto cualquiera. Aramburu lo trató bastante mal, le dijo que se dejara de molestar o algo así. Pero ya sabíamos que estaba en su casa. Dentro de Parque Chas dejamos estacionados esa noche los dos autos operativos: la pick-up Chevrolet, un Peugeot 404 blanco y tres coches más que se iban a necesitar: una Renoleta 4L blanca mía, un taxi Ford Falcon que estaba a nombre de Firmenich y una pick-up Gladiator 380 a nombre de la madre de Ramus”.

La periodista María O’Donnell recientemente publicó un libro sobre el crimen.

El secuestro y la ejecución

El 29 de mayo a la mañana el grupo de montoneros, la mayoría de ellos disfrazados con ropa militar, salieron de la casa de Parque Chas rumbo al domicilio de Aramburu. Así lo relataban los propios protagonistas en esa charla reconstruida por la revista de la época y recopilada en el libro La Voluntad:

-Arrostito: En el Peugeot 404 subieron Capuano Martínez, que iba de chofer, con otro compañero, los dos de civil pero con el pelo bien cortito, y detrás Maza con uniforme de capitán y Fernando Abal, como teniente primero.

-Firmenich: Ramus manejaba la pick-up Chevrolet y la “flaca” (Arrostito) lo acompañaba en el asiento de adelante. Detrás iba un compañero disfrazado de cura (Carlos Maguid) y yo con uniforme de cabo de la policía.

-Arrostito: Yo llevaba una peluca rubia con claritos y andaba bien vestida y un poco pintarrajeada. El Peugeot iba adelante por Santa Fe. Dobló en Montevideo, entró en el garaje. Capuano se quedó al volante y los otros tres bajaron. Le pidieron permiso al encargado para estacionar un ratito. Cuando vio los uniformes, dijo que sí enseguida. Salieron caminando a la calle y entraron en Montevideo 1053. Nosotros veníamos detrás con la pick-up. En la esquina de Santa Fe bajé yo y fui caminando hasta la puerta misma del departamento. Me paré allí. Tenía una pistola.

-Firmenich: Nosotros seguimos hasta la puerta del Champagnat y estacionamos sobre la vereda. “El cura” y yo nos bajamos. Dejé la puerta abierta con la metralleta sobre el asiento, al alcance de la mano. Había otra en la caja al alcance del otro compañero. También llevábamos granadas. Ese día no vi al cana de la esquina. Mi preocupación era qué hacer si me aparecía, ya que era “mi superior”, tenía un grado más que yo. Pasaron dos cosas divertidas. Se arrimó un Fiat 600 y el chofer me pidió permiso para estacionar. Le dije que no. Quiso discutir: “¿Y porque la pick-up sí?”. Le dije “¡Circule!”. Se fueron puteando. En eso pasó un celular, le hice la venia al chofer y el tipo me contestó con la venia. De golpe lo increíble. Habíamos ido allí dispuestos a dejar el pellejo, pero no: era Aramburu el que salía por la puerta de Montevideo y el gordo Maza lo llevaba con un brazo por encima del hombro, como palmeándolo, y Fernando lo tomaba del otro brazo. Caminaban apaciblemente”.

El secuestro del ex presidente de facto en la tapa de La Nación.

Lo que había sucedido adentro del edificio también fue relatado con lujo de detalles por el jefe montonero: “Un compañero quedó en el séptimo piso con la puerta del ascensor abierta, en función de apoyo: Fernando y el gordo subieron un piso más. Tocaron el timbre, rígidos en su postura militar, Fernando un poco más por la “metra” que llevaba bajo el pilotín verde oliva. Los atendió la mujer del general. No le infundieron dudas: eran oficiales del Ejército.

Los invitó a pasar, les ofreció café mientras esperaban que Aramburu terminara de bañarse. Al fin apareció, sonriente, impecablemente vestido. Tomó café con ellos mientras escuchaba complacido el ofrecimiento de custodia que le hacían esos jóvenes militares. A Maza le descubrió enseguida el acento: “Usted es cordobés”, “Sí mi General”.

Las cortesías siguieron un par de minutos mientras el café se enfriaba y el tiempo también. Y los dos muchachos agrandados se paraban y desenfierraban y la voz cortante de Fernando dijo: “Mi General, usted viene con nosotros”. Así, sin mayores explicaciones. A las nueve de la mañana. ¿Si se resistía? Lo matábamos ahí, ese era el plan, aunque no quedara ninguno de nosotros vivos”.

Los secuestradores subieron a Aramburu al Peugeot y tomaron la avenida Figueroa Alcorta. Cerca de la Facultad de Derecho realizaron un transbordo a una camioneta que los aguardaba, luego hicieron otro cambio de vehículo y desde allí partieron a un casco de estancia ubicado en Timote, una pequeña localidad cercana a Carlos Tejedor, en la provincia de Buenos Aires. La organización guerrillera dio entonces a conocer su Comunicado Nº 1, que comenzaba con la consigna “Perón vuelve” y se dirigía al “Pueblo de la Nación”. El escrito estaba fechado el viernes 29 de mayo y decía lo siguiente:

“Hoy a las 9.30 horas nuestro comando procedió a la detención de Pedro Eugenio Aramburu, cumpliendo una orden emanada de nuestra conducción a los fines de someterlo a juicio revolucionario. Sobre Pedro Eugenio Aramburu pesan los cargos de traidor a la patria, al pueblo y asesinato en la persona de veintisiete argentinos”. Luego se explicaban más detalladamente los argumentos en contra del militar y el comunicado finalizaba con la consigna “¡Perón o Muerte! ¡Viva la Patria!”, firmado por el “Comando Juan José Valle – Montoneros”.

