A 25 años de una herida que empieza a cicatrizar

En
febrero de 1991, River cayó 4 a 3 ante Boca por la Libertadores en un partido
que marcó un punto de inflexión. A partir de ese encuentro, el Millonario
arrastró una seguidilla de derrotas ante su máximo rival que comenzó a revertir
recién en los últimos años. Testimonios de Juan José Borrelli, Oscar Barnade y
Nicolás Distasio.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

En febrero de 1991, River cayó 4 a 3 ante Boca por la Libertadores en un partido que marcó un punto de inflexión. A partir de ese encuentro, el Millonario arrastró una seguidilla de derrotas ante su máximo rival que comenzó a revertir recién en los últimos años. Testimonios de Juan José Borrelli, Oscar Barnade y Nicolás Distasio.

Miércoles 27 de febrero de 1991. El escenario, La Bombonera. De un lado Boca y del otro River. Se enfrentaban en el encuentro de ida por el Grupo 1 de la Copa Libertadores. El conjunto Xeneize, dirigido por el uruguayo Oscar Washington Tabárez, formó esa noche de verano con Navarro Montoya; Stafuza, Simón, Marchesini y Hrabina; Villarreal, Giunta, Tapia y Latorre; Graciani y Batistuta. Por su parte, el DT Daniel Alberto Passarella paró al Millonario con Passet; Basualdo, Higuaín, Cocca y Enrique; Zapata, Astrada y Berti; Borrelli; Da Silva y Silvani. Para impartir justicia, el referí fue Juan Bava. “River venía más dulce en éxitos y Boca hacía mucho que no participaba de la Copa”, describe el periodista de Clarín Oscar Barnade en diálogo con El Barrio.

El cotejo arrancó favorable para el conjunto de Núñez. En un aluvión, “Juanjo” Borrelli abrió el marcador a los nueve de la primera etapa y, dos minutos después, Zapata estiró la ventaja. Como aliciente, antes de llegar a la media hora de partido, el cuadro de la ribera descontó por intermedio de “Gambeta” Latorre, pero al ratito River volvió a castigar. Otra vez Borrelli, esta vez desde el punto penal, puso a la banda tres a uno arriba. Sin embargo, en el minuto 32 empezaría el principio del fin para el equipo del “Káiser” Passarella. En una controvertida acción, el árbitro Juan Bava expulsó a Astrada, el número cinco riverplatense. “La verdad que lo echaron mal a Leo, pero ya pasó. El referí no dirigió muy bien”, reprocha 25 años después uno de los protagonistas de esa velada, Juan José Borrelli, ante la consulta de este periódico.

Pero volvamos al partido. Ya terminado el primer tiempo, Boca salió al campo de juego en la segunda parte con el marcador 1-3, pero con un jugador de más. Y entre el empuje de la hinchada y ese hombre de ventaja, el local aprovechó las situaciones de gol y dio sorpresivamente vuelta el partido. Primero Giunta, a los 56 minutos, achicó la distancia y puso a los bosteros a tiro del empate, que llegaría a través de Marchesini, cuando promediaba el segundo tiempo. La puntada final la dio Latorre, a tres minutos del epílogo: de volea, estampó el 4 a 3 definitivo y se convirtió en el héroe de la noche.

“En ningún momento pensamos que nos iban a dar vuelta el resultado. Estábamos jugando bien y dominando el partido, pero justo echaron a Leo Astrada y se nos complicó”, explica Borrelli y grafica el impacto de ese cotejo: “En el plantel cayó muy mal la derrota, fue dolorosa. De ahí en más empezó una debacle”. Consultado por este medio, el periodista partidario Nicolás Distasio sostiene que “ese partido marcó a aquel plantel en lo anímico y generó una presión difícil de sostener”. Y afirma: “Fue sin dudas el punto negro de una década maravillosa en la que River tuvo enormes futbolistas y en la que se convirtió en el campeón del siglo”.

La década infame

“A partir de ese partido, pesó cierta paternidad. Podríamos hablar que desde lo futbolístico se dio una situación traumática que a River le costó revertir”, analiza Barnade, especialista en historia y estadísticas deportivas. Y, efectivamente, el club de Núñez inició una seguidilla de resultados negativos ante su clásico rival. El impacto del 3 a 4 fue inmediato: un mes después, el equipo de Passarella perdió en el Monumental el partido de vuelta por 2 a 0, que sentenció Batistuta a través de un doblete. El historial, de ahí en más, daría un giro copernicano.

Hasta el año 1990, River sumaba 51 victorias contra 50 de Boca en partidos oficiales. En la última década del siglo XX, no obstante, el Xeneize ganó diez superclásicos contra cuatro de su rival, torció la historia y pasó a liderar la tabla, con 60 encuentros en total sobre los 55 del Millonario. Lo paradójico es que los 90 fueron acaso los años más gloriosos de la historia de la institución rojiblanca, en los que obtuvo ocho títulos nacionales más la Libertadores 96 y la Supercopa 97. Fue la década en la que brillaron Francescoli, Salas, Saviola, Aimar, Gallardo, Ortega, Angel y tantas otras figuras que la lista podría ser interminable. Pero lo cierto es que los números hablan por sí solos y en esos años la brecha entre ambos equipos se amplió.

