Coghlan tiene su propio y centenario “obelisco”

Se trata de una de las 80 chimeneas que existen en la Ciudad de Buenos Aires, construidas entre 1880 y 1920 para ventilar el sistema de cloacas. Está en Washington 2944.

Por Marcelo Benini
mbenini@periodicoelbarrio.com.ar

 

Es uno de los iconos del barrio, junto con el Hospital Pirovano y la Villa Roccatagliata. Como un faro, alumbra sin luz al vecindario fundado el 1 de febrero de 1891 y que recuerda al ingeniero irlandés John Coghlan. Su figura asoma desde el centro de la manzana delimitada por la Av. Congreso y las calles Naón, Quesada y Washington.

Se trata de una de las 80 chimeneas o ventiletas desparramadas por la ciudad y el sur del conurbano bonaerense, cada tres o cuatro kilómetros, hoy administradas por AySA. Están a una distancia entre sí de 3 a 4 kilómetros y fueron construidas con ladrillos hechos en la fábrica que Obras Sanitarias de la Nación tenía en San Isidro. Permiten tanto el venteo de los gases que emanan los residuos cloacales y su oxigenación, como su escurrimiento, evitando el vacío por succión.

“Algunas de las chimeneas más visibles se encuentran en Alvarez Thomas entre Forest y 14 de Julio, en Colegiales, y en Coghlan, en Washington y Congreso. Otra aparece en los fondos de una casa en Humboldt y Murillo -cuenta Mariano Jasovich en La Nación-. Hay varias también por la zona de Parque Centenario. Cerca del Carrefour de San Lorenzo (N. de la R.: Ya cerrado) se divisa la característica figura en la calle Inclán, a metros de avenida La Plata. También hay ventiletas en el oeste: en Gaona y San Nicolás en Floresta y en Murguiondo y Coronel Garzón en Mataderos. Y las hay también en Recoleta: en Pacheco de Melo y Austria y en Anchorena y Juncal”.

Jorge Tartarini, director del Museo del Agua y de la Historia Sanitaria de AYSA, contó en la misma nota que sin estas chimeneas “hubiera sido muy fuerte el olor y el material orgánico hubiera generado contaminación a través del gas metano”.

En Álvarez Thomas y Forest, Colegiales, se encuentra una de las chimeneas más visibles. Foto: David Fernández (Clarín).

En el libro Coghlan: Una estación, un barrio (2000), Alfredo Noceti y Emilio Bence recuerdan que el 28 de enero de 1914 se habilitó la red de aguas corrientes para el barrio y aledaños en el radio comprendido por las calles Republiquetas, O’Higgins, Iberá, Melián, Washington y La Pampa. Así Coghlan vio desaparecer poco a poco los molinos, aljibes, bombas y pozos artesianos, con las consiguientes ventajas.

“El servicio cloacal, cuyo tendido comenzó hacia 1870 en la ciudad (N. de la R.: La primera red de provisión de agua filtrada fue diseñada, casualmente, por John Coghlan), llegó a estos lares aproximadamente en 1909. Pesó para esta decisión la existencia en la zona del Hospital Pirovano, el cual desde su creación no cesó de crecer, ampliando su autonomía y cubriendo nuevas especialidades, lo cual hacía que el número de camas para la internación se acrecentara constantemente, y por ende, su población. Esto determinó el aceleramiento de los trabajos para librar la red cloacal, solucionando el problema del hospital y beneficiando a los vecinos con este nuevo e indispensable servicio”, cuentan Noceti y Bence.

La chimenea de Washington y Congreso está hecha de ladrillos y mide unos 30 metros.

“En 1871, durante la presidencia de Sarmiento, contrataron a otro británico, John Bateman. Su misión fue diseñar un sistema para llevarle 180 litros de agua potable por día a 300.000 habitantes mediante conexiones domiciliarias. Para esto, hacía falta un establecimiento para producir 5.400 m3 de agua potable por día. Pero también, desagües pluviales y cloacas. Esas extrañas chimeneas que aparecen en la Ciudad forman parte de aquel sistema planeado por Bateman. Las construyeron entre 1880 y 1920″, señala Nora Sánchez en un artículo de Clarín.

Como testimonio de este emprendimiento queda “el obelisco de Coghlan”, así denominado por el doctor Luis Alposta, una torre de ladrillos que se eleva en Washington 2944, en una casa que pertenecía a Obras Sanitarias de la Nación y que sirvió como depósito de materiales durante muchos años. La Segunda Cloaca Máxima de la Ciudad comienza precisamente allí.

El “obelisco” de Coghlan permite tanto el venteo de los gases que emanan los residuos cloacales como su escurrimiento.

“La segunda cloaca máxima recibe desagües parciales del radio antiguo, del nuevo y de la ciudad de Avellaneda y de partidos ribereños del norte de la Capital Federal. Esta cloaca se construyó entre 1911 y 1919”, dice Alejandro Rodolfo Malpartida, Dr. en Ciencias Naturales con orientación en Ecología, en un informe realizado para la Municipalidad de Berazategui. En AySA explican que los desechos cloacales de unas 4,5 millones de personas confluyen en tres cloacas máximas, que los llevan a la Estación Elevadora de Wilde. Esta recibe 1.843.800 m3 por día y los deriva hacia la Planta Berazategui. Allí son tratados y volcados al río a través de un emisario de 2.5 kilómetros.

En cuanto a la antigüedad del monumento de Coghlan, sería de entre 100 y 110 años. ¿Conocías su historia?

 

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