Anatomía del instante que puso bajo sospecha al fútbol argentino

Hace un año Pedro Fermanelli y Marcelo Benini publicaron “La final bastarda”, exhaustiva búsqueda periodística sobre lo sucedido en la definición del Torneo Clausura 2009 entre Vélez-Huracán. Compartimos el prólogo del gran Ezequiel Fernández Moores, vecino de Villa Urquiza.

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Por Ezequiel Fernández Moores *

Anatomía de un instante es uno de mis títulos de libro favoritos. Es una crónica formidable publicada en 2009 por el escritor Javier Cercas sobre el frustrado golpe de estado en España del 23F, 23 de febrero de 1981. Treinta y cuatro minutos y veinticuatro segundos dramáticos tomados por la Televisión Española (TVE) que inician con el teniente coronel Antonio Tejero entrando a golpe de pistola al Congreso de los Diputados en Madrid.

Un instante diseccionado por Cercas para contarnos de qué modo un hecho puede cambiar la historia de un país. Pero esa “anatomía de un instante” también puede existir en muchísimos otros escenarios. Por ejemplo, dentro de una cancha de fútbol. Es el instante que decide cómo terminará todo. El instante que definió La final bastarda.

Así llaman Pedro Fermanelli y Marcelo Benini al 5J. Es un 5J para la historia del fútbol argentino. El 5 de julio de 2009 que condenó al Huracán de Ángel Cappa, uno de los equipos más vistosos y efectivos, y no millonarios, que tuvo el fútbol argentino de los últimos años. Y que, perjudicado por un mal fallo del árbitro Gabriel Brazenas, terminó perdiendo el título en la última fecha, polémica derrota 1 a 0 ante el Vélez Sarsfield de Ricardo Gareca, que se quedó con el campeonato. Huracán perdió todo. Y perdió acaso más el fútbol argentino.

Es cierto, Brazenas no volvió a dirigir jamás. Pero nuestro fútbol nunca echó luz sobre lo que sucedió esa tarde en la cancha de Vélez. Fermanelli y Benini abren ahora puertas y ventanas. Encienden velas y apuntan con reflectores. Usan el periodismo para combatir contra tanta oscuridad.

Brazenas, arrogante y provocador en una primera charla, insultado por un hincha de Huracán en un bar de Moscú, en pleno Mundial de Rusia, es el villano favorito de la historia. Porque su vulnerable foja de servicios (narcisista y engreído, un primer informe lo declaró psicológicamente “medio apto”) contrastó siempre con la elección de la AFA, que lo designó para cinco finales de campeonatos. Vélez-Huracán fue la última. Brazenas, fue dicho, no volvió a dirigir más, aunque el oprobio terminó neutralizado por un piadoso parte médico que informó lesiones graves que le impedían seguir refereando.

Como no hay texto sin contexto, árboles sin bosques, los autores nos cuentan por qué acaso “Kung Fu” Brazenas gozó de tanto favoritismo en los círculos de poder. Eran años de Julio Grondona en la AFA. Y de Javier Castrilli como resistencia solitaria a las “sugerencias” de ese poder. A “consejos” que indicaban ante todo tener en cuenta el color de las camisetas antes de sancionar fallos de peso. Antes de un penal. De una tarjeta roja. Antes de anular un gol.

Buenos periodistas, Fermanelli y Benini evitan las simplificaciones. Intuyen que su anatomía del instante puede deberse no sólo al Tejero-Brazenas de la historia. Saben que, a veces, pueden unirse otras causales, otras pistas, otros protagonistas. Allí aparece entonces Ricardo Casas, juez de línea que debió haber visto como nadie la falta de Joaquín Larrivey sobre el arquero Gastón Monzón en el gol decisivo anotado por Maxi Moralez. Esa es nuestra anatomía del instante.

Ezequiel Fernández Moores no sólo prologó el libro, sino que además tuvo la enorme generosidad de acompañar a los autores Pedro Fermanelli y Marcelo Benini durante la presentación. Fue el 17 de julio del año pasado, en Rabia Bar.

Casas es el juez de línea que al año siguiente, a diferencia del retirado Brazenas, representó a la AFA en el Mundial de Sudáfrica. Toda una paradoja, Hernán Maidana, el otro línea de La final bastarda, fue lineman en la final del último Mundial de Rusia, como asistente de Néstor Pitana. Nadie jamás sospechó de Maidana. Sí en cambio de Casas. Este libro nos dice por qué. El reparto, por supuesto, tiene también otros protagonistas. Desde Cappa a Larrivey y Monzón, además de Gastón Esmerado, a quien el lector tendrá como inesperado testigo de lujo del segundo decisivo. De la anatomía del instante.

Porque la historia puede cocinarse desde mucho antes, pero siempre habrá un segundo que fue el decisivo. Y, en ese segundo decisivo, los ojos de Esmerado, seguramente más aptos que los del línea Casas, terminarán siendo los ojos de todos nosotros. Fermanelli y Benini no son, por supuesto, jueces de tribunales ni policías. Tampoco fingen un supuesto ideal de neutralidad. Son periodistas que, como nos sucedió a miles, sospechan y por eso investigan.

Es una investigación que, como corresponde, se mete además en la ruta del dinero. Una ruta supuestamente nacida en uno de los clubes más tradicionales de la historia del deporte argentino. Y terminada vaya uno a saber dónde, aunque todos podamos sospecharlo. Suelo desconfiar de los textos que imponen afirmaciones. Elijo aquellos que me generan nuevas preguntas. La final bastarda lo hace. Y las eventuales respuestas a esas nuevas preguntas, hay que decirlo, me provocan nuevas incomodidades.

* Ezequiel Fernández Moores un periodista especializado en deportes, Premio Konex de Platino 2017. Es autor de Díganme Ringo, biografía de Oscar Natalio Bonavena.

La final bastarda puede adquirirse a través de Mercado Libre ingresando al siguiente enlace: https://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-856196160-la-final-bastarda-tras-las-pistas-del-velez-huracan-2009-_JM

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