Anita, una vecina inolvidable de Coghlan

Vivía en Estomba y Roosevelt y era famosa en el barrio por alimentar a los gatos de la estación.

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Nota publicada en la edición de diciembre del año 2013

La fotografía de la ochava de Estomba y Franklin Roosevelt, en la que aparece diminuta la inconfundible silueta de una antigua vecina de Coghlan, provocó una catarata de mensajes teñidos de nostalgia. Esta postal fue publicada en el sitio web Flickr por el usuario Juan Capo, con el epígrafe “Anita en la esquina de su casa”. El mes pasado utilizamos la imagen en el concurso Enigma Fotográfico, con la propuesta a los participantes de descubrir no sólo el lugar sino de identificar a la mujer. Las respuestas no tardaron en llegar y, sin querer, nos ayudaron a armar una pequeña biografía, acaso la única existente, sobre un personaje inolvidable del barrio.

“La señora que aparece en la fotografía era conocida por los vecinos como Anita, pero su nombre completo era Ana Navarro Viola. Su particular historia, por la que se hizo célebre en el barrio, consistía en organizar la alimentación de todos los gatos que pululaban por la Estación Coghlan y sus adyacencias. Si bien Anita tenía un genio algo alborotado, supo granjearse la indulgencia de sus vecinos. Falleció a finales de la década del 80″, resume Jorge Oscar García, el puntero del certamen. Por su parte, Claudio Daniel Luna aporta que Anita era bioquímica y que su vocación de dar de comer a los gatos del barrio la llevó a tener problemas con algunos vecinos, que la acusaban por los olores y la suciedad en el barrio. “Tampoco le gustaba que pasaran los chicos en bicicleta por su vereda y entonces les arrojaba agua para ahuyentarlos. Tenía la costumbre de ir los sábados al mercado de la calle Monroe. Allí solía pelearse con los puesteros, aunque la querían”, agrega Luna.

Pero el misterio sobre su figura empezó a develarse con el aporte de quienes la conocieron más estrechamente. “La genia que está en la foto es nuestra vecina y guardiana del barrio, Anita. Una mujer de coraje a la que admirábamos. Fue campeona de nado, sé que ganó muchos torneos en aguas abiertas del Río de la Plata e instruida por su padre marino con alta educación. ¡Lástima que muchos se confundían por su forma de ser! Nos enseñó a amar a un perro que estaba siempre vigilándonos. Me consta: volviendo una noche con mis hijos en un taxi vino corriendo y nos acompañó hasta entrar en casa. A sus amores, los gatos de todo Coghlan, les llevaba comida que pedía en muchos comercios. Siempre nos decía che, si necesitás algo llamame, no le tengo miedo a nadie ni a nada”, describe Zulema Zugazti.

Claro que hay aspectos de la personalidad de Anita que parecerían tener un origen trágico, como insinúa el lector Carlos Rubinstein. “Su historia verdadera la sé, pero sólo les contaré que de joven era una hermosa mujer que salía de paseo en su trajecito blanco -relata el lector -. Luego su mamá murió, ella se quedó sola y se dedicó a darle de comer a todos los gatos que vivían en los alrededores de su casa”.

Se trata apenas de un breve retrato sobre una vecina de Coghlan. Detrás de su bravura y mal carácter, probablemente ocasionados por algún drama familiar o personal, se escondía un alma sensible. Dejamos entreabierta la puerta para quienes deseen y puedan aportar más detalles o fotografías de la querida Ana Navarro Viola.

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