En una época en donde las calles eran de tierra y Villa Urquiza se asemejaba a un descampado, un inmigrante italiano tuvo la idea de crear un bar de paso para alimentar a los trabajadores de las fábricas de la zona. Ese hombre fue Pedro Pablo Bruno, quien el 6 de julio de 1957 compró un local en Ceretti y Cullen -considerado la primera pulpería del barrio- e instaló la Cantina Bruno (“bodega negra u oscura”, en italiano). El restaurante diariamente convocaba a los empleados de la cigarrería Avanti, Simplex, Algodonera Urquiza y algunas industrias de San Martín, que contribuyeron decisivamente en la expansión y desarrollo de la zona.
Años después, la cantina se mudó a su ubicación actual, la esquina de Rivera y Bucarelli, siempre conservando la impronta que marcaron Pedro Bruno y su esposa, Ángela Guerra. Ranas, caracoles, rabas, calamaretis y cintas negras amasadas con tinta de calamar son algunos de los platos que engalanan una carta típicamente tana. “Cantina Bruno nació dándole de comer a la clase obrera y fue aggiornándose a medida que el barrio se desarrolló”, cuenta Pablo Bruno, administrador del local y nieto del fundador. Criado en Ceretti y Pedro Ignacio Rivera, donde vivía su abuelo, comenzó a trabajar en el local gastronómico pasados los 20 años. Hoy lo acompañan su madre Rosa, su hermosa familia y los colaboradores de siempre. También está el recuerdo imborrable de su papá, Juan.

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