De tal palo, tal astilla

Este joven de 33 años vive en Villa Urquiza y tiene su propio taller de esculturas en Saavedra. Aprendió el oficio desde muy joven, ya que cuando tenía sólo 12 años lo ayudaba en el trabajo a su papá Miguel Angel. Jerónimo, como prefiere que le digan, hizo en 2011 un monumento a Néstor Kirchner con el que ganó prestigio.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

(Edición del Mes: 5 Año: 2014 )

Este joven de 33 años vive en Villa Urquiza y tiene su propio taller de esculturas en Saavedra. Aprendió el oficio desde muy joven, ya que cuando tenía sólo 12 años lo ayudaba en el trabajo a su papá Miguel Angel. Jerónimo, como prefiere que le digan, hizo en 2011 un monumento a Néstor Kirchner con el que ganó prestigio.

Fui aprendiendo el oficio con mi papá. A partir de los 12 años, pasaba casi todas las tardes en su taller porque me gustaba. Siempre viví en Villa Urquiza y fui a la primaria muy cerca de mi casa, a la Escuela Francisco Morazán. El secundario lo hice en el Colegio Raggio, en Núñez, que tenía especialización en diseño de muebles, y luego estudié Bellas Artes en el Prilidiano Pueyrredon”, cuenta Miguel Jerónimo Villalba, un escultor que ahora maneja su propio taller en la calle Pico, en Saavedra, muy cerca del Parque Sarmiento.

La familia de Jerónimo es realmente una familia de artistas, ya que aparte de su padre escultor su mamá estudió Museología y de sus tres hermanas una estudió Música y otra Bellas Artes. Reconoce que no es fácil vivir de su oficio, pero que si uno le pone ganas se puede. Ese momento llegó para Jerónimo cuando en 2011 realizó un monumento al ex presidente Néstor Kirchner, que actualmente está en la ciudad de Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz. “A partir de ese trabajo fueron surgiendo varios más. Al principio era todo más difícil, porque terminaba un trabajo y quizás yo tenía que estar pensando cuál podía ser el próximo. Digamos que de alguna manera tenía que conseguirme mis propios clientes y era muy estresante. Ahora estoy un poco más relajado, por suerte”, afirma Jerónimo.

Este muchacho, que vive en Villa Urquiza con su pareja y una hija de un año, Carmela, confiesa que es una cuenta pendiente hacer un homenaje a los barrios en donde se mueve, mediante alguna obra dedicada a Luis Alberto Spinetta o a Roberto Goyeneche. “Cuando hago un monumento trato de ponerle todo de mí. Por suerte la zona donde tengo mi taller es muy tranquila y se presta para mi trabajo, porque no hay mucho ruido y aparte los vecinos que tenemos son muy buena onda. Antes trabajé en talleres de Villa Ortúzar y San Martín, pero acá estoy muy contento y quisiera seguir por muchos años más en este lugar”, explica.

Si bien en la facultad Jerónimo aprendió la teoría para su trabajo, reconoce que buena parte del oficio se aprende directamente en el taller. “En la facultad me dieron una visión muy amplia del arte a nivel mundial, cosa que te abre la cabeza, pero si no tenés la práctica en el taller es lo mismo que nada. Mi papá es prácticamente un autodidacta, se hizo sólo sin haber ido a la facultad”, remarca.

Una verdadera vocación

Para Jerónimo tiene mucho valor poder vivir de lo que le gusta. “Muchos de mis compañeros no pueden subsistir y tienen que dar clases. Yo lo hice en un tiempo, pero no es lo que más me atrae. La escultura es apasionante: es un contacto de todos los días con la materia, con la arcilla. Yo trabajo con modelado en arcilla, tallado en madera, que luego se pasa a resina o cemento, y a veces a bronce, pero eso cada vez se pide menos porque es caro y lo roban. Me gustaría el día de mañana poder vender mis propias obras y no hacer todo a pedido, pero no es fácil”, opina.

Entre sus trabajos, aparte del mencionado monumento a Kirchner, Jerónimo realizó varias escenografías para Tierra Santa. También la réplica del barco Nao Victoria, comandado por Magallanes, que está en Santa Cruz. Para ello debió permanecer seis meses instalado en Puerto San Julián, localidad de esa provincia. Realizó además un busto a Ricardo Alfonsín, otro a Raoul Wallenberg -diplomático sueco que salvó a muchos judíos húngaros en la época del Holocausto- y una réplica que se instaló en Santiago del Estero de un pórtico que está originalmente en la ciudad española de Santiago de Compostela. “Cada tanto tengo que viajar, porque no todos los trabajos surgen en Buenos Aires. En los últimos meses fui por ejemplo a Neuquén y a Puerto Iguazú, en Misiones. Cada vez que voy a otro lugar tengo que estar instalado un tiempo para terminar mi trabajo, pero ahora que soy padre se hace medio complicado. Con el nacimiento de mi hija se me amplificó la mirada de las cosas; apareció en mí un sentido que antes no existía y que puedo usar para el arte, para inspirarme. Es algo que me moviliza”, asegura Jerónimo.

En su taller de Saavedra, el escultor de Villa Urquiza trabaja junto con un muchacho armenio llamado Karén. “Lo conocí en Tierra Santa y sus trabajos son muy correctos. Es muy aplicado, aparte le gustó mucho el barrio y se instaló también en Saavedra”, dice. Entre los referentes de Jerónimo en la escultura se encuentran el ítalo-argentino Antonio Pujía, el argentino Juan Carlos Distéfano y el italiano Héctor Garbati.

Las obras de Jerónimo Villalba pueden verse en su sitio web www.artevillalba.com.ar.

Comentarios Facebook
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •