Contra los malos hábitos

En su programa de televisión, Daniel Pink se propone
experimentar con ideas radicales para inducir a las personas a corregir algunas
costumbres nocivas.

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En su programa de televisión, Daniel Pink se propone experimentar con ideas radicales para inducir a las personas a corregir algunas costumbres nocivas.

En su programa de televisión de NatGeo, Daniel H. Pink, el autor estadounidense de libros sobre motivación, se propone experimentar con ideas radicales y diferentes de las habituales para inducir a las personas a corregir malos hábitos, como cruzar la calle en rojo, dejar el popó de perro en la plaza o estacionar en lugares reservados a discapacitados. La primera conclusión interesante del premiado ciclo “Control de Multitudes” (Crowd Control) es justamente que este tipo de conductas es más bien universal, al menos en nuestra cultura occidental: personas que comen en demasía, aún sabiendo que les esperan consecuencias desagradables en la salud, el egoísmo y no pensar en el otro, el maltrato de las cosas públicas y muchas actitudes reprochables. ¿Cómo cambiarlas?

Convencer sin castigar

La tesis principal de Pink puede resumirse en convencer a las personas de cómo deberían actuar en lugar de poner multas o coaccionar. Pero es un poco más complejo que eso puesto que las personas en general no deseamos actuar bien o pensar en el otro o nos resulta poco natural hacerlo. Por eso el experto intenta hacerlo con estrategias tangenciales. Por ejemplo, comúnmente en los baños de varones los que utilizan los mingitorios terminen salpicando el suelo con pis; casi no hay manera de evitar esto.

La idea innovadora de Pink, que seguro se nos habrá ocurrido a muchos, es poner un blanco en el lugar donde uno debería apuntar. Eso mejora un poco pero no lo suficiente: el siguiente paso será poner un contador de puntos arriba de cada mingitorio y la trampa está hecha, porque así se despierta el espíritu de competencia de los varones. Para cerrar su trabajo en los baños, coloca aromatizantes de ambiente olor limón. Según estudios científicos este olor invita al aseo, logrando así un incremento notable en las personas que se lavan las manos antes de abandonar el sanitario.

La sana competencia

¿Qué sucede luego de un festival callejero? Sin duda, cantidades de latas y basura riegan el suelo. No importa el país, es una conducta inevitable: una sola lata que alguien arroje es un indicador visual para otra persona que hará lo mismo, desencadenando un contagio de la actitud negativa. Daniel Pink y su equipo pensaron que una máquina para hacer puntería arrojando las latas podría motivar a las personas a no arrojarlas al suelo; sin embargo esto no era suficiente para revertir el número de basura abandonada por otros. Entonces la idea genial: la máquina donde uno debe embocar la lata, además de dar una señal de triunfo ante la buena puntería, premia a las personas que emboquen cinco latas dándoles un ticket que luego pueden canjear por un premio ¿El efecto de esta idea? Las personas del festival recorren los alrededores recogiendo más latas para tener su recompensa, convirtiéndose así en improvisados recolectores de residuos.

“La televisión de no ficción siempre aborda el tema de los problemas y no va más allá. Todo está mal, todo es negativo, todo es preocupación”, cuenta Daniel. “En nuestro programa, intentamos dar un paso más y buscar soluciones. Sobre todo buscamos hacer una diferencia. Buscamos ofrecer soluciones que no se limiten a la pantalla o al show, sino que impacten el mundo real”.

Organizados

¿Quién no camina como zombi por la calle mientras envía mensajes de texto? ¿Y en la cinta de equipaje de los aeropuertos? Todos se amontonan esperando ver su valija y así se genera un caos donde nadie ve nada y quien consigue pescar su equipaje no puede salir de allí… El concepto de persuasión de Pink incluye una mezcla de humor y llamado a la conciencia. Para evitar que las personas estacionen en sitios reservados a discapacitados a Pink se le ocurrió poner en cada lugar una foto y ficha de identificación de la persona beneficiaria, lo que hace más sencillo comprender la situación.

China copió la idea de poner en las veredas un carril exclusivo para “zombis” que mandan mensajes de textos, consiguiendo una fluidez en la circulación de peatones. En cuanto a los aeropuertos, una línea amarilla indica la distancia máxima para acercarse a la cinta de equipaje, dejando así una zona de maniobra muy cómoda y una visual más amplia; para rematar, un perro robot con hablar humorístico le ladra a los que violan este espacio exponiendo la transgresión frente a los demás, pero de manera amable para generar un buen clima.

Ética del control

Sin duda alguna, estas técnicas pueden ser fuertemente cuestionadas (ver recuadro aparte) porque el control de masas es susceptible de ser utilizado con propósitos comerciales o no tan éticos; de hecho eso es lo que sucede sin que nos demos cuenta. La posición personal de Daniel Pink es defensora de nuestro sistema social, lo que implica cambios apenas superficiales o de formas. Para ilustrar este punto, valga un ejemplo: a la sala de recepción de infracciones de tránsito, sí, la misma donde uno va a buscar su vehículo llevado por la grúa, él la decoró con impactantes tonos de rosa, cuyo efecto psicológico es relajante. El efecto da que pensar: quienes ingresaban con ánimos de pelear se encuentran con un ambiente que les desactiva al instante la actitud agresiva. Dos posturas pueden desprenderse; una, decir “qué bueno, así hay menos violencia”; la otra, “pero si hay una injusticia, ¿la protesta fuerte no es una de las pocas herramientas que tenemos los ciudadanos para defendernos de los atropellos como lo hizo el personaje de Ricardo Darín en Relatos Salvajes?”.

 

Enfoques perversos

Ni por casualidad Pink es pionero en técnicas de control de masas. Los recientes avances en ciencias de la conducta aportaron al mundo del mercado y a la política, técnicas bastante más cuestionables de cómo manipular a las multitudes. El controversial David Rockefeller, banquero y petrolero norteamericano, acusado por teorías conspirativas (pero debemos remarcar que con argumentos atendibles), afirma para sus planes de un Gobierno Mundial: “La sociedad será dominada por una elite de personas que no dudarán en realizar sus objetivos mediante técnicas depuradas, con las que influirán en el comportamiento del pueblo y controlarán con todo detalle a la sociedad. Esta elite buscará todos los medios para lograr sus fines políticos, tales como las nuevas técnicas para influenciar el comportamiento de masas así como para lograr el control y la sumisión de la sociedad”.

Rockefeller, asociado a una de las dinastías de banqueros y lobbies más poderosa del mundo, incluso con actividades secretas como el declarado Club de Bilderberg y la Comisión Trilateral, concluye: “Todo lo que necesitamos es una gran crisis y las naciones aceptarán el Nuevo Orden Mundial”.

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