“Los partidos históricos pesan y es probable que haya tenido una fuerte presión en el resto de los clásicos, sobre todo en los más recientes de esa época. River tenía los títulos pero Boca ganaba los superclásicos y siempre salía más airoso”, agrega Barnade, quien considera que el antológico encuentro ocupa un “cuadro de honor” en el historial de enfrentamientos entre ambos clubes. “Nosotros íbamos convencidos a cada clásico y jugábamos en un gran nivel. Pero en una jugada de otro partido nos hacían el gol y terminaban ganando ellos”, complementa Borrelli.

A la hora de encontrar el por qué de aquella seguidilla de resultados adversos que se dio a partir del 91, Distasio expone su análisis. “Si tengo que buscarle un responsable a esta racha negativa, sin dudas es Passarella. Desde esa frase-excusa de ‘prefiero ganar campeonatos y perder con Boca’ menospreció, regaló y perdió decenas de clásicos”, subraya el periodista de Radio 10, quien sin embargo destaca que con el Káiser como DT el Millonario superó 2 a 0 al Xeneize en la Bombonera en el Clausura 94. Ese año, cabe remarcar, sería aún más especial para River porque en diciembre volvería a ganarle en la Boca a su rival histórico, esta vez por 3 a 0 y en el marco del torneo Apertura. El final de esa temporada fue de ensueño: bajo la conducción técnica de Américo Gallego, ese equipo terminó siendo campeón invicto.

Claroscuros de los 2000

Del 2000 al 2010, la diferencia estadística en el clásico se achicó: Boca ganó seis cotejos y River cinco. No obstante, esa década estuvo signada por las dos eliminaciones que sufrió el cuadro de la banda por la Copa Libertadores ante su máximo contrincante. El primer cachetazo fue en mayo de 2000, por los cuartos de final del certamen continental. Tras vencer 2 a 1 en la ida disputada en el Monumental, los dirigidos por el ‘Tolo’ Gallego cayeron 3 a 0 en la Bombonera y quedaron afuera del certamen. Era otra desilusión, que volvía a reflotar el fantasma de la serie perdida en el 91.

La segunda eliminación llegó en 2004, esta vez por las semifinales de la mítica copa. El primer encuentro, que se jugó en La Boca, terminó 1 a 0 en favor del local e incluyó un escándalo: expulsados Garcé, Cascini y Gallardo, que arañó en la cara al “Pato” Abbondanzieri, el arquero Xeneize. El cotejo de vuelta fue aún más vibrante. Ante un Monumental repleto, la llave se definió en la tanda de los penales luego de que el defensor millonario Cristian Nasuti marcara el agónico 2 a 1 y empatara la serie cuando se jugaba el tiempo adicionado. Lo que pasó después ya es conocido: tras una ejecución fallida de Maxi López, los dirigidos por Carlos Bianchi se impusieron desde los doce pasos y clasificaron a la final del certamen continental, que terminarían perdiendo frente al Once Caldas de Colombia.

Si bien se suele enfatizar negativamente en las dos eliminaciones ante Boca por la Libertadores, la actuación del conjunto millonario en esos años dentro del ámbito local fue más que exitosa. En una década se alzó con el Torneo Clausura en las ediciones 2000, 2002, 2003, 2004 y 2008, aunque sin logros internacionales.

La revancha copera

Pese al descenso a la B Nacional en 2011 y las peripecias de la gestión de Passarella, River logró revertir su imagen ante Boca en estos últimos años y empezó a despejar la idea de la infinita paternidad. Por empezar, en marzo de 2014, ya con D’Onofrio como presidente, volvió a ganar en La Bombonera luego de una década de sequía en ese estadio. Fue por 2 a 1, con el recordado tanto de cabeza de Ramiro Funes Mori a los 41 minutos del segundo tiempo. “El silencio que hubo en la cancha tras mi gol fue increíble”, expresó el “Mellizo” al concluir el encuentro. Luego la fiesta sería aún mayor: el equipo dirigido por Ramón Díaz terminaría obteniendo el Torneo Final 2014, luego de seis años sin títulos y la estadía en la B de por medio.

En el plano internacional, ya bajo las directivas de Marcelo Gallardo, el Millonario se pudo tomar revancha de las eliminaciones del 2000 y 2004 y despachó a su máximo rival en instancias decisivas: en las semifinales de la Sudamericana 2014, primero, y después en octavos de final de la Libertadores 2015, tras la suspensión del partido por el escándalo del gas pimienta. Falta un detalle no menor: el conjunto de Núñez se coronó campeón en ambos certámenes internacionales. “Eso puede pesar en el ánimo de Boca y ahora le puede pasar lo que antes a River -comenta Barnade y estima-. Tal vez en el corto plazo Boca no revierta esa tendencia y cuando pase más el tiempo se pueda profundizar”. Por su parte, Borrelli, picante, tira: “Ahora a Boca lo tenemos de hijo. Está bueno, es el folclore del fútbol. Cuando le pasa a Boca lo disfrutan ellos y cuando nos pasa a nosotros, como ahora, lo disfrutamos”.

Hoy por hoy, a fuerza de resultados y luego de que transcurrieran 25 años del imborrable 4 a 3, la herida por aquella traumática derrota empieza a cicatrizar.

Comentarios Facebook
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •