De Villa Urquiza a Roma: a 60 años del bronce olímpico de Abel Laudonio

Integrante de una humilde familia del barrio, con ese logro ingresó en la historia del boxeo y el deporte nacional. También campeón argentino de peso ligero, evocamos su vida a través del relato de su viuda.

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Abel Laudonio nació el 30 de agosto 1938. Apodado Pocho, era el séptimo de nueve hermanos de una humilde familia de Villa Urquiza. Selló su nombre en la historia grande del boxeo y el deporte argentino tras la medalla de bronce obtenida en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960. Luego de este impactante logro, pasó al profesionalismo, donde realizó 56 combates: 48 victorias (37 KO), seis derrotas (1 KO) y dos empates.

Su debut se produjo el 22 de enero de 1961, venciendo por nocaut a Abelardo Villalobos. Ganó sus primeros 18 combates -todos por la vía rápida- e hilvanó una serie invicta de 36 peleas. Mantuvo además un duelo especial con Nicolino Locche, a quien venció por puntos en el Luna Park el 14 de noviembre de 1964; esta victoria le permitió obtener el título argentino de peso ligero. Se volvieron a enfrentar el 10 de abril de 1965 por el título sudamericano y en esa ocasión ganó El Intocable por puntos. Ese año Laudonio se retiró del boxeo: su último combate fue el 9 de octubre, con derrota por nocaut ante Hugo Rambaldi.

Hace 60 años, Laudonio alcanzaba la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Roma.

Tras colgar los guantes, construyó en Agronomía un gimnasio donde se entrenaban vecinos pero también personalidades del deporte y el espectáculo. Uno de ellos fue el actor y vecino de Villa Urquiza Edgardo Nieva, recientemente fallecido, quien se preparó con Laudonio para interpretar al boxeador José María Gatica en el recordado film de Leonardo Favio estrenado en 1993, que lo catapultó a la fama.

Pocho iba al gimnasio a diario hasta que en 2004 se le diagnosticó mal de Alzheimer, que luego se agravó con un ACV sufrido en 2009. Finalmente falleció el 12 de agosto de 2014, a los 75 años, tras complicaciones en su salud producto de ese accidente cerebro vascular. Nora Bello, su esposa de toda la vida y madre de sus tres hijos, lo describió con ternura en una entrevista realizada por El Barrio: “Creo que en su carrera se manejó muy bien. Habrá jugado también el factor suerte, pero él fue buscando sus caminos. Tuvo la sabiduría de decir ‘hasta acá llegué como boxeador’. Fue una persona que siempre supo lo que quería. El trabajaba en la Casa Central del Banco Provincia y después pasó a la sucursal de Villa Urquiza. El banco siempre le facilitó los entrenamientos; lo dejó ir a los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956 y de Roma en 1960”.

Optimista y trabajador, Laudonio no temía quedarse sin trabajo: “Si hay que pintar la 9 de Julio voy y la pinto”, decía. “Cuando lo conocí en un bautismo, llegó con un sobretodo y parecía Rocky -recordaba Nora-. Tenía un auto Valiant y lo había cromado en oro. Pero le duró poco: nos pusimos de novios y vio que conmigo eso no funcionaba. Yo le dije que me enamoré del hombre, del ser humano que vislumbré, no del boxeador”.

Laudonio le arrebató a Locche el título argentino de los ligeros en el Luna Park el 14 de noviembre de 1964.

Oscar “Cacho” Laudonio, hermano de Abel, también trazó una figura de Pocho en otra entrevista con El Barrio. “Éramos muy traviesos, pero recién conocimos la comisaría cuando fuimos a sacar la cédula -nos contaba el popular Loco Banderita, responsable de arengar a la hinchada de Boca cuando el xeneize juega en la Bombonera-. En el 55 ya boxeábamos los dos en la Categoría Mosca. Llegamos juntos a la final y mi padre decidió quién saldría campeón sin pelear, arrojando una moneda al aire: consideraba que los hermanos no tenían que pelear entre ellos. La suerte favoreció a Abel, pero fue bueno que haya sido así porque fue un campeón sensacional. Fue una gran figura. Nunca estuve celoso de él, al contrario: siempre estuve orgulloso. Mi hermano fue realmente grande: el más grande de Latinoamérica”.

“Cacho” Laudonio, hermano de Abel, es el popular “Loco Banderita” de Boca.

Cacho destacó en aquella nota la hazaña más grande de su hermano: haberle ganado a Nicolino Locche. “¡Fue algo sencillamente maravilloso! Recuerdo que fue el 14 de noviembre de 1964: aquella noche Abel Laudonio le sacó el título argentino en el Luna Park. Estamos hablando de un verdadero monstruo: ese grande, ese sensacional boxeador que fue Locche. Pongámoslo de la siguiente manera: Maradona era una cosa de locos, era el mago de la pelota. Bueno, en el box pasaba algo parecido: lo de Nicolino no se puede explicar… Era una máquina, era de otro mundo. El no peleaba: jugaba. Era Chaplin, el verdadero Chaplin argentino (…) Y mi hermano le ganó: quiere decir que algo tenía Abel. Abel Laudonio no sólo fue uno de los boxeadores más grandes de nuestra historia sino que además -y esto es muy importante- era de Villa Urquiza”.

Más allá de las medallas y los títulos, el legado que dejó Abel Laudonio es el de los valores humanos: “Era un tipo leal a la vida, a sus amigos, un hombre agradecido y un ejemplo para mis hijos. Siempre se preocupó por darles no sólo desde lo económico sino de marcarlos también con buenos ejemplos”, resumió Nora, quien hace unos años escribió Pudo ser Caín. Ese libro, entrañable biografía sobre el ex pugilista, demuestra que la vida siempre da revancha.

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