Así era la fachada del primer autocine de Buenos Aires, ubicado en Villa Martelli

Funcionó entre las décadas del 60 y 80 y es recordado por su original marquesina. Tenía acceso sobre la Av. General Paz, cerca del cruce con Ricardo Balbín, a pocos metros del barrio de Saavedra.

  • 185
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

A mediados de la década del 60, en terrenos cercanos al cruce de las avenidas General Paz y Ricardo Balbín (entonces Del Tejar), se instaló un autocine llamado “Buenos Aires”. El predio se ubicaba dentro de lo que hoy es parte de Villa Martelli, partido de Vicente López. En aquel entonces, y por imperio de la Ley 12.336, las tierras de la sucesión “Saavedra-Zelaya” fueron expropiadas por el Poder Ejecutivo Nacional con el único fundamento de “evitar su loteo y convertirlas en reserva urbana para las generaciones venideras, valorando su importancia para la preservación de la salud y el bienestar de la población”.

Como antecedente de las irregularidades que rodean al ex centro de detención que funcionó en el Batallón 601 durante la dictadura, cabe destacar que a partir del año 1953 la fuerza militar comenzó a ceder espacios para otros fines: relleno sanitario de residuos domiciliarios, centros recreativos, viviendas para su personal… y un autocine. El primero que existió en cercanías de la Ciudad de Buenos Aires.

En el verano de 2007 Eduardo Criscuolo, recordado colaborador de la versión gráfica de este medio, mantuvo un encuentro con Jaime Pocera, quien trabajó muchos años como operador de esa sala al aire libre. Tenía su entrada por la Av. General Paz a través de un portón donde, en la parte superior, se había construido una estructura que soportaba la mitad de la carrocería de un Ford Falcon rojo. La foto de portada fue publicada originalmente en la página de Facebook de Oscar Ferro.

“Primer autocine de la Ciudad”, rezaba el programa de la sala al aire libre, aunque en rigor funcionaba en el partido de Vicente López.

La idea de instalar un autocine nació de los señores PerticaroLococo, Saragusti y Pill, dueños de innumerables salas tanto en Capital Federal como en la zona norte del conurbano. En primer lugar se tuvo que preparar el terreno formando una especie de barranca con lomas desde la entrada hasta cerca de la pantalla, con un suave declive. La pantalla se apoyaba sobre una estructura de hierro y era de chapa, ya que la común de tela no hubiese aguantado a la intemperie. La sala de transmisión era de material, estaba ubicada sobre lo alto de la barranca, contaba con dos proyectores de origen italiano y poseían una lámpara de 5.000 watts. Asimismo, disponía de un grupo electrógeno para afrontar cualquier emergencia.

Para el sonido de la película se instalaron dos sistemas de audio: uno era un parlante chico enganchado en un poste a la altura de la ventanilla -que se colocaba dentro del automóvil- y el otro era simplemente un cable que se conectaba a la antena, de modo que se escuchaba por la radio del auto en una determinada frecuencia.

Este último sistema no duró mucho tiempo, pues las instalaciones para su uso producían interferencias en las transmisiones del Batallón 601 y debió ser eliminado. El otro, el del poste, también tenía sus inconvenientes porque muchos asistentes, una vez finalizada la función, apurados por salir primeros arrancaban el auto con el parlantito adentro, que en muchos casos terminaba por romper el vidrio de la puerta del coche.

Debido al éxito del lugar, en algunas ocasiones la cola de autos llegaba a las ocho cuadras.

De la gloria al ocaso
Las funciones comenzaban a eso de las 19.30 -en invierno a las 18- y finalizaban a la medianoche. Se proyectaba una sola película y los días sábado, a la trasnoche, se pasaban filmes para mayores de edad. El autocine contaba con un servicio de restaurante y la clave era llamar a los mozos mediante un guiño de luces.

La concurrencia al autocine era formidable. En algunas ocasiones llegó a formarse una cola de autos de ocho cuadras. El autocine contaba con un administrador, cinco o seis acomodadores (de los autos, por supuesto) y cuatro boleterías atendidas por personal femenino. Muchas veces llegó a inundarse debido a que el arroyo Medrano elevaba su nivel. Al llegar al cruce de la Av. de los Constituyentes, atravesando parte de Villa Martelli, este curso de agua ingresa entubado al barrio de Saavedra, para luego desembocar en el Río de la Plata.

Por supuesto, el Autocine Buenos Aires hacía publicidad en los diarios y atraía espectadores de San Martín, Munro, Villa Martelli y, especialmente, Villa Urquiza y Saavedra. La primera película que se proyectó -según manifiesta Pocera- fue La novicia rebelde, de 1965, con gran éxito de asistentes. El tránsito en la Av. General Paz se congestionaba bastante a la hora de las funciones, porque solían detenerse los coches a curiosear.

A fines de la década del 80, presumiblemente en 1988, el autocine finalizó sus actividades. La séptima profecía fue la película final. Tras un período de abandono, en el lugar se cavó un cuenco aliviador de unas catorce hectáreas con el fin de paliar las inundaciones que provocaba el Arroyo Medrano. A metros de allí funciona desde 2011 Tecnópolis, la megamuestra de ciencia, tecnología, industria y arte.

Comentarios Facebook
  • 185
  •  
  •  
  •  
  •  
  •