Denuncian la presencia de un “francotirador” de mascotas en Villa Urquiza

Nicolás Paul Cazau, vecino de Núñez y Díaz Colodrero, relata el cruel ataque que sufrió su gato y pide estar alerta. Se desconoce quién fue el agresor.

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A través del grupo de Facebook “Barrio Villa Urquiza”, donde se congregan más de 8.000 habitantes de la zona, el vecino Nicolás Paul Cazau denunció un aberrante hecho: un “cobarde y desequilibrado” le disparó a su mascota con un balín de plomo. El ataque ocurrió el pasado 23 de mayo en la manzana comprendida por las calles Díaz Colodrero, Núñez, Pacheco y Crisólogo Larralde y causó conmoción en las redes sociales.

“Mi gato Rogelio, que suele merodear por los techos cercanos a mi casa, apareció con una protuberancia en su lomo, que al revisar de cerca me di cuenta de que se trataba de un balín de plomo”, nos cuenta el vecino de Núñez y Díaz Colodrero, todavía impactado por la situación.

Rogelio, el gato que sufrió el cruento ataque.

“Tuvo incrustado el balín por lo menos un día hasta que nos dimos cuenta -agrega-. Lo había acariciado a la tarde pero pensé que era una costra, ya que a veces se pelea con otro gato y le quedan cascaritas, pero luego a la noche me quedé dudando, lo revisé y ahí lo tenia. Costó sacárselo porque estaba enterrado por lo menos hasta la mitad. Lo desinfectamos y ya está mejor, por suerte no tuvo sangrado”.

Nicolás reconoce que no llegó a escuchar el ruido del disparo, pero estuvo “averiguando sobre el tema y en algunas armas de aire comprimido el sonido del tiro no es muy fuerte”. Respecto al agresor, tampoco logró identificarlo. “Desconozco quién pudo haber sido y si se trata de un hecho aislado. No sé si es causado por alguien con algún tipo de desequilibrio reforzado por el confinamiento u otro motivo”, aventura.

El balín que impactó en la mascota.

“Por el momento no supe de otro ataque similar en la zona. Estuve tratando de averiguar, pero sin información hasta ahora”, lamenta y pide precaución a los vecinos del barrio que tengan mascotas, especialmente aquellas que caminan por los techos de las viviendas.

“Me quedé un tanto perseguido después del hecho, porque no sabés si puede volver a pasar -manifiesta con incertidumbre-. No se justifica para nada una reacción así frente a un animal indefenso. Esta acción fue, claramente, para hacerle daño al gato”.

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