De cuando El Pindal tenía terraza

Hasta comienzos de la década pasada, el primer piso del conocido café de Triunvirato y Monroe era abierto. Cuando se techó, se convirtió en restaurante y pasó a llamarse Pindal a secas.

Hasta comienzos de la década pasada, el primer piso del conocido café de Triunvirato y Monroe era abierto. Cuando se techó, se convirtió en restaurante y pasó a llamarse Pindal a secas. El nombre alude a una cueva prehistórica española, que posee pinturas rupestres.

Hasta hace un cuarto de siglo, cualquiera que llegara a Villa Urquiza por Triunvirato se encontraba al cruzar las vías con un gran terreno baldío, justo en la intersección con Monroe. Ese espectáculo decadente fue durante décadas la bienvenida a todo aquel que se acercara al corazón del barrio. Recién en 1994 la histórica esquina recobró la jerarquía perdida gracias a El Pindal, una pizzería que no sólo revivió un solar histórico sino que marcó el puntapié del crecimiento comercial del vecindario.

En el vértice más importante de Villa Urquiza funcionó durante muchos años un bar llamado Costa Rica. Cuenta la leyenda que en 1933 Carlos Gardel, al terminar una de sus actuaciones en el Cine Teatro 25 de Mayo, se habría dirigido hacia Monroe y Triunvirato. Los viejos puesteros del Mercado de Urquiza contaron durante décadas que el Morocho del Abasto habría pasado por allí para rumbear hacia ese café. Parado en la esquina, mientras miraba hacia la estación del ferrocarril y sorprendido por lo despoblado de la zona, Gardel le habría dicho a uno de sus guitarristas: “Esto se parece a la Siberia”. De allí que la zona menos comercial del barrio haya adoptado ese mote.

Pindal hoy, todo un clásico de la gastronomía de Villa Urquiza.

Luego de que el Café Costa Rica pasara a formar parte de los recuerdos del barrio, durante décadas en Triunvirato y Monroe quedó como huella un oscuro terreno baldío. Hasta que hace 25 años comenzó a funcionar El Pindal, un restaurante cuyo nombre alude a una cueva prehistórica -ubicada al norte de España- repleta de pinturas rupestres. Durante los primeros años el negocio apuntó a funcionar como pizzería y cafetería, pero desde 2007 los nuevos dueños decidieron reformular la propuesta culinaria. La terraza con sombrillas fue techada, el local se convirtió en restaurante ampliando su carta y, tras suprimir el artículo masculino, pasó a llamarse Pindal a secas. Hoy es un clásico de la gastronomía urquicense.

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