La tumba de Aramburu en el Cementerio de Recoleta.

Fernando Abal Medina fue quien le comunicó a Aramburu los cargos que la organización guerrillera le imputaba -entre los que se encontraban, además de los mencionados en el comunicado, el robo del cadáver de Eva Perón y el supuesto golpe militar que preparaba contra el gobierno de Onganía– y en la noche le dieron a conocer la decisión que habían tomado: fusilarlo. Finalmente, a la mañana del 30 de mayo el propio Abal Medina fue quien realizó los disparos de una pistola 9 milímetros que terminaron con la vida del militar.

La noticia fue dada a conocer por los propios Montoneros en un nuevo comunicado, muy escueto, que todas las radios difundieron y que decía: “Perón vuelve. Aramburu fue ejecutado a las siete de la mañana. Que Dios, nuestro señor, se apiade de su alma. ¡Perón o muerte! ¡Viva la Patria! Montoneros”.

Testimonios periodísticos

Una vez consumado el secuestro de Aramburu, las informaciones aparecidas los días posteriores en los diarios eran confusas. No se tenían pistas de quiénes habían sido los autores del hecho, como tampoco se sabía con certeza si el militar estaba o no muerto. Los comunicados enviados por los montoneros eran la única fuente de información con la que contaban investigadores y periodistas y en ocasiones se dudaba de su veracidad.

El 1 de julio de 1970 un grupo de 15 montoneros, entre los que se encontraban Maza e Ignacio Vélez, que habían participado en el secuestro de Aramburu, tomaron por asalto La Calera, un pueblo de la provincia de Córdoba. La operación fue un fracaso, varios integrantes de ese grupo resultaron muertos y otros quedaron detenidos. Este operativo fallido de la organización guerrillera le permitió a la policía dar con una parte de los integrantes del comando que secuestró a Aramburu y seguir las pistas en busca del resto de los integrantes.

El 11 de julio el diario La Nación señalaba lo siguiente: “Por razones de seguridad, los detenidos que se encuentran en la Capital Federal están incomunicados y se los aloja en la sección robos y hurtos, única dependencia en el Departamento de Policía que cuenta con celdas individuales. En esas condiciones está el matrimonio integrado por Carlos Alberto Maguid y Nélida Arrostito (hermana de una de las jefas de la organización), ambos argentinos, domiciliados en Bucarelli 1752”. Al día siguiente, en la tapa de los diarios nacionales más importantes del país, se publicaba la foto de los tres principales implicados en la causa: Norma Arrostito, Mario Eduardo Firmenich y Fernando Abal Medina, que hasta ese momento permanecían prófugos.

Una semana después fueron encontrados los restos de Aramburu, luego de una excavación realizada en la estancia donde había estado secuestrado. Así relataba lo sucedido el diario La Nación: “El pequeño establecimiento de campo donde fue hallado el cadáver está situado en una localidad denominada Timote, cuya población es de unas 500 personas. El campo pertenece a un hacendado fallecido. Su hijo, Carlos Gustavo Ramus, argentino de 22 años, estudiante, se dedicaba hasta ahora a trabajar el establecimiento y a negocios de hacienda en sociedad con Mario Eduardo Firmenich”.

Radicado en España, Firmenich es el único sobreviviente del comando que asesinó a Aramburu.

El 19 de julio, en una nota que reconstruye los pormenores del secuestro, el diario La Razón informaba que a raíz de las detenciones en La Calera se halló una autorización de manejo a nombre de Carlos Maguid y que “la pesquisa se orientó entonces hacia el domicilio de éste en Villa Urquiza, donde se habrían hallado papeles comprometedores, negativos fotográficos de las pertenencias que llevaba el Teniente General Aramburu al ser secuestrado y otros elementos”.

Finalmente, en La Nación del 21 de julio se confirmaba que en el mismo momento en que Aramburu era conducido a la estancia de Timote un grupo se dirigió en un auto hacia Villa Urquiza y que “en las inmediaciones del domicilio de Maguid descendieron del vehículo Vélez y Mazza, llegando luego a la casa de la calle Bucarelli, donde Maguid redactó el comunicado Nº 1”.

Hoy, a excepción de Mario Firmenich, radicado desde hace varios años en España, no existe ningún sobreviviente de aquel episodio que convulsionó al país 35 años atrás. Sólo queda esta casa de Parque Chas como el testimonio material más elocuente de que allí se dio el puntapié inicial a un hecho que marcaría a fuego la convulsionada y violenta década del 70.

Comentarios Facebook
  • 225
  •  
  •  
  •  
  •  
  •