Cumplió 88 años el vecino Jorge Iza, destacado cirujano del Hospital Pirovano

Fue uno de los jefes más jóvenes que tuvo el Servicio de Guardia de un nosocomio porteño. “Soy un tipo común de ‘Villurca'”, se definió alguna vez a sí mismo. Hoy disfruta el tiempo libre con su familia.

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El 7 de noviembre celebró 88 años de vida Jorge Iza, destacado cirujano y vecino de Villa Urquiza. Trabajó en Gendarmería Nacional, en el policlínico cercano a la estación Luis María Saavedra, en el Hospital Sirio Libanés y en el Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano. Allí se convertiría, con apenas 32 años, en uno de los jefes más jóvenes que tuvo el Servicio de Guardia de un nosocomio porteño.

Hijo de inmigrantes árabes, Iza se presentaba de la siguiente manera en una entrevista que le realizamos en 2006: “Yo provengo de una familia humilde. mis padres se esmeraron para darnos una carrera tanto a mi hermano -ya fallecido, que se recibió de psiquiatra- como a mí. Toda la vida residí en Villa Urquiza, siempre en la misma casa de la calle Iberá. Nunca me fui del hogar de mis padres. Me casé y seguí viviendo en este mismo sitio”.

Jorge Iza junto a su nieto Octavio, destinatario de su nuevo hobby: la fabricación de barriletes.

El doctor Iza es recordado por alumnos, vecinos, pacientes y pares por su rectitud, honradez y su forma franca al hablar. El se define sin diplomacias ni eufemismos: “Yo soy un tipo común de ‘Villurca’, un reo que pudo estudiar. Ese precio que pagué me permite decirle a cualquier médico que quiera intervenir en alguna cuestión hospitalaria -o jurídica y legal que se relacione con la medicina- que agarre los libros antes de hablar”.

Iza ingresó al Hospital Pirovano en 1954 como practicante de la carrera de Medicina, cuando terminó el Servicio Militar Obligatorio. Corrían los años 1957 y 1958 cuando una tragedia lo tocó de cerca. La muerte de su padre primero y de su madre después. La contención familiar, el amor y calor del hogar árabe por ascendencia se marchitaron. Sólo quedó el recuerdo. Fueron tiempos difíciles para este cirujano. Hizo guardias como médico en Gendarmería Nacional, en Avenida del Libertador y Ayacucho. Al reintegrarse luego de diez días de duelo, su jefe le propuso reemplazar a un médico en Las Lomitas, Formosa.

“Jamás había salido de Buenos Aires, Mar del Plata como mucho -contaba Iza en la citada entrevista-. Me embarqué en un vapor de la flota fluvial rumbo a Formosa y de allí en tren a esa localidad del norte argentino. Era 1959, las víboras recorrían las calles de tierra, había mosquitos por doquier, faltaban el agua corriente y la luz. Un lugar complicado. Pero creo que nunca como allí, en ese lugar y con esas condiciones desfavorables, me sentí tan bien como médico. Lo único que hice fue dedicarme a trabajar responsablemente y no pensar en la retribución económica que iba a recibir”.

Jubilado hace muchos años de la medicina, hoy  el doctor Iza disfruta esta etapa de la vida feliz junto a su familia, amigos y especialmente su nieto Octavio, destinatario de su nuevo hobby: la fabricación de barriletes.

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