Centenarias viviendas barriales que lucen sin pudor su edad en las fachadas

En Villa Urquiza y Coghlan existen varias propiedades, de una antigüedad superior al siglo, que exhiben el año de su creación. La tipología constructiva corresponde a la llamada “casa chorizo”.

A pesar del avance del negocio inmobiliario, que los hizo crecer en altura más de lo que hubiéramos deseado, los barrios de la Comuna 12 continúan siendo reservorios de tesoros arquitectónicos. En Villa Urquiza y Coghlan detectamos al menos cinco casas que fueron levantadas entre 1902 y 1913, algunas de ellas de dos plantas, con la particularidad de que el año de nacimiento está inscripto en su frente. Para conocer las particularidades de estas viviendas, consultamos al arquitecto Jorge Luchetti, histórico colaborador del periódico El Barrio. A continuación, reproducimos la nota que nos envió desde Tandil:

Como una constante edilicia, tanto en Buenos Aires como en Rosario, la casa chorizo se perpetuó en la historia de estas ciudades para luego extenderse a otros rincones de la Argentina. Es una arquitectura típica de barrio que, por sus virtudes constructivas y versatilidad en el diseño, dio lugar durante varias décadas a ser adoptada como la vivienda tipo de los inmigrantes españoles e italianos (principalmente) que llegaron al país.

La perdurabilidad del modelo, que tuvo sus orígenes pasada la primera mitad del siglo XIX, se hizo vigente hasta bien entrados los años treinta y nos da una idea del lugar que ocupa en la historia de la vivienda argentina. Aquí, en nuestros barrios, pondremos como ejemplos las viviendas que aún subsisten a la piqueta de Pacheco 2685 (Villa Urquiza, 1902) y Rómulo Naón 2571 (Coghlan, 1911).

En Pacheco 2685, Villa Urquiza, se conserva casi intacta esta casa chorizo de 1902.
Otro ejemplo en Rómulo Naón 2571, Coghlan, en este caso de 1911.

Hay algunas hipótesis sobre el origen de la casa chorizo, que fueron perdiendo vigencia. Sobre todo aquella que alegaba que ésta era el producto de la partición en dos mitades de la típica casa colonial o de la casa pompeyana. Hoy la versión más concreta se acerca a una idea de tipo especulativo, en donde se ratifica que los mismos propietarios se valieron de la subdivisión de los grandes lotes para su propio beneficio. Generalmente eran construcciones montadas sobre terrenos apretados de 10 varas castellanas (8,66 metros), aunque era habitual que tuvieran terrenos con gran profundidad.

Con el tiempo, y según las subdivisiones de las parcelas, surgieron modelos con frentes de mayor amplitud. De estos lotes oblongos se ha podido obtener un desarrollo de las diferentes habitaciones apoyadas sobre una de las medianeras; de allí la denominación de casa chorizo. A su vez, los ambientes eran bordeados por una galería descubierta que se comunicaba con el patio principal, el cual ocupaba la mitad opuesta enfrentándose a las habitaciones. Patio que habitualmente estaba rodeado por plantas y algún enano en yeso-piedra escondido entre las hojas, además de alguna hamaca para niños. En el fondo se encontraban los servicios -baño, cocina y despensa- y a continuación de estos aparecía un último patio, que algunos transformaban en huertos.

Casa de propiedad horizontal en dos plantas, ubicada en Monroe y Mariano Acha (1910).
Bucarelli y Monroe, Villa Urquiza (1913). Generalmente en la planta baja se instalaban locales comerciales.
Pedro Ignacio Rivera y Plaza, casi en el límite entre Villa Urquiza y Coghlan (1913).

Una de las características tipológicas de esta arquitectura es su puerta de acceso, de dos hojas angostas que conducían a un zaguán, el cual contaba con la inconfundible puerta cancel, que separaba el acceso del vestíbulo. Este último actuaba como distribuidor de los ambientes principales, quedando separado del patio por una gran mampara de vitreaux. Quizá lo más incómodo de este tipo de construcción es que sus habitaciones carecían casi en su totalidad de ventanas, salvo los ambientes que daban a la calle, dejando entrever que la casa se volcaba hacia el interior.

Por lo general las puertas contaban en la parte superior con una banderola, elemento de gran practicidad para la ventilación e iluminación de los locales. En muchos casos se disponía de puertas intermedias que comunicaban entre sí a los diferentes ambientes y formaban una circulación interior. Las habitaciones que daban al frente habitualmente servían como sala de recepción y habitación principal. Eran las de mayor dimensión y sus alturas resultaban espléndidas, llegando hasta los cinco metros, mientras que en los servicios las distancias eran más reducidas.

Era común vestir los frentes según las usanzas de la época. Por ejemplo, durante el siglo XIX, las más características, eran las fachadas académicas italianizantes, mientras que ya entrados en el siglo veinte empezaron a ser remplazadas por atuendos Art Nouveau, Art decó o incluso racionalistas.

A esta tipología de siguieron las casas, de propiedad horizontal en dos plantas. Algunas habían sido edificadas sobre la antigua casa chorizo, mientras que otras se planteaban desde sus orígenes con un tipo constructivo algo más moderno. Éste es el caso de las viviendas de calle Monroe y Mariano Acha (1910) y Bucarelli y Monroe (1913). Generalmente en la planta baja se instalaban comercios en el frente, mientras que había dos puertas laterales: una que conducía a la vivienda del fondo (en algunos casos será más de una vivienda) mientras que el otro acceso llevaba a través de una larga escalera hacia el piso superior, para acceder a una u otra vivienda.

Los estilos utilizados en este tipo de arquitectura, al igual que la casa chorizo, correspondían a los usos en boga, por eso vamos encontrar una variedad muy grande en cuanto a la estilística de sus frentes. De todas formas, predominan los elementos clásicos como pilastras, molduras, frisos y elementos decorativos correspondiente a líneas académicas.

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